Jueves, 27 de Junio de 2019

Política Provincial »  La división en el PJ, una «jugada» que puede dejar a la UCR sin senador

2019, AÑO ELECTORAL
La falta de consenso interno le permitiría al peronismo ganar las tres bancas y al radicalismo sin representación en la Cámara alta. El electorado quedaría astillado en cuatro cuartos de la mano de la polarización Coqui-Peppo y la irrupción de Chiyo.

En medio de la discusión política en el plano provincial, el debate por las PASO y otras cuestiones de índole local, la elección nacional en el Chaco parece seguir en un segundo plano.
Sin embargo, esa cuestión no pasa por desapercibida para los estrategas de cada una de las fuerzas que competirá este año.
Este año los chaqueños deberán ir a las urnas para elegir seis legisladores nacionales: tres diputados y tres senadores.
Tanto en uno como en otro caso, ya se barajan candidaturas y posibles nombres, pero las alarmas se encendieron especialmente en uno de los partidos grandes.
Es que la hasta el momento división en el peronismo podría derivar en que tres líneas internas justicialistas presenten «buenos candidatos» y se lleven las tres bancas en juego dejando en cero al radicalismo, resultado inédito para la historia del Chaco.
La evaluación de ese escenario comenzó a tener cada vez más lugar en las conversaciones entre dirigentes de la UCR e incluso hay quienes lo plantearon más de una vez como señal de alerta.
Si bien falta mucho para que el peronismo defina cómo se presentará a estas elecciones, es alta la posibilidad de que Jorge Capitanich y Domingo Peppo no alcancen un acuerdo y vayan cada uno por su lado.
A esas dos opciones habría que sumarle al díscolo Juan Carlos Bacileff Ivanoff, también referente del justicialismo, que ya armó rancho aparte con su Frente Integrador y trabaja desde hace meses en la búsqueda de figuras de peso que se sumen a su espacio.
El cronograma electoral fijado establece que las PASO se llevarán adelante el 11 de agosto; mientras que las generales están previstas para el 27 de octubre.
Son tiempos «eternos» para el peronismo y la UCR, aunque resta muchos menos para que vayan cerrando los plazos para la inscripción de alianzas y la presentación de candidatos, por ejemplo.
Así las cosas, en una elección pareja y que podría dividirse en cuatro cuartos, es decir, que las fuerzas de relevancia obtengan números cercanos al 25% de los votos, las condiciones se emparejan y una banca se definiría por escasos márgenes.
El temor a perder esa primera minoría por parte de la UCR se hace más palpable en caso de que la unidad a nivel interno no llegue.
Por el momento de candidatos al Senado poco y nada se habla y la llave pareciera tenerla en sus manos Ángel Rozas, quien justamente este año debe decidir si va por la renovación del escaño que ocupa desde 2013 o si abre la jugada.
Postulaciones, aunque tibias, se han conocido desde la última parte de 2018 a esta parte, pero ninguna de ellas se ha oído con fuerza o con cierto nivel de consenso interno.
En este punto se comienza a visibilizar otro punto de conflicto futuro para el radicalismo: poner en riesgo dos municipios de peso en la provincia a partir de aspiraciones personales de los actuales intendentes. 
Es el caso de Presidencia Roque Sáenz Peña y de Barranqueras, cuyos jefes comunales vienen coqueteando con la chance de candidaturas en el plano provincial y nacional.
Pasando el limpio: tanto Bruno Cipolini (el heredero de su padre, Gerardo, en Sáenz Peña) como Alicia Azula (Barranqueras) suenan como integrantes de fórmulas para la Gobernación y, al mismo tiempo, como posibles cabezas de lista para las legislativas nacionales.
«Arriesgamos dos de las ciudades bastión que tenemos y nada nos asegura que se le gane, en este contexto complicado, al peronismo», deslizó un dirigente con varias décadas de presencia partidaria en el lomo.
Para la ciudad portuaria, en la que Azula se halla enfrascada en una interna cada vez más dura con otras facciones del radicalismo, se baraja que la actual diputada provincial Carina Batalla sea la aspirante a la Intendencia.
En el PJ -que también en esa ciudad tiene una de las peleas puertas adentro más fuertes, con diferencias incluso personales y que han llegado a judicializarse entre los dirigentes de mayor peso- hasta ahora los nombres en danza son los mismos de siempre.
Pero, quizá con el envión anímico que implique la salida de Azula del tablero, hay una cambio de estrategia en el peronismo portuario que permita al PJ «recuperar» la ciudad tras más de dos décadas de dominio radical.