La figura de San Valentín combina historia, persecución religiosa y leyendas que, con el paso de los siglos, lo transformaron en el símbolo universal del amor. Según diversas tradiciones, fue un sacerdote —o incluso obispo— del siglo III que celebraba matrimonios en secreto en la antigua Roma, desafiando la prohibición impuesta por el emperador Claudio II. Por este motivo, fue arrestado y ejecutado un 14 de febrero, aunque el año exacto de su muerte no está confirmado.
El contexto histórico se sitúa en un período de persecución religiosa dentro del Imperio Romano. Se cree que Claudio II prohibió el matrimonio entre jóvenes para garantizar más soldados en sus ejércitos. Valentín, desobedeciendo la orden, continuó bendiciendo uniones de manera clandestina. La tradición también señala que durante su encarcelamiento realizó curaciones milagrosas y que antes de morir habría enviado una carta firmada “de tu Valentín”, relato que alimentó el vínculo con el amor romántico.

Con el tiempo, la Iglesia unificó la conmemoración de varios mártires llamados Valentín en una sola fecha: el 14 de febrero. En el año 494, el papa Gelasio I instituyó oficialmente la celebración cristiana para reemplazar antiguas festividades paganas como las Lupercalia. Durante la Edad Media, escritores como Geoffrey Chaucer vincularon la fecha con el amor romántico, consolidando su sentido actual.

A partir del siglo XX, la celebración adquirió un carácter mayormente laico y comercial. El intercambio de tarjetas, flores y chocolates se popularizó en Estados Unidos y luego se expandió a otros países. Hoy, el 14 de febrero es una de las fechas más celebradas en el mundo, combinando tradición, historia y expresiones modernas de afecto.

