Boleto a $1.885: bronca en la calle y usuarios en alerta por el nuevo golpe al bolsillo. Desde este miércoles rige la nueva tarifa del transporte urbano y crece el debate en la calle.
Desde este miércoles 28 de enero comenzó a regir la nueva tarifa del transporte urbano de pasajeros en la provincia del Chaco, con un valor de $1.885 por boleto, según informó la Subsecretaría de Transporte provincial.

Desde el Gobierno del Chaco señalaron que, pese a la actualización tarifaria, el Estado continuará realizando un importante aporte económico, con subsidios mensuales superiores a los $1.800 millones, con el objetivo de sostener el sistema y evitar que el impacto total del aumento recaiga sobre los usuarios.
Sin embargo, el anuncio volvió a generar malestar y debate social, en un contexto marcado por subas generalizadas en servicios esenciales como la energía, el agua y los alimentos. Por ese motivo, La Voz del Chaco salió a la calle para escuchar la opinión de los vecinos, y las respuestas reflejan una realidad diversa, aunque con un claro predominio de críticas.


Jubiladas con visión distinta. La primea está de acuerdo, no usa mucho el servicio. La segunda está en desacuerdo por la cantidad de pasajes que usa al día los que trabajan. Empatiza con los que menos tienen.
“Soy usuaria frecuente, tanto dentro de la ciudad como para viajar al interior durante todo el año. No estoy de acuerdo con el aumento porque no tenemos frecuencia horaria y muchas veces los colectivos no están en condiciones para viajar. Nuestros sueldos no acompañan estos aumentos”, expresó una trabajadora.
Otra usuaria fue tajante al señalar que el costo del transporte ya resulta excesivo: “No estoy de acuerdo. Los pasajes están caros y también el transporte al interior cuesta mucho más. A veces conviene usar Uber, que termina siendo más económico con descuentos”.

Algunos vecinos, en cambio, admitieron que buscan alternativas para amortiguar el impacto. “No tanto, porque trato de ver opciones para ahorrar. Uso billeteras virtuales que me dan reintegros y eso ayuda”, comentó una joven.


Joven está de acuerdo porque dice que las unidades tienen aire acondicionado. Aunque reconoce que poca gente usa el servicio. Y no le afecta tanto porque usa los descuentos de las billeteras virtuales. El otro trabajador no está de acuerdo, más si uno tiene familia. Recomienda a usar Uber y aprovechar los descuentos para ahorrar.
También hubo opiniones que reconocen ciertas mejoras recientes en el servicio. “En el verano mejoró un poco porque habilitaron el aire acondicionado. Antes era sofocante. Hoy, con menos gente, se puede viajar mejor. Creo que el boleto está bastante acorde a los costos que tienen que cubrir las empresas”, sostuvo otro pasajero.
El impacto del aumento también alcanza a los sectores más vulnerables. “Soy jubilada y claro que afecta. A todos nos toca el bolsillo. Hay personas que tienen menos recursos y lo usan mucho más que yo. Todo aumenta”, manifestó una mujer mayor, aunque aclaró que comprende la necesidad de afrontar salarios y costos operativos: “Hay que pagarle a los choferes y al personal”.

“Siempre se ajusta al que menos tiene”
El reciente aumento del boleto de colectivos volvió a encender el enojo de los usuarios del transporte público en Resistencia y el área metropolitana. Con subas que se dan en paralelo a los incrementos en tarifas de energía, agua y otros servicios esenciales, desde La Voz del Chaco salió a la calle para conocer qué piensan los vecinos.
Las respuestas reflejan un fuerte descontento, especialmente por la falta de mejoras en el servicio. “Sería aceptable si hubiese más frecuencia”, resumió un usuario, mientras que otro fue más contundente: “Siempre se perjudica al usuario y el servicio es deplorable”.
En redes sociales, donde también se replicó la consulta, los comentarios no tardaron en aparecer. “Aumenta el boleto, la energía, el agua y ajustan los sueldos. Nunca visto esto”, expresó un vecino, reflejando una sensación que se repite: la de un ajuste generalizado que impacta de lleno en los bolsillos.

Otros apuntaron directamente al sistema de subsidios y al discurso oficial. “Hablan de SUBE subsidiada, pero el servicio es pésimo. Esto ya es cualquiera”, cuestionó otro comentario, en referencia a la falta de correlato entre el aumento del pasaje y la calidad del transporte.
También hubo opiniones divididas. Algunos consideraron el aumento como inevitable en el contexto actual, aunque minoritarias frente a una mayoría que reclama más unidades, mayor frecuencia y mejores condiciones.

El incremento del boleto vuelve a poner en el centro del debate una problemática estructural: el transporte público como servicio esencial y la sensación persistente de que, una vez más, el peso del ajuste recae sobre los usuarios, sin respuestas visibles en términos de mejoras concretas.
Mientras tanto, el nuevo valor del pasaje ya está en vigencia y el debate continúa abierto. Para muchos usuarios, el reclamo sigue siendo el mismo: mejoras reales en la frecuencia y en la calidad del servicio, antes de nuevos incrementos que vuelven a golpear el bolsillo de quienes dependen a diario del transporte público.
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