Las señales de alerta siguen encendidas


Cuando parece que el coronavirus entra en una fase controlada y en una curva descendente respecto de los casos que se reportan a diario, aparecen nuevos focos de contagio que mantienen las señales de alerta.
Las estimaciones de la mayoría de los especialistas coinciden en que es difícil pronosticar cuándo se registrarán los picos de contagios a nivel comunitario. Pero lo cierto es que pasarán varios meses hasta que podamos relajar las prevenciones pertinentes.
Los casos de Covid-19 detectados en distintos conglomerados del país, especialmente el área metropolitana de Buenos Aires, pero también Córdoba y Resistencia, vienen a ratificar la factibilidad de circulación del virus.
Frente a estos escenarios, tendríamos que interpelarnos si la curva ascendente de casos positivos no obedece a la flexibilización o al incumplimiento del aislamiento social. 
Más aún en los sectores de circulación comunitaria, como se ha constatado en varias zonas donde se desconocía el vector original.
Es útil atender y dar curso a la opinión de los expertos en esta delicada materia. Para Roberto Chuit, titular del Instituto de Investigaciones Epidemiológicas, el aislamiento social puede flexibilizarse en aquellas áreas de escasa o nula circulación viral, aunque alerta: «El desafío es en aquellas zonas con circulación activa».
Con idéntico criterio, el infectólogo Hugo Roland recomienda que el aislamiento social obligatorio continúe de «manera rigurosa» en las zonas de transmisión comunitaria, al tiempo que pondera que, por efecto de la cuarentena, prácticamente no se conozcan casos de otras patologías, como las infecciones respiratorias agudas.
En resumen, no hay progresos definitivos en la batalla contra la pandemia en todo el país. Un factor insoslayable que llama a mantener el confinamiento y los cuidados relacionados con la higiene personal y con el uso obligatorio de barbijos.
Las recomendaciones deben ser acatadas ya no sólo por lo que entienden las autoridades sanitarias, sino de modo de resguardarnos en virtud de la toma de conciencia sobre lo nocivo que resulta el Covid-19.
Es atendible el estado de hartazgo de la población por un confinamiento que ya cumplió dos meses ininterrumpidos. Pero vale reiterar que quedarnos en casa es la mejor receta para evitar la expansión de una peste que a diario reporta nuevos contagios y decesos.
El Estado debe estar presente, sobre todo en la asistencia a los grupos sociales más empobrecidos y a aquellos que por la parálisis laboral y económica han perdido casi todo.


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