GRANDES IDEAS

Toco con poco: para hacer música con lo que ofrece el entorno


Reciclar, construir, compartir, aprender, escuchar y respetar son algunas de las propuestas que desarrolla el taller que ya recorrió el país y se realizó en la Casa de las Culturas, con chicos del CIF 1.

MANOS A LA OBRA. Los chicos pintando los tachos que pronto serán tambores.

Lo que antes fue un tacho de pintura, se transformó en un tambor. Esta magia, que algunos llaman reciclado, se conjuró en el taller Toco con poco, que se desarrolló en la Casa de las Culturas, con la coordinación del programa Suntentate Che, el 15, 16 y 17 de este mes.
Una docena de niños de seis a diez años, del Centro Integrador Comunitario (CIF) 1 de Resistencia, se convirtieron además en artífices de su propio instrumento musical, que se llevaron para seguir tocando las canciones compartidas en las rondas, ya que el otro aprendizaje que adquirieron es que para hacer música no se necesita nada más que ganas, porque todo produce un sonido y todo tiene un ritmo, sólo hay que saber descubrirlo.
Esta idea, que nació hace trece años en una escuela especial de Villa Allende, Córdoba, y que hace seis años recorre el país sembrando la propuesta, la trajeron a su pago natal el profesor Miguel Angel Lúquez y el percusionista Fernando Rosso, ambos radicados en la provincia serrana.
«Partimos de la premisa, como lo dice el nombre, de hacer música con lo que tenemos puesto, primero la voz y el cuerpo y después habilitando los objetos del entorno, sean o no instrumentos, además de la construcción de instrumentos convencionales o no», explicó Lúquez. A su vez esto trae aparejado otro fenómeno: el de la integración.
«Es todo un proceso de construcción grupal. Mirarnos, escucharnos, prestar atención a lo que hace el otro y colaborar entre todos», describió los resultados el profe. EXPERIENCIAS Toco con poco es la conjunción de varias experiencias. Por un lado la que impulsó el grupo de música para niños Los Tinguiritas, que integra Lúquez, cuando hace trece años hizo una murga con los chicos de una escuela especial de Villa Allende. Asimismo, Lúquez se sumó con el armado de los instrumentos, ya que venía enseñando en la escuela tecnología y carpintería.
«En un momento, aprovechando los elementos que habían dentro de la escuela, le damos un formato de taller», indicó. «Empezamos a tomar la dinámica del trabajo en ronda, mirarnos, escucharnos, tenemos la canción del sol, que es con lenguaje de señas, porque había chicos hipoacúsicos, otros en sillas de ruedas, o niños con trastornos mentales », señaló.
«Ahí pudimos hacer todo un proceso de construcción grupal muy interesante por la dinámica. Esto de que cualquiera puede dirigir dentro del grupo, la idea de mirarnos y prestar atención de lo que el otro hacía y colaborar entre todos en la construcción desde lo social, desde lo instrumental y desde lo musical, sobre todo».
Dentro del taller, el trabajo también se divide, Lúquez se encarga de la construcción y del trabajo con los niños, particularmente, por la experiencia con grupos que le dio sus 20 años de docencia, «y lo musical lo paso a otro, porque no soy músico». Así se sumó Rosso, percusionista de Afro. PASAR LA POSTA El taller no sólo recorrió el país, sino que también se presentó en Chile, Brasil, Uruguay y Colombia.
«La idea del Toco con poco es como las canciones: una vez que las compartís, ya es de todos. Hicimos como 100 talleres y, muchas veces, cuando volvemos a tener contacto con la gente, vemos que en muchos lugares siguen construyéndolo e incluso mejorándolo».
El mismo taller también se va adaptando, según dónde se realiza. «Vamos viendo qué hay en el lugar, porque esto que en algún momento surge en Córdoba de hacer los parches con lona de pileta, en Ushuaia nadie tiene una pileta», ejemplificó.
«Eso te hace agudizar el ingenio, a ver qué traen, en algunos lugares no llevamos nada, vemos qué hay y armamos instrumentos con los vasitos, los sorbetes, con las bolsas de nylon. La idea es aprovechar lo que hay en el entorno, sin andar llevando elementos de un lado para otro»
. También tomaron aportes de otra gente que viene trabajando con lo mismo, como en Brasil, el Milagro de Candeal, que es una experiencia en favelas, Barbatuque de Bahía, que hace percusión corporal y de la Argentina, Los Musiqueros, algunas cosas de Les Luthier, de Hugo Varela, y «de mucha otra gente que fuimos encontrando en los viajes, o por acá también hay mucha gente haciendo cosas».
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