Uno de los aliados que tiene el oficialismo en el Congreso, el salteño Gustavo Sáenz busca ser un factor aglutinante de otros gobernadores, quizás con mayor margen de maniobra que el propio gobernador de La Rioja, cuyas idas y vueltas con el kirchnerismo no lo beneficiaron. A nivel partidario, es crítico por la falta de conducción nacional del PJ y acusa a Cristina Kirchner de ejercer una «dictadura del pensamiento» en el peronismo. Enfatiza que pelea por el federalismo, que la administración de Javier Milei, con su programa, «debe tener en cuenta también el ‘mientras tanto’, la transición, para que el equilibrio social acompañe al equilibrio fiscal. Con equilibrio fiscal, que es muy importante, solo no se come, no se educa».
«Soy uno, junto con otros gobernadores, de los que le dimos gobernabilidad a la administración nacional, a pesar de haber soportado estoicamente insultos y una serie de cuestiones que no eran adecuadas por parte del Presidente. Entendimos que era su forma de ser y que teníamos que dejar de lado esos aspectos y pensar en la Argentina, antes que en nada», dijo Sáenz, consciente de que los tiempos reclaman nuevas canciones en un peronismo que se vino resignando a la agenda personalista de la expresidenta, para quien todo gira en torno a su situación judicial o su pertinencia en sostener políticamente a Máximo Kirchner en un distrito como el bonaerense, que no se reconoce blasones propios.
En ese contexto, también remarca que la situación, en general, de las provincias en lo económico-financiero es muy complicada. Está persuadido de que los funcionarios nacionales deberían hacer un esfuerzo por comprender las diversas realidades del país. «Hay que sentarse provincia por provincia. Los gobernadores atendemos y entendemos la agenda nacional. Acompañamos cuando hay que acompañar y nos oponemos cuando afecta intereses provinciales. Pero ellos deben entender que también tenemos agendas provinciales, deben escucharlas, atenderlas. Hay realidades muy diversas».
Sáenz cuestionó a la conducción formal del partido y afirma que «se ha convertido en una PyME familiar». Reclamó una renovación profunda, más apertura interna y un corrimiento hacia posiciones de centro, al tiempo que denuncia intentos de disciplinamiento sobre gobernadores y dirigentes que no se alinean con la conducción nacional, con medidas intervencionistas que, en los hechos, han venido siendo consentidas por una justicia electoral claudicante que se dio el lujo, en las últimas semanas, a nivel de la Cámara Electoral Nacional, de sentar un precedente inédito al habilitar un recurso que la propia ley prohíbe para perjudicar al intendente de Tigre en beneficio de un sector vinculado a Massa que, por momentos, juega con el ropaje del Frente Renovador y, por momentos, habla, actúa y opera como parte del peronismo, siempre con ventajas que van en desmedro del PJ.
El fin de Cristina Kirchner
—Lo vengo planteando hace mucho, desde que tomé la decisión de un frente provincialista que venimos manteniendo con el PJ incluido. Lamentablemente, el partido se ha convertido en una PyME familiar, un juguete del hijo para poder manejarlo con sus amigos, y hay un ensañamiento con algunas provincias como Salta, Jujuy, Misiones y, de hecho, Corrientes. Nos preocupa porque el PJ ha dejado de ser una alternativa; se pretende disciplinar con intervenciones; no dejan a los afiliados que elijan… Intervienen, sancionan a los que votan lo que ellos no quieren. Tienen que renovar el partido, no reciclarlo, hacerlo más de centro, ya que cada vez el PJ se parece más al Partido Obrero o al Partido Comunista. Alguna vez, Perón dijo que le habían llenado de comunistas el partido; hace tiempo que vemos más posturas intransigentes de izquierda, de decirle que no a todo. También tienen que entender a muchos gobernadores que tenemos que sobrevivir; los senadores y diputados no tienen que decidir todos los días ni resolver problemas a diario en medio de una pandemia económica. No estamos pensando en las elecciones, en qué candidato poner a dedo, en qué jueces van a elegir, si amplían la Corte Suprema, quiénes van a la Auditoría. Esas son cuotitas de poder que se pelean desde otros lugares; nosotros tenemos que gobernar para todos. Molesta mucho que desde un partido se pretenda disciplinar a los que opinamos distinto, a los que no estamos de acuerdo en cómo se ha manejado; es momento de un paso al costado que demostraría grandeza, que los que estuvieron dejen que la historia los juzgue. Es momento de renovarse, de convertirse en una alternativa confiable y no veo voluntad de que se haga. Conmigo han hecho la semejante canallada de mencionarme en la causa de los Cuadernos. Me he presentado en Comodoro Py, espontáneamente, para ponerme a disposición de la Justicia; he dejado un escrito para contar la verdad. Esa fue una forma más de pretender callarme o disciplinarme y no lo van a lograr. Digo lo que pienso, lo que siento y respeto al que opina distinto; para mí no es un enemigo, es un adversario. Con los que piensan distinto podemos sentarnos a conversar y buscar un entendimiento; no necesitamos de latigazos.
La relación con la Casa Rosada
Al referirse a ello, expresó que «como lo hicimos desde el primer momento, decidimos acompañar al Gobierno elegido legítimamente, darle las herramientas necesarias para que gobierne. Se planteó varias veces que los gobernadores, a través de los legisladores en el Congreso, impedían que llevara adelante sus proyectos. Soy uno que, junto con otros, le dimos gobernabilidad, a pesar de haber soportado estoicamente insultos y una serie de cuestiones que no eran adecuadas por parte del Presidente. Entendimos que era su forma de ser y que teníamos que dejar de lado esos aspectos y pensar en la Argentina, antes que en nada».
En relación al trato
—Noté un cambio en una reunión —y lo dije claramente— en la actitud del Presidente. Fue cuando habló de diálogo y consenso. Veníamos de un diálogo fluido con los ministros y con distintos actores, pero sin resultados. Destaco la labor de (Guillermo) Francos y de muchos de ese momento que se comprometían, pero después no se cumplían las cosas porque no tenían las herramientas. Las cosas no se resolvían. Los acuerdos no se respetaban, la situación se agravaba.
¿Axel Kicillof, candidato a presidente?
—Todos tienen derecho a ser candidatos, lo dice la Constitución Nacional. Lo veo candidato como veo a muchos; tiene derecho a serlo, pero es muy anticipado hablar de eso. Creo que tiene que haber una interna; el partido no debe cerrarse, no debe ser sectario, excluyente. Tiene que dar la posibilidad a dirigentes políticos nacionales jóvenes que quieren una Argentina diferente; tienen que permitir que se elija libremente, que los candidatos no sean impuestos por una persona u otra. La gente no quiere eso. Hubo claros mensajes en las últimas elecciones y esos mensajes son para todos; todas las elecciones son diferentes y eso hay que tenerlo en claro. Dependen del humor social, del cansancio de la gente de los políticos.

