Martes, 23 de Abril de 2019

Sociedad »  Otra explicación a las líneas de Nazca

Ciencia a su alcance

Profesor Oscar Roberto Ameri-Iván Ameri

Más abajo, un desierto se extiende por kilómetros hacia una cima distante en la Cordillera de los Andes. En el suelo del valle se ve una gigantesca figura, un trapezoide de cientos de metros de largo y unos 27 metros de ancho que ha sido dibujado con precisión mediante filas de piedras apiladas, y su centro parece haber sido minuciosamente limpiado. Partiendo del trapezoide se extienden dos líneas perfectamente rectas de piedras, dirigidas hacia el sur, en dirección a las oscuras grietas del distante picacho. Hay pruebas de que las grietas son fallas geológicas que recolectan las preciosas aguas que destilan de las montañas, y alimentan acuíferas naturales subterráneas que cruzan el valle desértico. Se cree que indican las fuentes de aguas subterráneas.
El hidrogeólogo Steve Mabee observa maravillado el enorme trapezoide, uno de más de mil kilómetros cuadrados de la árida y poco poblada región de Nazca, cerca de la costa sur del Perú. Creadas entre 200 AC y 1000 DC por habitantes del desierto que no dejaron testimonios escritos de su cultura, las líneas de Nazca son un misterioso y desconcertante mosaico de líneas rectas, extensas formas geométricas y dibujos de animales estilizados. Desde que el arquitecto peruano Toribio Mejía Xesspe las descubrió accidentalmente mientras recorría las desérticas colinas en 1927, científicos y aficionados han buscado una explicación para los dibujos, y han ofrecido teorías que varían entre lo extravagante (un calendario astronómico de dimensiones colosales) hasta lo absurdo (pistas de aterrizaje para naves extraterrestres). Mabee, un hidrogeólogo de la Universidad de Massachusetts, en Amherst, ha seguido a Johnson al desierto debido a que considera la teoría de las fuentes subterráneas de agua lo bastante creíble como para justificar un estudio. «Nosotros hacemos mapas de nuestras líneas de agua. Tal vez también los hicieron los pobladores de Nazca, sólo que los trazaron en el suelo», dice Mabee. «Dave tiene una buena idea: una explicación simple que tiene lógica, porque en esta área el agua es la principal prioridad».
La región de Nazca es uno de los lugares más secos de la Tierra. Ubicada entre los Andes y el Océano Pacífico, el área recibe como máximo 2,5 centímetros de lluvia por año, menos que los desiertos de Arabia y de Gobi, y el Valle de la Muerte. Los Andes bloquean los vientos portadores de lluvia que vienen de la cuenca del Amazonas, y los ríos Nazca e Ingenio, que atraviesan la angosta franja de costa, transportan muy poca agua a la pampa. El páramo carece hasta de una escasa vegetación desértica, y se ve tan carente de vida como la superficie de la Luna.
Un creciente número de eruditos cree que el agua es la clave del enigma. Por otro lado, algunos expertos en Nazca expresan escepticismo, aduciendo que un pueblo que no conocía la escritura no hubiera podido poseer los conocimientos técnicos para encontrar fuentes de agua subterránea y hacer un mapa de ellas. «Johnson está tratando de convertir a los antiguos pobladores de Nazca en geólogos, del mismo modo que algunos quieren convertir a los antiguos bretones que construyeron Stonehenge en astrónomos», dice Anthony Aveni, un profesor de astronomía y antropología en la Universidad Colgate en Nueva York, y autor de un libro sobre el tema de Nazca. Aveni propone una teoría alternativa basada en un extenso estudio y análisis computarizado de la geometría de las líneas de Nazca. Dice que las líneas rectas convergen en un patrón de rayas y trapezoides en los lugares donde el agua exterior se une con las cuencas de los ríos adyacentes a la pampa, o en puntos estratégicos sobre zonas elevadas entre las antiguas cuencas.
Ya sea que las líneas de Nazca apunten hacia aguas exteriores o subterráneas o ambas, los científicos que han analizado la inconexa evidencia arqueológica sugieren que las líneas rectas y las formas geométricas marcan una intrincada red de caminos para que los peregrinos las recorran en su búsqueda de comunicación con deidades de las montañas, asociadas con el clima y el agua.
Tras décadas de especulación, comienza a emerger una imagen evocadora de una cultura desaparecida que dejó una de las más grandiosas maravillas arqueológicas del mundo.

 ¿Escrito en las estrellas?
Cuando el historiador Paul Kosok vio una puesta de sol desde el extremo de una línea de Nazca el 21 de junio de 1941, el primer día de invierno en el hemisferio sur, decidió que los dibujos estaban conectados con observaciones astronómicas. Una discípula de Kosok, la matemática alemana Maríe Reiche, pasó 50 años viviendo en una casa en el desierto, manteniendo y cuidando de las líneas con una escoba y un rastrillo, fotografiándolas desde lo alto de una escalera y ampliando los hallazgos de Kosok. Afirmó haber hallado líneas conectadas con el sol, con la luna, y figuras geométricas relacionadas con las estrellas, y creía que las figuras de animales representaban constelaciones. Pero un análisis de computadora realizado por Gerald Hawkins en 1968, que reconstruyó los movimientos en el cielo de Nazca durante 7 mil años, encontró que el 80% de las figuras geométricas no tenían relación con los cuerpos celestes.
Phyllis Pitluga, jefa de astronomía en el Planetarium Adler de Chicago, trató de encontrar una explicación a las líneas de Nazca separando a los biomorfos por tipos (aves, plantas, etc) y estudiando las líneas asociadas con cada grupo. Pitluga encontró que cada serie de líneas apuntaba a lugares oscuros de la Vía Láctea que la gente dice son aves. Es importante observar que las líneas logran esto en períodos cruciales, dice. «Probablemente las usaban dos veces por año para indicar el advenimiento del agua y celebrar la época de la cosecha». Cuando la teoría de Pitluga se aplica al grupo de aves, se adapta a todos los elementos de agua, irrigación, cosecha, deidades, calendario, astronomía, geoglifos y biomorfos. Pero él sólo ha estudiado 28 de los 70 biomorfos, y algunos no se adaptan a su teoría. Por ejemplo, el grupo de líneas asociadas con las figuras de ballena apuntan hacia una silueta que los andinos ven como serpiente.
El astrónomo Anthony Aveni cree que la respuesta al misterio de las líneas se encuentra en tierra firme. «Si hay una relación con la astronomía», dice, «mi conclusión es que se halla en la abundancia de líneas que apuntan al horizonte donde el sol se levanta y se pone el 1 de noviembre. Ese es el principio de la temporada de lluvias, cuando es probable que los antiguos nazqueños hayan hecho ofrendas a sus dioses de la lluvia».