Un choque gravísimo ocurrido esta semana en el kilómetro 38 de la autopista Panamericana, en sentido hacia la Ciudad de Buenos Aires, dejó esta semana una imagen que va mucho más allá de un siniestro vial y abrió un debate profundo sobre el estado de la convivencia social.
Tras el fuerte impacto, el chofer del vehículo involucrado quedó inconsciente dentro de la cabina. Mientras se aguardaba la llegada de los servicios de emergencia, algunas personas que se encontraban en el lugar no optaron por asistir ni alertar, sino por saquear la mercadería que transportaba el camión accidentado. La escena fue registrada en imágenes que rápidamente se viralizaron en redes sociales, generando indignación y repudio.
El hecho no solo expone una conducta delictiva, sino también una alarmante pérdida de empatía frente al sufrimiento ajeno. En un contexto de emergencia, donde cada minuto puede ser clave para salvar una vida, la decisión de aprovecharse de la situación refleja una degradación del lazo social y de valores básicos como la solidaridad y el respeto.
Lejos de tratarse de un episodio aislado, situaciones similares se repiten en distintos puntos del país y parecen naturalizarse al calor de la crisis económica y la tensión social. Sin embargo, la necesidad o la oportunidad nunca pueden justificar el abandono de la humanidad frente a una persona herida.
Hoy fue ese chofer. Mañana podría ser cualquiera. La pregunta que queda flotando es incómoda pero necesaria: ¿en qué momento dejamos de ver al otro como un semejante y comenzamos a verlo como un botín?

