El d贸lar, un h谩bito retroalimentado


El del dólar paralelo o blue es un mercado delictivo en el que operan narcos y traficantes de armas. Claro y contundente, el concepto vertido en estos días por Miguel Pesce, titular del Banco Central, deja expuestos a unos 2 millones de argentinos que pasan por alguna «cueva» tratando de encontrar allí los dólares que el sistema les retacea a razón de 200 por mes. Van allí empresarios, amas de casa, pequeños ahorristas y no pocos endeudados en dólares que tomaron créditos en esa divisa pensando que alguna vez terminarían en la Argentina las devaluaciones. Ingenuos ellos.
Las duras palabras del responsable de la política monetaria y cambiaria del país tienen una fácil traducción penal: si dos millones de personas que operan en el blue son los partícipes necesarios de un delito que no podría ser cometido sin su concurso, extraña que un funcionario nacional de su rango ignore que debe dar cuenta a la Justicia de lo que sabe al respecto, a los efectos de que el ilícito cese; máxime si se mezclan discepolianamente drogas y armas.
Extraño, en verdad, tanto como que el titular de la entidad monetaria nacional olvide que es el responsable de que las cosas estén como están en materia cambiaria y monetaria. Casi un pequeño detalle.
Otra vez se apela al fácil recurso de atribuir a otros las causas de la propia impotencia y el fracaso.
Cada día se agrega a la lista un nuevo culpable: runners, ciclistas, alcanzapelotas, la prensa, quienes fueron a la marcha del 17, internet. Y quienes operan en el mercado paralelo.
En la acrobacia conceptual, se soslaya que la moneda argentina ha dejado de existir hace mucho y nadie la retiene porque se desgasta a cada minuto, pérdida absoluta de confianza en un signo monetario al que sucesivos gobiernos de todos los colores devaluaron una y otra vez, apelando siempre a un recurso que falla y empuja otra devaluación. Por razones multicausales harto conocidas, fáciles de resumir. O sea, porque todos hacen lo mismo, que es no hacer lo que se debe.
Es difícil explicarles a los agobiados ahorristas que «los dólares son para producir, no para atesorar», según lo expresado por el presidente de la Nación cuando se hace público que los funcionarios de su gobierno ahorran en dólares (como cualquier hijo de vecino) y que el titular de la bancada oficialista en la Cámara baja tiene apenas 3 millones de esa moneda.
O que el mismo Presidente había declarado el primer día de octubre de 2012 que el no poder adquirir dólares «es una intervención a mi libertad».
Demasiadas cosas para explicar, que el titular del Banco Central resume en un cóctel de delincuentes, narcos y traficantes de armas.
Claro está que podría apelarse a otros métodos, como por ejemplo generar confianza, mostrando a un gobierno que se ocupa exclusivamente de los problemas de los argentinos y no de los de unos pocos, con programas claros y apegado a la ley, capaz de seducir con la fuerza del ejemplo.
Por cierto, debido a lo difícil que esto último resulta, se entiende que sea más fácil devaluar.

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