La escuela secundaria argentina enfrenta desafíos cada vez más complejos y quienes trabajan diariamente dentro de las aulas tienen una mirada predominantemente crítica sobre el presente del sistema educativo. Así surge del informe técnico “Repensar la escuela secundaria: Problemas, resistencias y reformas posibles desde la mirada de docentes y directivos”, elaborado en conjunto por el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA) y Asociación Conciencia.
El estudio reunió las respuestas de 1.148 docentes, directivos y otros actores educativos pertenecientes a unas 750 escuelas secundarias de todo el país, con el objetivo de conocer cómo perciben el estado actual de la educación, los cambios implementados en los últimos años y las posibles reformas necesarias para mejorar el funcionamiento del nivel medio.
Los resultados reflejan un escenario atravesado por preocupaciones persistentes vinculadas con la motivación estudiantil, el ausentismo, las dificultades pedagógicas y las resistencias frente a algunas de las transformaciones impulsadas recientemente en el sistema educativo.
Una mirada
crítica
La evaluación general realizada por los educadores mostró una percepción poco favorable sobre la situación de la educación secundaria en Argentina.
En una escala de uno a cinco puntos, la valoración promedio del sistema educativo nacional alcanzó apenas 2,5 puntos. Sin embargo, cuando se les consultó sobre la institución en la que trabajan, la calificación ascendió a tres puntos.
Los investigadores señalaron que esta diferencia confirma la vigencia de la denominada “paradoja educativa”, un fenómeno según el cual los actores escolares suelen evaluar con mayor dureza al sistema educativo en general que a la realidad cotidiana de su propia escuela.
La brecha resultó especialmente marcada en los establecimientos privados y en aquellos que atienden a sectores socioeconómicos más favorecidos.
El principal problema
Entre todas las problemáticas analizadas, la falta de motivación e interés de los estudiantes apareció como la más preocupante.
El 82,3% de los educadores consideró que se trata de un problema importante dentro de la escuela secundaria, mientras que el 56,8% la ubicó entre los tres desafíos más graves que enfrenta actualmente el sistema.
A diferencia de otras dificultades que presentan variaciones según la región o el contexto social, la desmotivación estudiantil surgió como un fenómeno transversal que afecta por igual a escuelas urbanas y rurales, estatales y privadas.
Los investigadores destacaron que esta problemática constituye uno de los mayores desafíos para la educación secundaria contemporánea, ya que impacta directamente en los procesos de aprendizaje, la participación en clase y las trayectorias escolares de los adolescentes.
El ausentismo,
una preocupación
El segundo problema más mencionado por docentes y directivos fue el ausentismo estudiantil.
El 73,8% de los encuestados señaló que las inasistencias de los alumnos representan una dificultad significativa para el funcionamiento escolar. La preocupación fue aún mayor en los establecimientos estatales, donde el porcentaje ascendió al 79%.
También se registraron diferencias importantes según el nivel socioeconómico de los estudiantes. En las escuelas que atienden a sectores más vulnerables, el ausentismo apareció con una intensidad considerablemente superior a la observada en instituciones de sectores medios y altos.
A esta situación se suma la preocupación por las inasistencias docentes. El 43,9% de los participantes identificó este fenómeno como un problema importante, especialmente en escuelas estatales y en contextos de menores recursos.
Para los autores del informe, estos datos muestran que garantizar la continuidad pedagógica sigue siendo una de las tareas pendientes más importantes de la educación secundaria argentina.
Cambios bajo cuestionamiento
La encuesta también indagó acerca del impacto de las reformas implementadas durante los últimos años.
Los resultados revelaron que el 71% de los educadores identificó al menos un cambio con consecuencias negativas, mientras que solo el 45% reconoció algún efecto positivo.
Las críticas se concentraron especialmente en dos aspectos: el régimen académico y los sistemas de evaluación.
El 60,7% consideró negativo el impacto de los cambios vinculados al régimen académico, mientras que el 56,9% expresó una valoración desfavorable sobre las modificaciones en los mecanismos de evaluación.
Las opiniones más críticas provinieron de docentes que se desempeñan en escuelas privadas, técnicas y de gran matrícula.
Según los investigadores, estos datos reflejan que una parte importante de los actores educativos considera que algunas reformas no lograron responder adecuadamente a los problemas estructurales que enfrenta la escuela secundaria.
El debate sobre
la repitencia
Uno de los puntos más controvertidos analizados en el estudio fue la eliminación de la repitencia tradicional y su reemplazo por sistemas de aprobación por materias.
La medida cosechó un rechazo mayoritario entre los educadores. El 60,8% manifestó estar en desacuerdo, mientras que el 28,7% expresó su apoyo.
No obstante, el informe mostró diferencias significativas según el contexto institucional.
El respaldo resultó considerablemente más alto en escuelas rurales y en aquellas que atienden a estudiantes de sectores socioeconómicos bajos. También fue mayor entre los directivos que entre los docentes.
Para los autores, el hecho de que casi tres de cada diez educadores apoyen la iniciativa demuestra que la discusión sobre la repitencia continúa abierta y que existen distintas miradas sobre cuál es la mejor estrategia para garantizar trayectorias escolares exitosas.
Inuevas metodologías
A pesar de las críticas sobre algunos cambios recientes, la encuesta mostró una fuerte predisposición a impulsar transformaciones pedagógicas.
El 74,2% de los participantes consideró que debería profundizarse el uso de metodologías activas de enseñanza, como el aprendizaje basado en proyectos, las experiencias colaborativas o las propuestas centradas en la resolución de problemas.
Este respaldo fue particularmente elevado entre directivos y docentes con menor antigüedad, perfiles que suelen estar más vinculados a procesos de innovación educativa.
Al mismo tiempo, el 62,1% sostuvo que la currícula oficial limita, en alguna medida, la incorporación de nuevas estrategias pedagógicas dentro de las aulas.
Los resultados evidencian una demanda creciente por modelos de enseñanza más flexibles, participativos y adaptados a las formas actuales de aprendizaje de los adolescentes.
Celulares: integración
Otro tema que formó parte del relevamiento fue el uso de teléfonos celulares en las escuelas.
Frente a un debate que se replica en numerosos países, la opción que obtuvo mayor apoyo fue la integración pedagógica de los dispositivos.
El 41,6% de los encuestados consideró que los celulares deberían incorporarse a las actividades educativas mediante propuestas planificadas y con objetivos pedagógicos claros.
La alternativa superó tanto a la prohibición total como a las restricciones parciales.
Los niveles más altos de aceptación se registraron en escuelas rurales y en establecimientos de sectores socioeconómicos más bajos.
Para los investigadores, estos resultados muestran una creciente disposición a aprovechar las tecnologías digitales como herramientas educativas en lugar de concebirlas únicamente como una fuente de distracción.
Más autonomía para las escuelas
La autonomía institucional apareció como uno de los aspectos con mayor nivel de consenso.
El 91% de los participantes identificó al menos un área que podría mejorar si las escuelas contaran con mayores márgenes de decisión.
La dimensión mejor valorada fue la relacionada con las prácticas vinculadas al mundo del trabajo. El 72% sostuvo que una mayor autonomía permitiría fortalecer los vínculos entre la escuela y los procesos de formación laboral.
También se registraron opiniones favorables respecto de la posibilidad de adaptar propuestas curriculares, administrar recursos y desarrollar proyectos acordes a las necesidades de cada comunidad educativa.
Sin embargo, el apoyo disminuyó cuando la autonomía implicaba ampliar facultades para decisiones disciplinarias o de gestión de personal.
La relación
con las familias
La participación familiar también ocupó un lugar destacado en el relevamiento.
El 58,2% de los educadores percibió un bajo nivel de involucramiento de las familias en las trayectorias educativas de los estudiantes.
La situación resultó más marcada en escuelas estatales, urbanas y de sectores socioeconómicos bajos.
Sin embargo, esa percepción no se tradujo en una aceptación generalizada de una mayor intervención de madres y padres en las decisiones institucionales.
Casi la mitad de los encuestados se manifestó en desacuerdo con la posibilidad de que un Consejo de Padres participe en la definición del Proyecto Educativo Institucional, mientras que más del 70% rechazó que pudiera intervenir en la selección de los equipos directivos.

