Está en marcha la implementación en la Argentina de una red de trampas del dalbulus maidis, insecto vector del achaparramiento del maíz (spiroplasma kunkelii), para así determinar la evolución de la dinámica poblacional de la plaga en el territorio argentino.
«Estamos armando una red de trampas a nivel nacional para realizar un monitoreo sistemático en 45 sitios y elaborar cada quince días un informe sobre la población infectiva», adelantó Lucas Cazado, coordinador del proyecto Plagas. La iniciativa está siendo emprendida por Crea, Aapresid, la Estación Experimental Obispo Colombres (EEAOC) y la Asociación Argentina de Protección Profesional de Cultivos Extensivos (AAPPCE).
El mapa dinámico de la población de la «chicharrita del maíz», nombre convencional del dalbulus maidis, permitirá a los empresarios agrícolas conocer el riesgo de las decisiones de siembra de maíz de acuerdo al nivel de presencia del insecto vector de spiroplasma.
El experto además resaltó que, además del daño indirecto promovido por ser vector de la enfermedad, la plaga genera un perjuicio directo a la planta porque se alimenta de savia, lo que produce pérdida de rendimiento potencial.
Por otra parte, en las diferentes regiones Crea se está realizando una evaluación de daños generados por spiroplasma por híbrido empleado, aunque los registros muestran que la afectación está directamente relacionada con el nivel de presencia de dalbulus maidis en cada zona.
«La realidad es que en la Argentina no tenemos materiales tolerantes para spirolplasma; sí contamos con híbridos que tienen un mejor comportamiento que otros, pero que no fueron seleccionados específicamente para eso», explicó Cazado en un artículo publicado en Contenidos Crea.
En cuanto a las prácticas de manejo, el líder del proyecto Plagas indicó que el objetivo central para el presente año debe ser mantener en el período invernal a la población de la plaga en el nivel más bajo posible porque, de lo contrario, volverán a registrarse en el ciclo 2024/25 problemas similares a los ocurridos en la presente campaña.
«La mayor herramienta de control del vector de la enfermedad es eliminar maíces guachos, implementar vacíos sanitarios y realizar siembras no-escalonadas con ventanas cortas», indicó. En ese sentido, una de las prioridades debe ser mantener los campos libres de maíces guachos, dado que esas plantas, además de actuar como reservorios de la plaga, también proveen alimento al insecto durante el invierno.
«Podemos hacer todo bien en nuestro campo, pero si nuestro vecino no se compromete a hacer lo mismo, el problema es inmanejable, lo que implica que resulta indispensable realizar acciones coordinadas en conjunto», resumió.
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