Por Facundo Sagardoy
LA VOZ DEL CHACO
Hay libros que no se escriben, nacen cuando dos voces se sientan frente a frente y el lector, convocado en silencio, acerca también su silla para asistir al instante en que la palabra se vuelve arte y decide tejer la memoria de un pueblo.
Así llega, en pleno corazón de Corrientes -donde la historia brota en las veredas y los muros abiertos aún resguardan ecos antiguos- «Charlas entre un periodista y un historiador», publicado por Editorial D, como una conversación que encontró forma de libro sin perder su noble respiración.
En sus páginas, Rubén Duarte y Enrique Deniri conversan con la naturalidad de quienes saben que la voz es un puente, y la historia camina entre ellos evocando erguida como estandarte, desplegando sus hazañas y cicatrices como banderas.
Al leer estas páginas, el lector descubrirá un código cómplice en ese intercambio, nutrido de sentido por el pulso de uno de los mejores periodistas de Corrientes, entrelazándose al latido profundo y al dato preciso de uno de sus más distinguidos historiadores, en la paciencia del Archivo General de la Provincia, pulmón silencioso que respira conocimiento ceñido a la vigorosa raíz del mayor registro de los siglos en esta patria.
En este libro, la pregunta es un farol en la penumbra, la respuesta un mapa y el encuentro un territorio compartido donde la conversación deja de ser un simple cruce de palabras para transformarse en un espacio donde el pasado y el presente dialogan sin prisa.
«Un mano a mano entre el pasado y algo del presente», ilustra en su prólogo la abogada y periodista Inés Isabel Bobadilla, una arquitectura de voces donde una «sociedad literaria» combina «historia y filosofía» para desentrañar la más noble riqueza que deja el tiempo a su observador digno y sereno: el hecho.
MEMORIA QUE CAMINA
Aquí, entre estanterías que guardan siglos y papeles que parecen respirar en voz baja, el Archivo se torna símbolo: un templo laico donde la memoria no duerme y los documentos susurran a la audaz del surgimiento de una nueva huella, destinada a hallar los pasos del tiempo sobre este maravilloso y exuberante suelo.
Sus charlas recorren de punta a punta la identidad correntina: el puerto, puerta y promesa desde la orilla hacia el mar; la lengua guaraní, raíz ancestral; el federalismo, pulso político vivo; la cultura cívica y la educación como ejes de la vida pública; y las revoluciones tecnológicas.
Cada asunto se abre como una ventana al río y a la plaza, a la intimidad del hogar y al debate, proyectándose hacia la geografía mayúscula del pensamiento.
Figuras de la historia argentina atraviesan estas páginas con su propia densidad temporal: José de San Martín, Domingo Faustino Sarmiento e Hipólito Yrigoyen, entre otros.
Cada nombre trae consigo una época, una temperatura política, una encrucijada. Aquí, ya no como estatuas inmóviles, sino como próceres convocados a una mesa templada de rigor y preguntas abiertas.
Episodios como la Guerra de la Triple Alianza y el Congreso Provincial de 1821 se despliegan en conversación. El dato se enlaza con la interpretación como si ambos fueran hebras de un mismo tejido. Las fechas dejan de ser números fríos y adquieren respiración; los acontecimientos se iluminan desde distintos ángulos.
La memoria encuentra voz, y la voz encuentra sentido en el intercambio.
Los temas se encuentran con el mundo de hoy: elecciones, democracia, universidad, seguridad y debates del siglo XXI. La conversación se abre a temas de profunda actualidad como el liderazgo, la cultura política, la inteligencia artificial y los escenarios internacionales.
EL TIEMPO
COMO RED
Cada encuentro suma una capa al mapa que el libro ilustra. Corrientes dialoga con la Argentina, y la Argentina dialoga con el mundo. El tiempo deja de ser una línea recta para convertirse en una red: y cada hilo sostiene una historia y cada nudo conecta a generaciones.
En este cruce de palabras, la historia es una conversación permanente entre pasado y presente, las preguntas despiertan recuerdos, y los recuerdos iluminan caminos nuevos.
Y hacia el final, la palabra circula con la paciencia del río que conoce su cauce y con la energía del viento que cambia las velas sin anunciarse, nada queda inmóvil: todo vuelve a ser resignificado con un nuevo diálogo.
En estas páginas, la memoria camina con paso sereno y firme. Dos voces se encuentran y el tiempo escucha como testigo sigiloso de palabras que no se agotan en sí mismas.
Y la conversación permanece abierta, como una puerta que invita a sentarse en la ronda de la historia, donde el pasado reencarna en la voz y se convierte, una y otra vez, en presencia.

