La recuperación de algunos indicadores macroeconómicos observada durante 2025 todavía no logró traducirse en una mejora sustancial de las condiciones laborales de los argentinos. Así lo advirtió el nuevo informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (Odsa) de la Universidad Católica Argentina (UCA), que describió un mercado de trabajo atravesado por la precariedad estructural, la informalidad persistente y una creciente fragmentación ocupacional.
El documento estadístico «Escenario laboral 2010-2025: entre la crisis estructural y la incertidumbre de las expectativas», elaborado por Eduardo Donza y coordinado por Agustín Salvia, concluyó que apenas el 38,8% de la población económicamente activa mayor de 18 años accedió durante 2025 a un empleo pleno de derechos, es decir, con aportes previsionales y protección laboral.
Al mismo tiempo, el informe señaló que el 27% de los trabajadores se desempeñó en empleos precarios, mientras que otro 24,1% se encontró en situación de subempleo inestable, realizando changas, trabajos temporarios, tareas no remuneradas o desempeñándose en programas de empleo con contraprestación. A ello se sumó una tasa de desempleo del 10,1%.
En otras palabras, más de seis de cada diez trabajadores argentinos permanecieron fuera de los estándares de empleo formal y protegido.
Los investigadores remarcaron que el deterioro laboral no constituye un fenómeno reciente, sino la expresión de problemas estructurales acumulados durante años y profundizados por sucesivas crisis económicas, la pandemia de Covid-19 y los cambios de orientación económica implementados en los últimos años.
El avance del sector informal
Uno de los aspectos más preocupantes del estudio fue la consolidación del sector microinformal como principal refugio laboral para millones de personas.
Según los datos relevados por la Encuesta de la Deuda Social Argentina, el 55,8% de los ocupados trabajó durante 2025 en actividades de baja productividad, caracterizadas por escasa estabilidad, bajos ingresos y débil vinculación con los mercados formales.
El informe explicó que este universo está integrado por trabajadores autónomos no profesionales, pequeños emprendimientos familiares, changarines, vendedores informales y actividades económicas de subsistencia.
Por el contrario, solamente el 30,7% de los ocupados desarrolló tareas en el sector privado formal, mientras que el empleo público representó el 13,5% del total.
Los autores observaron que durante el período 2023-2025 el empleo generado se concentró casi exclusivamente en el autoempleo informal. Frente a la pérdida de puestos de trabajo o la dificultad para conseguir ocupaciones registradas, una parte importante de la población recurrió a actividades independientes de baja productividad para sostener sus ingresos.
«Ante la crisis, la población no queda desocupada, sino que se vuelca al refugio de las actividades del sector microinformal», sostuvo el documento.
Más de la mitad no realiza aportes
La investigación también reveló un marcado deterioro en materia de protección social.
Durante 2025, el 54,5% de los trabajadores ocupados no contó con aportes al sistema de seguridad social, una proporción que se ubicó entre las más elevadas de toda la serie analizada. La situación resultó especialmente crítica entre los trabajadores por cuenta propia.
El informe indicó que el 75,6% de los autónomos no realizó aportes jubilatorios, mientras que el 38% de los asalariados tampoco recibió contribuciones previsionales por parte de sus empleadores.
A esta problemática se sumó la falta de cobertura médica. El estudio determinó que el 42,8% de los trabajadores careció de obra social, mutual o medicina prepaga.
Para los especialistas, estos indicadores reflejan una creciente vulnerabilidad laboral que trasciende las estadísticas de desempleo y expone las limitaciones del sistema productivo argentino para generar empleos estables y protegidos.
Ingresos deteriorados
Otro de los hallazgos centrales del informe estuvo relacionado con la evolución del poder adquisitivo de los trabajadores.
Tomando como referencia valores constantes del tercer trimestre de 2025, la capacidad de compra del ingreso laboral promedio cayó 20,6% entre 2010 y 2025.
Mientras que hace quince años el ingreso medio mensual equivalía a $1.176.699 actuales, en 2025 descendió a $934.153.
Los investigadores observaron que la evolución salarial estuvo estrechamente vinculada a los distintos ciclos económicos atravesados por el país. Tras un período de relativa estabilidad entre 2010 y 2013, los ingresos comenzaron una trayectoria descendente que se profundizó entre 2017 y 2023.
Aunque durante 2025 se verificó una leve recuperación respecto del año anterior, el balance general continuó siendo negativo.
La caída fue todavía más pronunciada cuando se analizó la remuneración por hora trabajada. Entre 2010 y 2025 el ingreso horario promedio perdió un 31,2% de su capacidad de compra.
El deterioro afectó especialmente a los trabajadores estatales, cuyo ingreso horario registró una reducción acumulada del 40,8%. En el sector privado formal la pérdida alcanzó el 21,6%, mientras que en el sector microinformal llegó al 27,8%.
Una brecha cada vez más profunda
El estudio puso de manifiesto que la caída de los ingresos no impactó de manera homogénea sobre todos los trabajadores.
Las mayores pérdidas se registraron entre quienes ocupan los puestos más precarios del mercado laboral.
Durante 2025, el ingreso promedio de los trabajadores con subempleo inestable alcanzó apenas los $370.022 mensuales, un monto 60,4% inferior al promedio general de los ocupados.
Por su parte, quienes se desempeñaron en empleos precarios percibieron ingresos medios de $768.146 mensuales.
En contraste, los trabajadores con empleo pleno de derechos obtuvieron ingresos promedio de $1.378.633.
La serie histórica mostró además que los sectores más vulnerables fueron los que sufrieron los mayores retrocesos en términos reales. Entre 2010 y 2025, los ingresos de los trabajadores con subempleos inestables se redujeron un 32,5%, mientras que los ocupados en empleos precarios perdieron un 18,7%.
Entre quienes contaban con empleo formal, la disminución fue considerablemente menor, aunque igualmente significativa, con una caída acumulada del 7,8%.
Trabajar y seguir siendo pobre
Quizás uno de los indicadores más contundentes del deterioro laboral sea el crecimiento del fenómeno de los trabajadores pobres.
De acuerdo con la investigación, el 19,7% de las personas ocupadas residió durante 2025 en hogares cuyos ingresos no alcanzaron para superar la línea de pobreza.
La incidencia fue especialmente elevada entre quienes trabajaron en el sector microinformal, donde el 26,2% de los ocupados perteneció a hogares pobres.
En el sector público la proporción alcanzó el 13,9%, mientras que entre los trabajadores del sector privado formal se redujo al 10,4%.
Los especialistas señalaron que esta realidad expresa los límites de un mercado laboral incapaz de garantizar ingresos suficientes incluso a quienes cuentan con una ocupación.
La persistencia de empleos de baja productividad, salarios insuficientes y relaciones laborales precarias contribuyó a consolidar este fenómeno que afecta a millones de trabajadores en todo el país.
trabajo doméstico
El informe también incorporó datos sobre el trabajo doméstico intensivo no remunerado, una dimensión habitualmente ausente de las estadísticas laborales tradicionales.
Los resultados mostraron que el 66,2% de las personas mayores de 18 años realizó de manera intensiva tareas domésticas durante 2024, frente al 56,5% registrado en 2010. La distribución de estas responsabilidades continuó siendo marcadamente desigual según el género.
Mientras el 82,6% de las mujeres desarrolló trabajo doméstico intensivo no remunerado, entre los varones la proporción alcanzó el 47,7%.
Los investigadores destacaron que las diferencias responden tanto a patrones culturales arraigados como a desigualdades persistentes en la organización de las tareas de cuidado dentro de los hogares.
Incertidumbre sobre el futuro
En las conclusiones del documento, Eduardo Donza sostuvo que la economía argentina ingresó en una etapa caracterizada por una relativa estabilización macroeconómica, pero sin avances significativos en la resolución de los problemas estructurales del mercado de trabajo.
El investigador advirtió que la expansión del empleo observada en los últimos años se produjo principalmente a través de actividades informales y de baja productividad, mientras los sectores formales continuaron mostrando dificultades para generar puestos de trabajo de calidad.
El informe planteó además interrogantes sobre la capacidad de las actuales políticas económicas para revertir esta tendencia.
«La incertidumbre» respecto de si la mejora macroeconómica observada durante 2024 y 2025 podrá transformarse en más inversión, producción y empleo genuino aparece como uno de los principales desafíos para los próximos años, señalaron los especialistas.
Mientras tanto, las estadísticas reflejan una realidad persistente: la mayor parte de los trabajadores argentinos continúa transitando un mercado laboral marcado por la precariedad, la informalidad y la pérdida sostenida de bienestar, en un contexto donde el crecimiento económico todavía no logra traducirse en mejores condiciones de vida para amplios sectores de la población.

