Y por la amenaza de la extinción del yaguareté

Greenpeace apunta a la ganadería intensiva por la deforestación

En un nuevo informe de más de un año de análisis, la organización ambientalista señaló la estrecha relación entre el crecimiento de producción ganadera y la deforestación del Gran Chaco, y la consecuente amenaza a las especies.

Mediante un nuevo informe, la organización ambientalista Greenpeace, apuntó a la expansión descontrolada de la industria ganadera, como responsable de «un crimen histórico sobre un lugar único: el Gran Chaco», territorio considerado como el segundo ecosistema forestal de Sudamérica, después del Amazonas. «Allí conviven 3.400 especies de plantas, 500 especies de aves, 150 mamíferos, 120 reptiles, 100 anfibios y más de 4 millones de personas, de las cuales el cerca del 8% son indígenas, quienes dependen del bosque para obtener alimentos, agua, maderas y medicamentos», precisaron. 
En este sentido, recordaron que «la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ubicó a la Argentina, Paraguay y Bolivia entre los diez países que más deforestaron entre 2010 y 2015. La Secretaría de Ambiente de la Argentina estima que entre 1990 y 2017 se perdió una superficie de bosques similar a la de 8 millones de campos de fútbol. El 80% de los desmontes se concentran en la región chaqueña, en las provincias de Santiago del Estero, Salta, Chaco y Formosa, donde los últimos cinco años la deforestación por ganadería intensiva fue más del doble que la provocada por agricultura».
«La industria ganadera pone a funcionar sus grandes topadoras, que arrasan impunemente con todo a su paso, haciendo desaparecer a los bosques chaqueños y casi todas sus especies. En ese suelo, ahora raso, instalan sus vacas luego de plantar pasturas para el engorde de un producto que luego será exportado y terminará en la góndola de un supermercado», describieron. «De esta manera, el famoso bife argentino llega a la mesa de los consumidores del mundo. Pero está ahí a costa de la destrucción de los bosques del Gran Chaco y de la extinción de su rey: el yaguareté», advirtieron.
Tras una investigación de más de un año, Greenpeace reveló además a algunos de los responsables detrás de este brutal negocio que está destruyendo a los bosques chaqueños: grandes frigoríficos de la Argentina (Carnes Pampeanas, Bermejo) que exportan carne vacuna a grandes supermercados y mayoristas de Europa e Israel (Albert Heijn, Metro, Lidl, Shufersal, Zandbergen, Global Fleisch, Intervlees).
Es por esto que la organización reclama a las empresas que adopten una Política de Deforestación Cero y que, en caso de ya tenerla, la implementen seriamente. «Esto implica asegurar que tanto su sistema de producción como sus proveedores no provoquen deforestación y respeten los derechos de los pueblos originarios», dijo.
Más adelante, la ONG anticipó que «de implementarse el acuerdo Mercosur - Unión Europea, crecerá la demanda de carne vacuna argentina, será más rentable el negocio exportador de los grandes frigoríficos y aumentará la presión sobre los bosques. Los ambiciosos planes de aumento del stock bovino de las provincias del norte de Argentina (10 millones más de vacas) ponen en riesgo a 10 millones de hectáreas de bosques. Su degradación, deforestación y fragmentación dejará casi sin posibilidades de supervivencia a los últimos 20 yaguaretés que quedan en la región chaqueña. Estamos a tiempo de evitarlo».
Relación directa 
La  Organización  de  las  Naciones  Unidas  para  la  Alimentación  y  la  Agricultura (FAO) estima que, entre 1990 y 2005, el 45% de la deforestación de la Argentina se produjo por ganadería. En ese sentido, la Secretaría de Ambiente de la Argentina advirtió que «la actividad ganadera fue desplazada hacia áreas marginales de la propia región Pampeana, hecho que desencadenó, por parte de productores y empresas agropecuarias de esta región, la búsqueda de nuevas tierras, encontrando en el Parque Chaqueño áreas apropiadas gracias a la incorporación  de  pasturas  megatérmicas de alta productividad  y  resistentes  a  la  sequía.  En  virtud de que la expansión de la agricultura y de la ganadería en el Parque Chaqueño se produjo principalmente sobre tierras ocupadas con   bosques, se han registrado procesos de deforestación de amplias extensiones, principalmente en Salta y Santiago del Estero y, en menor medida, en las del Chaco y Formosa».
Datos oficiales señalan que, durante 2014, en el Chaco argentino la deforestación producida por ganadería fue de más de 100 mil hectáreas, más del doble que la provocada por agricultura. 
El modelo silvopastoril (ganadería intensiva y manejo forestal en zonas boscosas) fue responsable del 40% de la deforestación que se produjo durante 2016 en el Chaco y Santiago del Estero. 
Asimismo, se destaca que la degradación, deforestación y fragmentación de esos bosques dejará prácticamente sin posibilidades de supervivencia a los últimos 20 yaguaretés que quedan en la región chaqueña.

La inminente extinción del yaguareté y su territorio
El  yaguareté es el felino más grande de América, y el tercero del mundo, luego del tigre asiático y del león. Es el predador más importante, por lo que se alimenta de casi cualquier especie que habite en su territorio, como  tapires,  pecaríes,  corzuelas,  carpinchos, yacarés, armadillos, serpientes, tortugas, aves y monos. Su imponente figura, su fuerza y su temple lo han convertido en una especie de gran valor cultural y espiritual para  los  pueblos  que  habitaron  y  habitan  el continente americano. 
Este ejemplar se distribuía desde el sur de los Estados Unidos hasta el norte de la Patagonia Argentina, a lo largo de casi todos los ambientes con excepción de las regiones extremadamente áridas o de mayores altitudes, detallaron desde la organización. «Pero hoy ya no es tan sencillo encontrarlo: prácticamente ha desaparecido de sus extremos norte y sur, como también en la mayor parte de las áreas densamente pobladas, y muchas de sus poblaciones se encuentran seriamente amenazadas», advirtieron.
«Los científicos estiman que los yaguaretés ocupan menos del 50% de su distribución original, y en la Argentina este proceso de retracción fue el más extremo, en donde en los últimos dos siglos quedó recluido a un  5% de la superficie original», expresan.
En este sentido destacaron que «los yaguaretés del Gran Chaco dependen de territorios muy grandes (400  a 2.900 km2), y su disminución puso a la especie al borde de la extinción en la región. Entre 1985 y 2013, más del  20% de los bosques del Chaco (142.000 km2) fueron convertidos en pastizales y tierras de cultivo, reduciendo su biodiversidad, particularmente de los mamíferos más grandes. A su vez, los grandes depredadores del Chaco,  especialmente el jaguar y el puma, son a menudo cazados, principalmente por ganaderos, debido al riesgo real o percibido de ataques al ganado».
Especialistas estiman que el área núcleo del jaguar se contrajo 82.400 km2 entre 1985 y 2013 a medida que la  pérdida de hábitat y el riesgo de caza se expandieron sobre el Chaco. Considerando que toda la región chaqueña era un hábitat adecuado hasta el siglo 18, los yaguaretés perdieron el 85% para 2013. El  yaguareté  es  una  de  las  pocas especies de la fauna argentina que ha sido declarada como Monumento Natural Nacional por la Ley  25463 de 2001. 
Esta norma establece que la Administración de Parques Nacionales y la Dirección de Fauna Silvestre de la Nación deben implementar un plan de manejo que asegure su supervivencia. Además es Monumento Natural Provincial en el Chaco, Salta, Formosa y Misiones. El jaguar está clasificado como «casi amenazado».
La población estimada para toda la Argentina es de 250 individuos (aproximadamente 160 individuos en la Selva de Yungas, alrededor de 80 en la Selva Paranaense, y menos de 20 en la región chaqueña). La población chaqueña de jaguares se encuentra aislada de las otras dos presentes en la Argentina y se ha producido una  importante disminución poblacional en los últimos diez  años, desapareciendo la especie de zonas en las que  había sido reportada.
Las poblaciones remanentes de yaguaretés están asociadas a la presencia de áreas protegidas o de zonas  inundables con baja densidad humana y poca deforestación. 
Además de la presión de caza, otra amenaza significativa para la conservación del yaguareté es la disminución de la calidad ambiental y la fragmentación y pérdida de grandes superficies de bosques provocadas por el avance de la frontera agrícola-ganadera. 
La creciente actividad ganadera en la región de los últimos 20 años ha favorecido la apertura de nuevos caminos vehiculares que brindan mayor accesibilidad a la zona para la entrada de cazadores y ha producido un aumento en los desmontes de grandes superficies de bosques para la plantación de pasturas  forrajeras exóticas,  para la cría intensiva de ganado vacuno. Lamentablemente estas actividades están provocando un grave deterioro  ambiental de los bosques chaqueños, lo cual está haciendo peligrar no solo a las poblaciones del jaguar, sino a la  diversidad faunística y florística de esta importante ecorregión. «Si la superficie ocupada por poblaciones estables de yaguareté sigue disminuyendo a este ritmo, la especie podría extinguirse en el Chaco argentino en pocos años», adelantaron.
A pesar de su estado crítico, los especialistas estiman que aproximadamente 81.000 km2 de la región chaqueña semiárida de la Argentina aún tendría potencial para albergar al yaguareté, superficie que se encuentra en la porción norte de la región, donde aún quedan registros de menos de 10 años de antigüedad. Esta porción de territorio cuenta con solo siete áreas protegidas, poco implementadas, las cuales representan solamente el 6% de la superficie de la región.

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