Sábado, 07 de Diciembre de 2019

Opinión »  Educación y política



La época de elecciones es un momento único en nuestro país. Se ponen en debate las cuestiones de la política y, sobre todo, de la economía. Es importante que las problemáticas referidas a la educación ingresen también en la agenda de esas discusiones. Hasta hace pocas décadas, la educación argentina estaba entre los primeros lugares en el mundo. Nuestros egresados ocupaban cargos importantes en las instituciones internacionales de educación y cultura. Se destacaban por todas partes, con sus ideas y sus acciones.
Pero desde las décadas de 1960 y de 1970, se viene produciendo un deterioro notable de la calidad de la educación pública argentina. El impacto de lo económico se hace sentir, y ello provoca reducciones presupuestarias que no acompañan las demandas de la educación. Los nuevos enfoques pedagógicos tampoco se han asumido de manera generalizada en las escuelas argentinas, aunque hay iniciativas innovadoras que los docentes realizan en sus prácticas, y algunas provincias, que han puesto en marcha programas de mejoramiento.
El momento se presenta así con ciertas frustraciones que provocan desánimo respecto del presente y del futuro de la educación, y más aún cuando vemos que la discusión política no incorpora como uno de los temas principales qué se puede hacer con el sistema educativo. El actual sistema ya no resiste más parches. Es necesario que las fuerzas políticas, sociales y económicas elaboren en conjunto un proyecto pedagógico integral para la educación argentina, conforme a los nuevos tiempos. No es posible volver al pasado. Hay que mirar hacia adelante. La revolución tecnológica y la expansión del conocimiento hacen que el futuro sea hoy. Lo que está por venir ya llegó.
Los contenidos de los programas no pueden seguir siendo enseñados por asignaturas estancas y encajonadas, aisladas y sin relación entre ellas. Las materias de estudio enseñadas por separado están estalladas. Hay que enseñar por proyectos que articulen el conocimiento en el aula, desde un enfoque relacional, de manera que los alumnos aprendan a aprender y a emprender. Aprendan a pensar, a actuar, a sentir y a compartir.
El antiguo adagio que dice que si le das pescado a un niño comerá un día y si le enseñás a pescar puede comer toda la vida tiene hoy más vigencia que nunca. Hay que enseñar a navegar en las nuevas redes del conocimiento. A pescar en los nuevos enigmas del ahora-futuro-hoy.
El cambio puede comenzar si se pone en marcha un proyecto pedagógico que incluya todos los niveles, ciclos y áreas de la educación. Si se pone en el centro la cuestión de la calidad pedagógica de los procesos educativos.
Esto no implica cambiar la escuela de golpe, con autoritarismos, sino poner el acento en la profesionalización jerarquizada de los docentes, para que ellos sean los autores principales de estos cambios. No es posible mejorar la educación sin mejorar a los docentes.
No se trata tampoco de un proyecto grandilocuente. Las enormes dificultades de los intentos de cambios desde las administraciones centralizadas de los ministerios atestiguan que es poca la esperanza en grandes proyectos diseñados desde fuera de las prácticas en las instituciones. Es más posible cambiar la realidad educativa si esos procesos los protagonizan los docentes desde las culturas propias de cada institución, lo cual debe ser articulado por regiones y en el país todo.
Para un verdadero mejoramiento de la calidad, insistimos, es necesario mejorar y profesionalizar a los docentes, de manera que se formen en la acción de realizar una educación integral, activa y creadora.