Las decisiones de la hora

Las elecciones primarias vieron trastrocados sus principales objetivos como herramienta electoral.
En primer lugar, porque los binomios presidenciales que se presentaron ya habían sido elegidos por sus respectivas agrupaciones, por lo cual no fue necesaria una interna abierta para dirimir las postulaciones. Por otra parte, y este es el dato más importante, los comicios se convirtieron en una virtual primera vuelta presidencial a partir del respaldo logrado por la fórmula Alberto Fernández-Cristina Fernández. Obtuvo casi 3,8 millones de votos más que el binomio integrado por Mauricio Macri y Miguel Ángel Pichetto.
De repetirse esos resultados el 27 de octubre, accedería a la presidencia en virtud del artículo 97 de la Constitución Nacional, que establece que si logra más del 45% de los votos válidos, la fórmula queda consagrada en forma automática.
Estos hechos obligan a replantear las elecciones primarias como mecanismo válido, dada su escasa incidencia en la organización partidaria y, en especial, por su impacto en las decisiones sobre la política económica.
Los inversores decidieron refugiar sus ahorros en una moneda de más valor, como el dólar, además de abandonar sus posiciones sobre los bonos de la deuda y sobre las acciones de las empresas argentinas, ante los temores de que el futuro gobierno regule e intervenga en los negocios privados.
Los activos financieros registraron pérdidas multimillonarias, por lo que bien podría decirse que los argentinos somos algo más pobres que antes de las primarias.
Las eventuales medidas que pueda anunciar el Gobierno para alentar el consumo, a través de una reducción del peso del Impuesto a las Ganancias sobre asalariados y jubilados y para alentar la actividad de las empresas, podrían resultar contradictorias con el discurso de la actual administración. Si son posibles, ¿por qué no se anunciaron antes de los comicios?
El eventual aumento del déficit fiscal golpearía aún más la confianza de inversores locales y externos sobre una gestión que había apoyado su discurso sobre la reducción del déficit de las cuentas públicas. El desafío incluye a la principal oposición, ya que los mercados y los inversores externos esperan señales contundentes sobre el cumplimiento de los contratos y los compromisos de deuda.
La responsabilidad de la hora exige mesura por parte de la alianza oficialista y un fuerte compromiso de la agrupación que lidera Alberto Fernández para evitar mayores pérdidas a las empresas que sostienen la actividad económica.
Decisiones o señales equivocadas pueden conducir a un agravamiento de las condiciones sociales que ya soportan millones de argentinos.

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