En la antesala del 148° aniversario de Resistencia, que se conmemorará el próximo 2 de febrero, el historiador y escritor Roly Pérez Beveraggi repasó los orígenes de la capital chaqueña, recordó anécdotas de los primeros pobladores y puso en valor la identidad cultural que marcó el crecimiento de la ciudad desde sus inicios.
«Estamos a dos años del sesquicentenario, del 150°, así que hay que festejar», señaló Pérez Beveraggi al comenzar la charla, al tiempo que recordó que, si bien el cumpleaños oficial de Resistencia es el 2 de febrero, la llegada de los inmigrantes se produjo algunos días antes.
«Los inmigrantes llegaron el 27 de enero, por eso desde hace algunos años se decidió celebrar el aniversario entre el 27 y el 2», explicó.
Para el historiador, cada aniversario representa una oportunidad para reencontrarse con la historia local. «Cumplir años siempre es lindo, también para una ciudad. Resistencia se renueva todos los días, y más aún si pensamos en el enorme sacrificio que hicieron quienes llegaron acá», reflexionó.
Antes de los inmigrantes, una historia previa
Pérez Beveraggi subrayó que la historia de Resistencia no comienza con la inmigración europea, sino mucho antes. «Antes de los inmigrantes ya había historia. Después de la Guerra de la Triple Alianza, esta parte del país estaba despoblada del hombre blanco, pero no estaba vacía: estaban nuestros hermanos aborígenes», remarcó.
En ese contexto geopolítico, explicó que era necesario poblar el norte argentino. «Había que poblar Chaco y Formosa porque Paraguay quería avanzar sobre estas tierras», afirmó.
Por ese motivo, en 1872 se creó el Territorio Nacional del Chaco, y con él surgió la planificación de nuevas ciudades estratégicas. «Se pensó en fundar cuatro ciudades frente a las cuatro más importantes de Corrientes. Frente a Goya se fundó Reconquista; frente a Bella Vista, Villa Ocampo; frente a Empedrado no se hizo nada porque el terreno era muy bajo; y frente a Corrientes se proyectó Resistencia», detalló.
El origen del nombre y la primera «Resistencia»
Según relató el historiador, en el lugar donde hoy se levanta la ciudad vivía un protagonista clave de la historia local: el coronel Ávalos, héroe de la Guerra de la Triple Alianza. «Tenía su casa en la zona del Triángulo, cerca de la actual 25 de Mayo, y se dedicaba a la explotación maderera, como otras familias de la época», indicó.
En 1875, los agrimensores Arthur von Seelstrang y Enrique Foster fueron designados para trazar el plano urbano. «Ellos eligieron este lugar y los planos que diseñaron son prácticamente los mismos que tiene la ciudad hoy», destacó.
Un año después, en 1876, se produjo un hecho decisivo. «El cacique Leoncito atacó la casa del coronel Ávalos. Estuvieron una semana resistiendo, porque la vivienda estaba protegida con empalizadas», relató. «De ahí surge el nombre Resistencia. La resistencia del hombre blanco, pero también -y yo siempre lo digo- la resistencia del pueblo originario frente a la ocupación de sus tierras», reflexionó.
Una ciudad planificada antes de ser habitada
Pérez Beveraggi enfatizó que Resistencia ya estaba pensada antes de la llegada de los inmigrantes. «En los primeros planos ya aparece la colonia Resistencia. La ciudad estaba diagramada antes de que llegaran los inmigrantes, que vinieron a ocupr los lotes que ya estaban destinados para eso», explicó.
El germen cultural de la capital chaqueña
En el plano cultural, el historiador destacó el rol de artistas, intelectuales y docentes que llegaron desde distintos puntos del país. «Resistencia, y todo el Chaco, tuvo la particularidad de recibir gente del interior argentino que venía a ocupar cargos como profesores, gobernadores, policías. Muchos de ellos tenían una fuerte formación cultural», señaló.
Ese grupo dio origen a espacios de encuentro que marcaron época. «Se reunían en bares tradicionales y formaron lo que se llamó la Peña de los Jueves, que fue, en los hechos, el primer centro cultural de la ciudad», recordó. Más tarde, esas reuniones derivaron en la creación del Ateneo del Chaco, que funcionó inicialmente en el antiguo Hotel Savoy -hoy Hotel Gala-.
«Desde allí se traían obras de teatro, músicos, bailarines, y se utilizaban salas como el Cine Marconi, el Cine SEP y el Cine Argentino», detalló. Entre los protagonistas de ese movimiento cultural mencionó a los hermanos Boglietti, impulsores del mítico Fogón de los Arrieros.
«Al principio no estaba donde está hoy. Funcionaba a una cuadra, sobre calle Brown al 180. Hay un cartel que lo recuerda», explicó. «El Fogón fue un verdadero faro cultural de Resistencia. Se decía que si llegabas a la ciudad y no conocías el Fogón de los Arrieros, no conocías Resistencia», evocó.
El Perro Fernando, símbolo popular de la ciudad
Durante la charla, el historiador recordó una de las figuras más queridas del imaginario urbano: el Perro Fernando, protagonista de innumerables anécdotas y relatos que aún hoy circulan entre generaciones.
«Yo tengo un libro que se llama Resistencianos, personajes de la ciudad, y el último personaje es Fernando, el Perro Fernando», contó. Además, adelantó que actualmente trabaja en Resistencianos II, donde el cierre estará dedicado a Mariscal, «el último perro policía, al que lo mató un auto».
Pérez Beveraggi también destacó que, desde su rol en la Comisión Nomencladora de la Municipalidad, se están impulsando iniciativas para mantener viva esa memoria: «Estamos haciendo cuadros del Perro Fernando para colocar en distintos bares de la ciudad».
Según relató, Fernando fue criado por Fernando Ortiz, conocido como «el Rey Ortiz», un cantor proveniente de la provincia de Buenos Aires que llegó a Resistencia para presentarse en el histórico bar Los Bancos. «El perro lo acompañó incluso al Paraguay, a Asunción, y cuando regresaron, un 24 o 31 de diciembre, se sentaron en el bar Los Bancos a pasar la Navidad», recordó.
Fue allí donde Fernando, aún cachorro, se quedó definitivamente en la ciudad. «Ortiz paraba en el Hotel Colón. No le dejaban subir al perro a la habitación, así que lo tenía abajo», relató. Con el tiempo, Fernando se convirtió en un verdadero personaje urbano. «Era un perro muy particular: se sentaba a tomar café y lo tomaba de la taza. Desayunaba en el Banco Nación, iba a los conciertos y se sentaba adelante», narró. Una de las anécdotas más recordadas ocurrió durante un concierto en el antiguo cine teatro: «Estaba tocando un pianista europeo y Fernando se sentó abajo del piano. En un momento empezó a ladrar y todos se molestaron. Pero el concertista se levantó y dijo: ‘No, el perro tiene razón, me equivoqué en la nota’».
El origen de las esculturas y la identidad cultural
Pérez Beveraggi también repasó los comienzos del perfil escultórico de Resistencia, hoy reconocida como la «ciudad de las esculturas». Recordó que uno de los primeros antecedentes fue una obra de Crisanto Domínguez, ubicada sobre la avenida 9 de Julio.
«Era una escultura de un indio desnudo, hecha alrededor de 1930. Las damas de beneficencia la consideraron impúdica y la tiraron; dicen que terminó en el río Negro», relató. A partir de allí, explicó, comenzó un proceso de embellecimiento urbano impulsado por los hermanos Boletti, quienes promovieron el llamado «plan de envejecimiento de la ciudad». «La idea era arreglar parterres, veredas y poner esculturas en la calle.
Todas las primeras esculturas las pusieron ellos», señaló. Más tarde, esa posta fue tomada por Fabriciano Gómez, quien consolidó el proyecto y dio origen a las Bienales de Escultura. «Al principio eran anuales, después pasaron a ser bienales y se hacían en la plaza 25 de Mayo. Luego se trasladaron al Domo del Centenario», explicó.
Aunque inicialmente lamentó el traslado, Pérez Beveraggi reconoció que fue una decisión acertada: «Junta tanta gente que en la plaza no daría abasto». Y confirmó que este año la Bienal volverá a realizarse en julio.
Con diez libros publicados, la mayoría dedicados a Resistencia, el escritor continúa trabajando en la recuperación de la historia local.

