Del supuesto vínculo “madre e hija” no quedó nada: tras las condenas por el femicidio de Cecilia, Fabiana González rompió todo lazo con Marcela Acuña y pidió por escrito no verla ni compartir un solo espacio dentro del penal.
Tras ser condenadas por su participación en el femicidio de Cecilia Strzyzowski, Marcela Acuña y Fabiana González cumplen sus penas en la Unidad Penitenciaria N°1 de Mujeres, en el barrio Don Santiago de Resistencia. Aunque durante la investigación y el juicio se mostraron cercanas —incluso con relatos que las vinculaban como madre e hija—, la situación dentro del penal dista mucho de aquella imagen: Fabiana pidió formalmente no convivir con Acuña.
Según confirmaron fuentes penitenciarias, ambas están alojadas en el mismo establecimiento, pero en celdas separadas.
Acuña se encuentra en una celda múltiple, una de las más amplias del penal, de aproximadamente 4×4 metros, con baño privado y capacidad para cuatro personas. Actualmente comparte el espacio con otras dos internas. “La celda donde está Marcela es una de las más grandes y se respetan todos sus derechos”, señaló la alcaide principal.
Sin embargo, su adaptación al penal no fue sencilla. Autoridades detallaron que Acuña “no estaba siendo aceptada por la población carcelaria”, lo que generó conflictos de convivencia. También remarcaron que, desde su ingreso, “todas sus demandas las hizo mediante huelgas de hambre”.
En paralelo, Fabiana González fue trasladada a otra celda luego de presentar un pedido manuscrito para no compartir espacio con Acuña.
“Fue por voluntad de la interna, que solicitó por escrito no convivir con la interna Acuña, y eso se cumplió. Por esa razón están separadas”, explicó la alcaide Bazán.
El distanciamiento contrasta con lo expuesto durante el juicio, cuando González y su defensa afirmaron que Acuña la había acogido como a una hija desde los 15 años y que incluso “le había enseñado la vida”. Hoy, ese vínculo parece haberse desmoronado definitivamente tras las rejas.

