Mientras gran parte del país transitaba el descanso de Semana Santa, la campeona olímpica y médica Paula Pareto eligió otro camino: meterse de lleno en el interior profundo del Chaco para atender a familias que viven donde el Estado muchas veces llega tarde, mal o directamente no llega.




Pareto llegó el jueves por la noche a Tres Isletas y fue directo al hospital zonal. Trabajó hasta las 22, descansó en una escuela acondicionada como alojamiento y al día siguiente siguió rumbo a otros dos pueblos del interior, con jornadas de 15 horas entre controles, atención primaria y asistencia comunitaria.
La exjudoca, símbolo del deporte argentino, pasó varios días en Tres Isletas y parajes rurales cercanos, donde encabezó jornadas médicas de más de 15 horas junto a un equipo de profesionales y voluntarios. La primera escala fue el hospital zonal de la localidad, pero el operativo siguió en pequeños pueblos y comunidades alejadas, donde las carencias sanitarias forman parte de la vida cotidiana.
La imagen es tan poderosa como incómoda: una figura mundial del deporte argentino viajando más de 14 horas para cubrir, aunque sea por unos días, lo que debería estar garantizado de manera permanente por el sistema sanitario.
La propia Pareto resumió el trasfondo de la experiencia con una frase que golpea de lleno sobre una realidad histórica del norte argentino: “No es justo que por nacer lejos de las grandes ciudades existan familias que no cuenten con los recursos necesarios para una vida digna”.

Mientras la agenda política discute números y discursos, la realidad del interior profundo volvió a quedar al desnudo por un gesto que sacudió al país: la campeona olímpica y médica Paula Pareto eligió pasar Semana Santa en el monte chaqueño, atendiendo a familias de Tres Isletas y pequeños parajes rurales, donde el acceso a la salud sigue siendo una carrera cuesta arriba. (Fotos redes Paula Pareto)
El recorrido arrancó el jueves a las 5 de la mañana y recién a las 19 llegaron a Tres Isletas. Sin escalas, fueron directo al hospital zonal y trabajaron hasta las 22. Luego descansaron en una escuela que funcionó como alojamiento improvisado para el equipo. El viernes y sábado el despliegue continuó en otros dos pueblos, nuevamente con jornadas maratónicas desde las 7 hasta las 22.
Pero más fuerte que su presencia fue el mensaje que dejó:
Paula Pareto
“No es justo que por nacer lejos de las grandes ciudades haya familias que no tengan los recursos necesarios para una vida digna”, escribió la médica y exjudoca, en una frase que golpea directo sobre una herida histórica del Chaco.
“Rotos sí, felices sí”, resumió Pareto, reflejando la intensidad y la satisfacción que dejó cada jornada.
Lejos de la foto fácil, la presencia de Pareto en el monte chaqueño volvió a poner sobre la mesa una discusión incómoda: la profunda desigualdad que existe entre quienes viven en las grandes ciudades y quienes nacen en zonas rurales del Chaco, donde una consulta médica especializada todavía puede ser un privilegio.
La visita fue impulsada junto a la organización Todo por Todos, que desde hace años sostiene operativos sanitarios en regiones vulnerables del país. Pero más allá del gesto solidario, el paso de la campeona olímpica dejó expuesta una verdad que en el interior conocen demasiado bien: en el Chaco profundo, la salud todavía depende muchas veces de la voluntad de quienes deciden ir, porque la estructura no alcanza.
Tuvo que venir una campeona olímpica para mostrar la deuda sanitaria del Chaco profundo




Paula Pareto recorrió Tres Isletas y parajes rurales en Semana Santa: atendió gratis, durmió en una escuela y expuso la desigualdad que viven las familias lejos de las ciudades.

