El reciente dato de inflación difundido por el gobierno nacional volvió a ubicar el debate económico en el centro de la escena pública, en un contexto atravesado por expectativas, controversias metodológicas y revisiones de metas oficiales.
La cifra de 2,9% correspondiente al último mes se conoció luego de una semana signada por cuestionamientos en torno a la decisión de no actualizar la metodología del índice, lo que generó un clima de incertidumbre previo a la publicación.
En ese marco, el número fue evaluado como negativo no solo por su magnitud, sino por el entorno de sospecha que lo precedió y por la distancia respecto de las proyecciones oficiales y privadas.
Alejandro Pegoraro, director de la Consultora Politikon, entrevistado por Radio Natagalá, explicó que, independientemente del resultado, su valor iba a impactar en su lectura pública.
En términos estrictos, el 2,9% mensual se ubicó por encima de las previsiones del mercado, que estimaban un rango de entre 2,4% y 2,5%, y también superó las referencias previas realizadas por el propio Ministerio de Economía.
El especialista remarcó que el dato no solo fue superior a las expectativas, sino que consolida una secuencia preocupante: se trata del quinto mes consecutivo de aceleración inflacionaria.
Más allá de los factores coyunturales que pudieron influir en el registro puntual, el foco está puesto en la tendencia. «Lo preocupante es la tendencia», afirmó, al advertir que el sendero de desinflación promocionado por el Gobierno muestra signos de ruptura, incluso cuando la comparación interanual aún exhibe niveles más bajos que los observados en 2023 y 2024.
En ese sentido, Pegoraro consideró que las metas oficiales de inflación anual quedaron desactualizadas frente a la dinámica reciente. «Es una utopía pensar en el 10% anual que había proyectado el gobierno nacional», señaló, al indicar que dicha previsión ya resultaba de «imposible cumplimiento» desde su formulación inicial.
Asimismo, calificó como «prácticamente imposible» la posibilidad de alcanzar registros cercanos a cero hacia agosto, tal como había sugerido el presidente en declaraciones previas, debido al elevado piso inflacionario y a los ajustes pendientes en diversos precios regulados.
FACTORES QUE EXPLICAN LA ACELERACIÓN
El análisis puntual del mes muestra que algunos rubros específicos tuvieron un impacto significativo en el resultado general. Entre ellos, los alimentos se destacaron por registrar incrementos cercanos al 5%, lo que traccionó el índice hacia arriba dada su elevada ponderación en la canasta vigente.
Si bien el comportamiento de estos componentes puede responder a factores estacionales o coyunturales, su incidencia sobre el total resulta determinante en un esquema donde el consumo básico continúa teniendo un peso relevante en la medición oficial.
El economista subrayó que el problema no se agota en el dato de enero, sino que se proyecta hacia los meses siguientes. Indicó que los ajustes tarifarios, el retiro de subsidios y otras correcciones de precios relativos comenzarán a sentirse con mayor intensidad entre febrero y marzo.
En ese escenario, anticipó que el primer trimestre del año podría sostener niveles inflacionarios elevados, en contraste con las expectativas de desaceleración que se habían instalado en la segunda mitad del año anterior.
La región del Nordeste Argentino ofrece, según el análisis, un anticipo de lo que podría ocurrir a nivel nacional. En enero, el NEA registró una inflación del 3,8%, por encima del promedio nacional, impulsada en gran medida por el impacto de tarifas.
Este comportamiento diferencial pone de relieve la sensibilidad del índice ante las actualizaciones de servicios públicos, cuyo efecto comenzará a generalizarse en el resto del país durante los próximos meses. Además de las tarifas energéticas, el calendario de aumentos estacionales añade presión adicional.
Debate sobre la metodología del Indec
La controversia en torno a la actualización metodológica del índice de precios añadió un componente técnico al debate político y económico.
Pegoraro explicó que, de haberse aplicado la nueva metodología en enero, el resultado habría sido levemente inferior: «Hubiese dado 2,8%».
Sin embargo, aclaró que el impacto inicial habría sido excepcional, ya que en ese mes los alimentos -que perderían peso relativo en la nueva canasta- fueron los principales impulsores del aumento.
El especialista advirtió que la situación podría invertirse a partir de febrero y marzo. «Aplicar la metodología nueva te va a dar un número más alto», sostuvo, al señalar que el nuevo esquema otorga mayor ponderación a los servicios, rubro que actualmente concentra los mayores ajustes.
En ese contexto, la modificación metodológica no actuaría como un factor de alivio estadístico, sino que podría reflejar con mayor intensidad los incrementos tarifarios y de otros servicios regulados.
La actualización de la canasta responde a la necesidad de adecuar la medición a los patrones de consumo actuales. La base vigente se sustenta en una estructura de gastos correspondiente a 2004, lo que implica que ciertos bienes y servicios hoy obsoletos aún figuren en la medición, aunque con baja incidencia. El economista mencionó como ejemplo que «tenés todavía dentro de la medición cosas que ya son obsoletas que ya nadie las usa», al ilustrar la distancia entre la canasta actual y los consumos contemporáneos.
La incorporación de servicios digitales, plataformas y una mayor ponderación de telefonía celular e internet constituye uno de los cambios centrales del nuevo esquema.
En 2004, el acceso a wifi o telefonía móvil no estaba universalizado, mientras que hoy se trata de consumos esenciales para estudiar, trabajar y comunicarse. La actualización metodológica, por lo tanto, apunta a dotar al índice de mayor representatividad respecto de la estructura real de gastos de los hogares argentinos.
Desafíos a corto plazo
De cara a los próximos meses, el panorama aparece condicionado por la combinación de ajustes tarifarios, incrementos estacionales y la posible implementación de una nueva metodología de medición.
Pegoraro consideró que el primer trimestre se desarrollará con niveles inflacionarios elevados y que la convergencia hacia registros significativamente menores dependerá de la capacidad de absorber estos impactos sin generar nuevas presiones.
La distancia entre las metas oficiales y la dinámica observada plantea interrogantes sobre la viabilidad de los objetivos anunciados. Con cinco meses consecutivos de aceleración, la consolidación de un sendero descendente exige condiciones macroeconómicas más estables y una desaceleración sostenida en los componentes más sensibles del índice.
En este marco, el desafío central radica en recomponer expectativas y recuperar credibilidad en torno a las proyecciones.

