El artista visual y galerista, entrevistado por LA VOZ DEL CHACO, reflexionó sobre el presente del arte contemporáneo. Destacó el surgimiento de una nueva generación de creadores jóvenes con una marcada madurez conceptual, valoró el rol del Museo de Arte Contemporáneo de Corrientes como un punto de inflexión para el Nordeste y los países limítrofes, y reflexionó sobre su obra «Colisión frontal», expuesta en la institución desde el 8 de noviembre, que marca su regreso a la producción artística a través de una metáfora de las confrontaciones humanas.
Por Facundo Sagardoy
El artista visual y gestor cultural Jorge Tirner, en diálogo con LA VOZ DEL CHACO, reflexiona sobre el presente de las artes visuales en un tiempo bisagra para el nordeste argentino, atravesado por la inauguración del Museo de Arte Contemporáneo de Corrientes y por la incorporación de su obra «Colisión frontal» al acervo institucional. El museo emerge como un gesto inaugural, una puerta abierta en una región que durante años observó el arte contemporáneo desde los márgenes.
Desde una mirada amplia y situada, Tirner valora positivamente el estado actual del arte local, regional y nacional. Advierte la irrupción de una generación joven que produce con una madurez conceptual y una solidez discursiva que sorprenden por su profundidad, como si el tiempo hubiese acelerado sus procesos.
En paralelo, reafirma el posicionamiento del arte contemporáneo argentino en el escenario internacional, donde la escena nacional dialoga de igual a igual con otras latitudes.
Más allá del rol tradicional de galerista, Tirner se reconoce, ante todo, como gestor cultural. La construcción de escena ocupa un lugar central en su práctica: ese tejido invisible que sostiene a los artistas y habilita la existencia del arte más allá de las lógicas del mercado.
Desde la Galería Yuyal impulsa acciones colectivas, clínicas de formación y proyectos de cogestión institucional, entre ellos la experiencia «Brote», desarrollada junto a la Facultad de Artes de la Unne, orientada a promover circulación, pensamiento crítico y encuentros con proyección perdurable.
En ese entramado, el Museo de Arte Contemporáneo de Corrientes, desde donde el 8 de noviembre expone la obra «Colisión Frontal», se proyecta como un verdadero punto de inflexión regional. Su ubicación estratégica permite representar una escena vasta y diversa que abarca el Nordeste Argentino y regiones limítrofes de Brasil y Paraguay, ocupando un vacío histórico en el mapa del arte contemporáneo.
Para Tirner, el museo no solo fortalecerá la producción local, sino que se consolidará como una plataforma de proyección y exportación de artistas, una usina de sentidos capaz de trascender fronteras.
-Desde el 8 de noviembre es posible apreciar en el Museo de Arte Contemporáneo de Corrientes, «Colisión frontal», tu obra. Jorge, ¿cómo encuentra la actualidad del arte desde su mirada, desde la inauguración del Museo de Arte Contemporáneo?
-Muy bien. Lo que hago no es con una intención de aclaración, sino con una intención de principios, por ahí. No sé si me veo tanto como galerista; me veo más como gestor cultural trabajando en una galería. El galerista, su rol, es más el de la venta, la comercialización.
La galería tiene un objetivo de comercialización, pero a mí me interesa también la parte de la promoción de las artes visuales y de los artistas de la Galería Yuyal. No solamente de la Yuyal sino también de participar con otros artistas, con otros colectivos de artistas, y generar una situación en la escena.
Por ejemplo, hicimos una clínica de arte que se llama «Brote», que coordinó Elisa O’Farrell. Queremos repetirla el año que viene. Es un trabajo en cogestión con la Facultad de Artes de la Unne. Ese tipo de trabajos los hago más como gestor; me veo más como un gestor trabajando en una galería. Es la parte que me interesa.
Con respecto a las artes visuales, las veo muy bien. Hay muchos chicos jóvenes trabajando; se está generando un movimiento muy interesante de una generación muy nueva, donde hay artistas emergentes y otros que ya tienen un par de años de trabajo, pero están en ese grupo pre-30 años. Creo que toda esa generación está generando una movida muy interesante.
Hay artistas que me parecen excelentes en su producción, en la calidad de su obra, en el equilibrio discursivo que tiene su trabajo. Parecen personas más grandes, con una madurez intelectual mayor, y son chicos jóvenes. Creo que están haciendo cosas maravillosas. Eso es la escena local. La escena nacional siempre está muy bien posicionada a nivel internacional; la escena de las artes visuales de la Argentina es muy buena. Creo que el Museo de Arte Contemporáneo de Corrientes va a generar un punto de inflexión en el mundo del arte, en la mirada del público hacia las artes visuales en general y el arte contemporáneo como disciplina en particular. Creo que realmente va a cambiar algo, va a cambiar para bien a nivel regional.
El Museo de Arte Contemporáneo va a generar una situación muy importante en toda la región: Santa Fe, Santiago del Estero, Chaco, Formosa, Misiones, Corrientes, una zona de Brasil y una zona de Paraguay. Digo esto porque, geográficamente, los museos de arte contemporáneo importantes de la región, hacia el sur, el primero es el Macro de Rosario; hacia el Norte, Asunción puede tener algunas galerías, pero no tiene un museo de arte contemporáneo; al oeste está el museo de arte contemporáneo de Salta; y al este no hay nada.
Así que creo que tiene un campo de acción de representación de una escena muy grande. Esa gran escena necesitaba un lugar que la represente, y creo que el Museo de Arte Contemporáneo va a venir a cumplir ese rol y va a potenciar no solo a la región, sino también al país, porque se va a volver exportador de artistas. Eso no tengo ninguna duda. Se va a generar algo muy interesante, sin duda.
Un museo para una región que buscaba representación
-Jorge. En su última entrevista podemos leer: «El arte contemporáneo es una bomba de tiempo». 3.500 personas haciendo cola ese 8 de noviembre para ver artistas visuales. No dejaba de recordar ese título y también su obra, en esa bomba que estalló con arte y esa Noche de los Museos fue una celebración con visitantes de distintos países, funcionarios diplomáticos, representantes de distintas provincias. ¿Cómo vivió ese día?
-Sí, es satisfactorio porque, como te contaba, soy gestor cultural y también soy artista, y cualquier artista en su producción tiene como objetivo que el público vea la obra. Hay un espectador que va a transitar esa experiencia.
Uno está en la soledad de su taller, o donde sea, produciendo; quizás no durmió, quizás dejó de hacer muchas cosas para poder llegar a ese lugar, a ese momento, porque es una cuestión de tiempo y espacio. El objetivo es que la gente lo vea, y si el lugar acompaña, la experiencia es mejor.
No es lo mismo mostrar en otro lugar que en el Museo de Arte Contemporáneo de Corrientes, recién inaugurado, en la Noche de los Museos, con personalidades de muchos aspectos de la vida cotidiana. Creo que es genial, es lo mejor. Estuve ahí el tiempo que pude y me quedé chusmeando las reacciones de la gente. Mi obra es particular, no es una obra común de ver, y vi reacciones muy interesantes.
Me pareció muy lindo, una experiencia muy linda. Yo lo viví con mucha satisfacción, no solo en lo personal; creo que la satisfacción viene para todos los colegas. Me crucé con artistas y gestores que estaban todos muy felices. Toda la situación fue fantástica, realmente impresionante.
La obra como resultado
de una acción irreversible
-Aparece «Colisión frontal». ¿Qué significa en su carrera esa obra?
-Sí, yo hace un tiempo que no estaba produciendo. En 2013 ingresé a la gestión de la dirección del Museo de Bellas Artes del Chaco, y esa labor me consumió mucho tiempo; se convirtió en una especie de nueva obra mía y dejé de producir, más allá de pensar proyectos, tomar anotaciones y demás. Cuando dejo la gestión del museo, en 2017, empiezo a producir, pero por diferentes cuestiones materiales no pude finalizar la obra. Vino la pandemia y activó en mí todo este proceso productivo.
Entre 2020 y fines de 2021 realicé dos exposiciones. Una se llamó «Planetario», que no pude terminar entre 2017 y 2019 por cuestiones técnicas, y la pude terminar en ese momento. Pude hacer una exhibición y preparar una obra nueva. Esa exposición se llamó «Colisión frontal», cuya obra estelar fueron «Las carretillas». Yo les llamo «Las Carretillas» por el título real de la obra, «Colisión frontal», que también era el título de la exposición. Esa obra forma parte de un proyecto más amplio. Es solo una parte, pequeña pero importante, de un conjunto de obras que estoy trabajando. Hay cuestiones de tiempo que no me dejan avanzar, pero tampoco tengo apuro.
Se dio la oportunidad: se comunicaron conmigo, me gustó la invitación, adquirieron la obra, lo cual me pareció alucinante. Para mí es muy importante que una obra de estas características, que no son comunes, sea apreciada de esta manera, sobre todo por un museo que recién inicia.
Creo que fue una apuesta muy importante. Me pasó algo similar al ver la obra de Diego Figueroa, que también me parece alucinante. Ver ese tipo de trabajos en nuestra región, donde por ahí estamos acostumbrados a otros procesos creativos -que también son muy importantes-, pero estos salen un poco de la norma. Me pareció muy interesante esa situación.
Se fue dando todo: planificamos el montaje, presenté un proyecto con una plataforma circular y un fondo verde que le queda muy bien a los objetos amarillos. Decidimos ubicarla en un lugar que también acompaña por su forma circular. Fue como cuando los planetas se alinean y todo culmina el día de la inauguración, que fue un final alucinante.
Ahora viene la parte dos, el «continúa». Pero toda la experiencia fue alucinante. Esa obra estuvo almacenada en mi taller dos o tres años. Cuando abro la galería pasan seis meses, la llevo a la Gale, la expongo, y de la Gale pasa a formar parte del acervo del museo. Me parece mágico, hermoso.
De objeto cotidiano a confrontación simbólica
-Ahora, yendo a algunas definiciones o connotaciones que arroja el público, hago de mero medio para trasladar interrogantes. Algunas metáforas que el público menciona: la herramienta del trabajo, el sistema de trabajo en tono de advertencia amarillo que choca en sí mismo; una especie de eclipse en las formas con las que concebimos el trabajo; la resignificación del objeto cotidiano en carácter de instalación monumental. Son reflexiones que encantaron al público.
-Todas esas son válidas, absolutamente válidas. El arte contemporáneo, y mi obra en particular, tiene un trasfondo conceptual fuerte y luego el uso de la materialidad. A mí me encanta la selección del material; es muy importante porque cierra la idea conceptual.
Después están los valores visuales: cómo se ve el objeto, el color, dónde va montado. Desde lo conceptual, este proyecto gira en torno a situaciones inverosímiles que yo las vuelvo reales. Por ejemplo, dos carretillas manipuladas por dos personas que chocan de frente y se destrozan. Para que eso suceda, tendrían que venir a 70 u 80 kilómetros por hora. Imaginar esa situación me parece increíble. Es el choque de dos personas de un lugar similar, porque las carretillas son iguales. Comparten algo. No están las personas; está el resultado de una acción.
Esas carretillas, en algún momento, colisionaron. Me interesa esa situación: dos personas del mismo ámbito en una confrontación que se resuelve de esa manera. No sé qué pasó después; el resultado está ahí.
Esta obra es parte de un proyecto más amplio donde suceden cosas similares: objetos cotidianos -carretillas, bicicletas, carritos de supermercado- colisionan y generan situaciones menos verosímiles, pero que yo quiero volver reales. Mi intención es que esa situación haya sucedido: es el resultado de una confrontación y una colisión.
«Que Diego y yo estemos en el museo que fundó Luis Niveiro es hermoso, es un gran reconocimiento»
-Nombró a Diego Figueroa. Se los nombra en todas las visitas; quienes los vieron exponiendo y trabajando juntos los recuerdan y celebran que estén a pocos pasos, en instalaciones monumentales. Sus obras marcan tendencia y generan comentarios inmediatos tras la inauguración del 8 de noviembre. ¿Cómo vive esta situación de estar otra vez junto a Diego?
-Con mucha alegría. Diego es un hermano de la vida. Compartimos muchos proyectos y momentos. Esto que hablábamos de lo mágico: que estemos los dos ahí es hermoso. Es un lindo reconocimiento.
Diego trabaja desde muy joven; tiene 30 años de trayectoria. Yo tengo unos 20 o 25. Trabajamos juntos hace mucho tiempo. Nos conocemos hace 25 o 26 años y conectamos automáticamente. Estar en el Museo de Arte Contemporáneo de nuestro territorio es muy lindo; yo siento que esto es mío. Es muy halagador, bellísimo.
-Jorge, muchas gracias.
-Todo esto me emociona, lo juro. Trabajando todo este tiempo juntos y de golpe estar ahí juntos. Flasheamos con eso: «Mirá dónde estamos los dos».
Se generaron situaciones; hubo gente a la que le gustó y gente hater, pero se habló mucho de la obra de los dos. Bien o mal, pero se habló. Y eso nos pareció muy lindo. Gracias, Facundo.
Claves
Tirner concibe el arte como experiencia y encuentro, entendiendo que la obra debe ser recorrida, observada y resignificada por quienes la viven.
Para Tirner, la gestión y la construcción de escena son esenciales: su trabajo prioriza la promoción de artistas y la creación de espacios de diálogo y circulación por encima de la lógica comercial.
Su producción se caracteriza por la innovación conceptual, transformando objetos cotidianos en metáforas visuales que reflejan conflictos, tensiones y relaciones humanas.
Tirner impulsa la proyección regional e internacional del arte del Nordeste Argentino, reconociendo el potencial de la región para dialogar con circuitos nacionales e internacionales.
Cree firmemente en la formación y la cogestión: las clínicas de arte, los proyectos colaborativos y las iniciativas educativas son herramientas clave para fortalecer la escena cultural y generar un impacto duradero.
Tirner entiende el arte como un espacio de diálogo y crítica, capaz de interpelar al público, generar debate y abrir nuevas perspectivas sobre la vida y la sociedad.
Valora la colaboración y la comunidad artística, considerando que la construcción de redes entre artistas, instituciones y públicos es fundamental para sostener y potenciar la escena contemporánea.

