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Tolerancia total

Reuniones y torneos nada clandestinos

29 de Septiembre de 2020


Por Guillermo Cabaña


La cruzada contra las fiestas clandestinas en Resistencia no es tan efectiva y encierra interrogantes respecto al objetivo primordial de proteger a la gente del potencial contagio de Covid.
Las posturas en cuanto a ella son disímiles, pero, a entender de quien escribe, debería blanquearse la autorización legal para que se lleven a cabo los eventos que concentren un buen número de personas, ya que de una u otra manera se hacen.
Sin poner en duda las medidas para cuidar la salud de la gente, el crecimiento de las actividades públicas es inevitable, innegable y deja en ridículo cualquier anuncio de dispositivos de control, como el caso de las fiestas clandestinas.
De nada sirve prohibir, castigar y hasta arriesgarse a violentos incidentes, al intervenir en un evento de masiva presencia humana, ya que no se puede estar en todos lados.
De hecho, todo tipo de concentración masiva de personas es evidente, se aprecia en todos lados, de frente y a espaldas de las autoridades de contralor, por lo que resulta inútil anunciar tolerancia cero.
El fin de semana, tanto en Resistencia como en Barranqueras, hubo eventos deportivos y fiestas, mal calificadas como clandestinas, ya que se organizaron a la vista de todos.
Cumpleaños, encuentros y hasta torneos de fútbol masculino y femenino, con árbitros y espectadores, se pudieron apreciar sin ningún tipo de esfuerzo. No solo fueron a la madrugada, sino en plena tarde.
Casi nadie cumplía las medidas sanitarias y solo Dios sabe qué podrá pasar en un futuro inmediato, pero habla a las claras de que un amplio sector de la sociedad optó por arriesgarse al contagio. Pero, a su vez, dejó en evidencia que las autoridades de control no están haciendo bien su trabajo o que lo hace a medias y «a dedo».
Por ello, resulta confuso que se autorice cierto tipo de eventos o actividades, con estricto control del cumplimiento de los protocolos sanitarios, y no se permitan otros.
En este segundo apartado, hay actividades que padecen las consecuencias de la cuarentena: hay muchos clubes que todavía no abren sus puertas y comercios de distintos rubros que siguen cerrados, por ejemplo cines y peloteros, como si fuera que no se ve a familias enteras llevando a sus niños a juegos en los distintos espacios verdes de la capital.
La desescalada enfrenta a policías con la gente. Muchos de estos procedimientos provocan incidentes que podrían evitarse si las autoridades deciden dejar de hacer anuncios de «estrictos controles» para reconocer que ahora solo queda apelar a la conciencia ciudadana.
Para esta -discutible- apreciación personal, hay un pensamiento al respecto: no hay diferencias de peligro de contagio entre una fiesta de mil personas, un torneo de fútbol con 200 o un cumpleaños casero con 10 comensales. Todo depende de cada uno.
 



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