Tras las copiosas lluvias del pasado lunes, la ciudad volvió a mostrar sus problemas estructurales, con el anegamiento de calles y barrios que generaron los trastornos de siempre a los vecinos: problemas de transitabilidad y la llegada de agua dentro de las casas y automóviles, lo que además ocasionó el consabido un cruce de responsabilidades entre las autoridades.
Ante esto, LA VOZ DEL CHACO consultó con el ingeniero hídrico, docente e investigador Hugo Rohrmann, quien realizó un pormenorizado análisis de esta situación.
Para comenzar, el especialista reconoció que «en el Gran Resistencia y la mayoría de las localidades, en mi opinión, no se le da la importancia debida al tema del agua y los desagües».
Y tras decir esto, fundamentó su afirmación: «La ciudad o la localidad, crece todos los días. Todos los días hay un pavimento nuevo, una casa nueva, un techo nuevo. Y en líneas generales, los desagües, los conductos, son los mismos que se han construido varios años atrás.
Entonces, cuando aparecen estas lluvias intensas, en áreas de llanura, como esta, ponen en situación crítica el tema de los desagües».
Asimismo, continuó describiendo: «Porque les lleva bastante tiempo reaccionar. El agua de la calle, debe escurrir por las cunetas. Y si llueve intensamente y el sistema todavía no está llevando agua suficiente, ahí aparece esta cuestión de inundación, de afectación, que está bien mientras cubra la calle, pero cuando ya el agua cubre las veredas, llega hasta las viviendas, bueno, evidentemente algo no se está haciendo bien».
Las causas
Más adelante, el referente enumeró los factores que contribuyen a esta situación: «En primer lugar por falta la infraestructura de canales, conductos acordes al crecimiento urbano que tiene todos los días en Gran Resistencia.
Por otro lado, tenemos un sistema de defensa para las crecidas del río Paraná, para que no entre el agua del río Negro, que es un inconveniente para la salida del agua que cae dentro de esa área descendida.
Entonces ahí tenemos canales, tenemos compuertas, estaciones de bombeo, lagunas. Las lagunas, así como crece la impermeabilidad, las lagunas van disminuyendo su capacidad de almacenamiento, su tamaño, porque cada vez que llueve van sedimentos que la hacen cada vez más chicas, y por lo tanto la misma lluvia genera mayor inundación».
Tras señalar estas cuestiones, el especialista reconoció: «Entonces hay una serie de causas en las cuales, según mi opinión, los distintos municipios, independientemente de qué signo político se trate, no le dan importancia», y describió que «cuando uno tiene que diseñar el sistema de desagüe, tiene que hacer un plan director y decir cuál es el servicio, cuáles son los conductos, los canales, las cunetas, que se requieren teniendo en cuenta el grado de impermeabilización, el grado de construcción que tiene la ciudad».
A modo de ejemplo recordó que «la zona sur, que resultó afectada, tiene un plan director de 1995, o sea ya lleva casi 30 años en la cual no se sabe si los conductos existentes construidos antes están siendo suficientes o están siendo rebasados».
En este sentido apuntó: «Lo triste y lo lamentable es que se empieza a apuntar a otro, las municipalidades dicen que corresponde a la provincia, la provincia dice no, yo prendí las bombas. Pero el tema es bastante más complejo.
Se tiene una discusión bastante intensa el día de la lluvia, 3 o 4 días después, pero después desaparece la condición de inundación y el tema se olvida hasta la próxima lluvia intensa, que puede ser el año que viene o más tiempo».
A modo de síntesis, Rohrmann indicó: «En líneas generales, los municipios, la provincia, atienden otros servicios públicos que requieren una atención permanente. Estamos hablando de luz, de agua, de pavimento. Todos los días hacen algo de eso.
Pero en el tema de desagües pluviales, por ahí ocasionalmente aparece la construcción de un conducto nuevo. Dentro de un contexto que también me parece que tiene importancia, que es la cuestión de que estas obras son caras y no se ven».
«Si ya está construido el pavimento, hacer un conducto por debajo, y volver a hacer el pavimento, encarece mucho y es otro de los motivos por el cual no se va por ese camino», sostuvo.
Sin capacidad de absorción
Por otra parte, el especialista añadió otros puntos a esta problemática: «Existen otras medidas no estructurales, como decir, en mi terreno, el Código de Planeamiento Urbano del Gran Resistencia dice que yo no lo puedo cubrir más del 70% con techo y con baldosas. O sea, tengo que dejar un 30% de superficie con verde. Y eso, si uno mira por acá en el centro, se nota que todas las manzanas tienen prácticamente el 100% cubierto con techo.
Entonces, no hay zona de amortiguación como para que la cantidad de agua que vaya a la calle sea un poco menos». «Ese factor de tratar de mantener un 30% de verde en la manzana, en los lotes, generalmente, no se cumple y achicaría un poco la cantidad de agua que hay que sacar cada vez que llueve», agregó.
«Otra cuestión son lo que decíamos de las lagunas. No solamente le tengo que sacar la vegetación, por el paisaje y para ver el agua, sino se debe sacar los sedimentos, recuperar la capacidad de almacenamiento porque yo puedo tirar agua ahí y después veo cómo la voy sacando de a poco, pero es un amortiguador muy importante», destacó.
«Nosotros tenemos lagunas en el Gran Resistente, que a su vez, también con el correr del tiempo, cada vez son más chicas porque la urbanización va avanzando un poco también en ese sentido», aportó.
Desde su observación y experiencia, el referente hídrico recordó que estas situaciones «ya es un clásico, cada vez que llueve muy intensamente se empiezan a pelear la provincia con el municipio: no hiciste eso, no prendiste la bomba».
» Sobre las responsabilidades
Rohrmann reconoció: «Hay toda una cuestión asociada, que hace a esa demanda de servicios públicos de desagües pluviales, que no se atiende en la medida que corresponde».
Y continuó detallando: «Acá se sabe que la temporada de lluvia va de octubre a abril. Entonces yo sé que en septiembre todos los desagües, todas las cunetas y cada una de las canaletas las tenemos que tener limpias porque va a empezar la temporada de lluvia y, por lo tanto, ese sistema artificial tiene que tener la capacidad. Si está en sucio, tiene vegetación, o yo le tiro basura, bueno, evidentemente ese sistema no funciona».
Asimismo, agregó otro detalle: «Los conductos que están tapados tampoco se limpian en su interior. Si uno se imagina que de una esquina a la otra, de una boca de tormenta a la otra hay 100 metros de distancia, bueno, nadie entra a sacar los sedimentos que están en el fondo de ese conducto y, por lo tanto, esos conductos que tienen varios años de antigüedad tienen menor capacidad que cuando se construyeron.
Entonces ahí aparece otro factor más que incide, especialmente cuando las lluvias son muy intensas, porque el sistema débil de la llanura no permite una reacción rápida».
En otro punto, Rohrmann para aportar mayor claridad a este debate, diferenció las responsabilidades «el servicio de desagües pluviales es responsabilidad de cada municipio. No hay otro responsable. O sea, si hay conducto, no hay conducto. Si la cuneta está limpia o no está limpia, o falta el canal o no, el municipio es responsable. Eso lo dice la carta orgánica municipal de cualquier municipio».
«En el caso de Gran Resistencia, como hay un anillo de defensa y hay estaciones de bombeo y hay canales que atraviesan dos o tres municipios, aparece la provincia, aparece la Administración Provincial del Agua (APA) que es responsable de eso. En eso tiene que haber una coordinación para que no se tiren los problemas uno al otro. Eso tiene que estar en un protocolo claramente acordado», resaltó.
No obstante, también reconoció: «Por supuesto que el vecino también tiene responsabilidad, pero es mínima al lado de la que tiene que tener el Estado en ese tema».
