Un incidente que, de comprobarse, significará un nuevo escándalo en la Policía del Chaco, tendría como involucrados a agentes y a detenidas.
La madre de una de las supuestas víctimas relató en un desgarrador posteo en redes sociales el (presunto) violento accionar de la Policía chaqueña contra su hija (12) y sus amigas, también menores de edad, ocurrido el martes 10 en pleno centro de Resistencia.
Según la denuncia -que publicó el portal judicial Litigio-, las niñas fueron acusadas de robar en un comercio y trasladadas a la comisaría Segunda, donde fueron fotografiadas contra la pared y estuvieron a punto de ser ingresadas en celdas junto a adultos detenidos que proferían gritos de contenidos sexual y obscenidades.
Según el testimonio, las niñas paseaban por la peatonal y realizaron compras en un comercio, abonadas mediante la aplicación de Mercado Pago, cuando al salir fueron interceptadas por efectivos policiales que las zamarrearon, las acusaron de robo sin pruebas y las sometieron a un procedimiento intimidatorio que incluyeron requisas en la vía pública, insultos y la obligación de arrojarse al piso.
EL HECHO
Todo ocurrió sin que mediara identificación de los agentes ni explicación alguna sobre los motivos de la intervención.
El relato detalla que la acusación, inicialmente vinculada a un perfume, luego se transformó en un lápiz labial y finalmente en un lápiz, mientras las menores eran requisadas junto a sus pertenencias sin que se les encontrara ningún objeto sustraído.
La situación escaló con la llegada de más de 12 efectivos y 3 móviles policiales que rodearon a las niñas (12, 14 y 15), aterrorizadas en la vía pública.
Siempre basándose en ese testimonio, los agentes intentaron esposarlas y subirlas a la caja de una camioneta policial, al tiempo que obstaculizaban la comunicación con sus responsables parentales, a quienes recién pudieron alertar cuando estaban a punto de ser trasladadas.
La intervención de las madres y padres en el lugar no logró frenar el accionar policial. A pesar de exigir explicaciones y denunciar que no existía delito alguno, las niñas fueron subidas a los patrulleros y trasladadas a la División Medicina Legal, donde una profesional, sin identificarse ni explicar el protocolo, obligó a las menores a levantar sus remeras y quedar semidesnudas, llegando incluso a exigirle a una de ellas que retirara una venda que cubría una lesión en su rodilla para mostrar partes de su cuerpo, todo ello sin consentimiento ni información adecuada.
ATROPELLO
SIN LíMITES
En la comisaría Segunda Metropolitana la violencia institucional se profundizó. Las niñas fueron fotografiadas contra la pared y estuvieron a punto de ser ingresadas en celdas junto a adultos detenidos que proferían gritos de contenidos sexuales y obscenidades.
Los padres solicitaron que fueran resguardadas en otro sector para evitar el daño sicológico, pero el pedido fue ignorado durante media hora, mientras los efectivos se burlaban de la situación.
Recién después de más de tres horas de privación ilegítima de la libertad, el propio personal policial reconoció que en el video aportado por el comercio no se observaba robo alguno, aunque nunca permitieron a las familias acceder a esas imágenes.
Las niñas fueron liberadas sin cargo ni prueba que justificara el procedimiento.
MUCHAS
PREGUNTAS
El posteo plantea interrogantes sobre el trato que reciben las infancias y adolescencias por parte de las fuerzas de seguridad, y advierte que lo ocurrido constituye una vulneración grave de derechos consagrados en la Constitución nacional, la Convención sobre los Derechos del Niño y la Ley 26.061 de Protección Integral.
DENUNCIA
La madre denunció que el accionar policial no solo fue desproporcionado, sino que se enmarca en un contexto social donde ciertos discursos promueven la criminalización de la juventud y el endurecimiento punitivo como falsas soluciones a problemáticas complejas.
En ese sentido, subraya que la niñez no puede ser tratada como enemiga ni sospechosa por definición, y que el Estado tiene la obligación reforzada de garantizar su protección e integridad.
El relato cierra con una exigencia contundente: que se investigue lo ocurrido, se determinen responsabilidades y se adopten medidas concretas para que hechos de esta naturaleza no se repitan. Además, invita a la reflexión sobre la situación de aquellos niños y adolescentes que no cuentan con el acompañamiento inmediato de sus familias, y que podrían quedar aún más expuestos a la violencia institucional.
«Con la juventud, ¡no!», concluye el texto que ya circula masivamente en redes sociales y que suma adhesiones de organizaciones de derechos humanos y vecinos de la ciudad de Resistencia.

