El senador nacional y presidente del Partido Justicialista, Jorge Capitanich, difundió una declaración pública bajo el título “La Paz no puede esperar”, en la que formuló definiciones políticas y conceptuales sobre el escenario internacional, con un énfasis marcado en la necesidad urgente de desescalar conflictos armados y promover una agenda global centrada en la cooperación entre los pueblos y los gobiernos.
En su pronunciamiento, el legislador remarcó que el contexto actual exige un compromiso activo por parte de la comunidad internacional para fortalecer vínculos de hermandad y rechazar toda forma de confrontación bélica como mecanismo de resolución de disputas. En esa línea, expresó que la humanidad requiere “la hermandad de todos los pueblos y de los gobiernos del mundo para construir fraternidad, libertad e igualdad”.
Capitanich advirtió sobre el rol de determinados liderazgos internacionales, subrayando que no se necesitan “líderes con arrogancia que no respeten el derecho internacional ni las reglas básicas de convivencia civilizatoria de las comunidades humanas, independientemente de su raza, credo, religión, preferencias ideológicas o matices culturales”.
El senador remarcó que la agenda global debe priorizar mecanismos diplomáticos por sobre estrategias de confrontación. En ese sentido, sostuvo que “el mundo necesita recuperar de manera inmediata el diálogo como herramienta esencial para construir un mundo de hermanos”, subrayando que la negociación política y el entendimiento multilateral constituyen instrumentos centrales para evitar la profundización de los conflictos.
Asimismo, señaló que “nuestra agenda debe ser alentar la paz, no consentir la guerra” y añadió que “las vidas humanas no pueden ser motivo de negociación, de disputas palaciegas ni escudos humanos detrás de oscuros intereses”.
CONDENA A LA VIOLENCIA Y AL COMPLEJO ARMAMENTISTA
Capitanich enfatizó el deber de rechazar de manera categórica distintas formas de violencia organizada. Indicó que “es imprescindible condenar el terrorismo en cualquiera de sus formas, el narcotráfico y el uso extendido de armas sostenido por un complejo industrial manejado por fondos de inversión que hacen de la guerra, del uso de armas sofisticadas y del soborno un modus operandi que consolida la cultura de la muerte y del descarte”.
El legislador vinculó el fenómeno bélico con intereses económicos transnacionales, al aludir a la existencia de estructuras financieras que, según su planteo, encuentran en la producción y comercialización de armamento un incentivo para la perpetuación de conflictos armados. En ese marco, estableció una relación directa entre la industria armamentista, el soborno y la consolidación de dinámicas que erosionan el valor de la vida humana.
En consonancia con esa perspectiva, propuso como punto central de una agenda internacional “fin de todas las guerras y eliminación de armas nucleares, bacteriológicas y químicas, con una reducción de los gastos en defensa y reorientación de estos recursos para el desarrollo productivo con equidad social”.
Capitanich sostuvo que la reducción de gastos en defensa permitiría liberar recursos para impulsar estrategias de crecimiento económico con criterios de justicia distributiva.
Mensaje a la humanidad
El senador expuso un posicionamiento que trascendió la coyuntura inmediata inscribiéndose en una tradición política que concibe la paz no sólo como ausencia de guerra, sino como resultado de un entramado institucional, económico y ético basado en el multilateralismo, la justicia distributiva y el respeto al derecho internacional, proponiendo una reorientación estructural de prioridades globales en la que el desarrollo con equidad y la cooperación entre Estados sustituyeran a la lógica de confrontación y acumulación estratégica.
Democracia, justicia fiscal
y desarrollo sostenible
El senador remarcó la necesidad de “recuperar a la democracia como el vehículo de prosperidad y convivencia de los gobiernos y pueblos del mundo, promoviendo la felicidad de los pueblos y la grandeza de los países”.
El documento también incorpora una dimensión vinculada al combate de economías ilícitas y prácticas financieras opacas. En ese marco, expresó la necesidad de “combatir tenazmente el terrorismo en cualquiera de sus formas, por parte de actores estatales y no estatales; el narcotráfico; el financiamiento ilegal con el lavado de activos; y las guaridas fiscales como herramientas de evasión, elusión fiscal y desfinanciamiento para el ejercicio de capacidades estatales”.
Capitanich también convocó a “promover el cumplimiento de los ODS 2030 en el marco de la corrección de asimetrías sociales e inequidades distributivas, a partir de sistemas tributarios justos y equitativos destinados a resolver las desigualdades sociales”. En este punto, hizo referencia a la agenda internacional establecida por la Organización de las Naciones Unidas a través de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

