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Comportamiento social contra el Covid-19

20 de Marzo de 2020


En las últimas semanas, miles de argentinos comenzaron a aislarse en sus hogares para tratar de minimizar la propagación de la pandemia del coronavirus. Luego de conocerse públicamente los casos de personas infectadas por el virus en el país, las medidas comenzaron a extremarse por parte de las autoridades. Algunas de ellas tienen que ver con el correcto lavado de manos, un menor contacto físico, mayor higiene de superficies y el comienzo de una cuarentena obligatoria en caso de provenir de países de riesgo como Italia, China, España, Estados Unidos, entre otras disposiciones. Por este motivo, distintos profesionales acercaron las recomendaciones más importantes hacia la población con respecto a la salud. Este es el caso de Fernando Torrente, psicólogo (MN: 27.844) que se desempeña como director de ciencias y políticas públicas de Ineco. 
El especialista destacó que una de las sugerencias más importantes para las personas es generar buenos hábitos, como lavarse la manos correctamente, para así transformar dichas actividades en una rutina diaria: «Desde el punto de vista psicológico y cerebral, la demanda es cambiar ciertos hábitos e imponer nuevos. Sabemos que eso lleva cierto tiempo y sobre todo requiere bastante esfuerzo para hacerlo». Por otra parte, Torrente aclaró que las personas que comenzaron a lavarse las manos con frecuencia y a crear hábitos repetitivos no transformarán las actividades en un Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC), debido a que es una condición mental preexistente. «No es que vamos a generar TOC en una persona que no lo tiene por empezar a lavarse las manos», detalló el profesional. -¿Cómo influye el coronavirus en los hábitos de las personas? -La epidemia del coronavirus implica un impacto social muy importante porque nos obliga a cambiar una serie de comportamientos que están muy fijados en nuestras vidas. Nos implica cambiar hábitos, cambiar patrones de relación, todo lo que le da sostén a nuestras vidas que son las rutinas. Pero además genera temor y peligro, nos genera una reacción de incertidumbre muy grande que nos lleva a tomar reacciones a veces más automáticas que no son las mejores conductas a tomar. 
Es una situación muy novedosa para la mayoría de nuestra población que no hemos atravesado circunstancias de este tipo que impactan directamente sobre nuestras conductas cotidianas. Sumado a esto, impacta sobre nuestra vida habitual que exige que adoptemos determinadas conductas. Además de un problema médico, la epidemia del coronavirus es un problema de comportamiento social. Contener y mitigar la propagación del virus supone cambiar conductas. Luego vendrá la respuesta del sistema sanitario y lo que es la puesta médica más específica pero hay una vara ya anterior que tenemos que sostener que es cambiar conductas. A las personas habitualmente nos cuesta cambiar conductas, estamos en un escenario muy especial donde se desarman nuestras conductas habitual y tenemos que rápidamente poner conductas nuevas para frenar el virus. -¿Cuáles son estas nuevas conductas que tenemos que abordar? -¿Y desde el punto de vista psicológico? Hay que crear nuevas rutinas; necesitamos ciertas señales de conducta para poder hacerlo. Por ejemplo, el lavado de manos, tenemos que empezar a entrenarnos en realizar el lavado de manos en ciertas instancias repetitivas, cuando entramos y salimos de otros lugares, a ciertas horas del día por default, deberíamos instaurar el lavado de manos como una conducta en principio forzada para que se automatice a lo largo de los próximos meses. 
Lo que hoy supone desde el punto de vista psicológico es un gran esfuerzo para instaurar nuevos hábitos y deben estar enfocados específicamente en las recomendaciones de autoridades sanitarias. No las otras cosas que se nos ocurren hacer, porque cuando estamos inseguros, intranquilos o desesperados nuestra mente genera conductas para tranquilizarnos como comprar cosas como papel higiénico, eso no es lo importante. No tenemos que abarrotarnos de productos, hoy tendríamos que poner toda nuestra atención en repetir una y otra vez las conductas que están recomendadas por las autoridades sanitarias para que se fijen en nuestro cerebro. Si no lo hacemos es muy difícil que se vuelvan hábitos, y si no se vuelven hábitos tienden a decaer porque la respuesta más importante de hoy es social, no las conductas individuales. El famoso «sálvese quien pueda», donde yo voy y compro determinadas cantidades de alcohol en gel no sirve porque no frena al virus, lo que lo frena es que todos hagamos determinadas conductas básicas y para eso tenemos que fijarlas en nuestros hábitos y repetirlas. 



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