El sacerdote dio aviso inmediato al hospital local. Una médica que acudió al llamado constató que se trataba de un varón con apenas una hora de vida, quien aún tenía el cordón umbilical sin cerrar.
Tras recibir las primeras atenciones, el pequeño fue derivado al hospital 9 de Julio de Sáenz Peña para estudios complementarios, encontrándose en buen estado general de salud.
Horas más tarde, una vecina (60) denunció la desaparición de su hija (35), quien no se había presentado a trabajar y se encontraba ausente de su hogar. Ante esta situación, las autoridades activaron el Protocolo de Búsqueda de Personas.
Cerca de las 15.40, la mujer buscada regresó a su domicilio en estado de shock y confesó a sus familiares que ella era la madre del bebé hallado en la parroquia, explicando que lo había dejado allí tras dar a luz. Inmediatamente fue trasladada al hospital para recibir asistencia médica.
Investigación y
resguardo del menor
La fiscalía interviniente dispuso la notificación de la situación legal de la progenitora, quien permanece en libertad.
Por su parte, la Unidad de Protección Integral (UPI) intervino en el caso y, tras realizar las evaluaciones correspondientes, dispuso que el recién nacido sea entregado bajo resguardo a su abuela materna.
En el marco de la investigación, efectivos policiales lograron identificar el lugar del parto: una habitación de un hospedaje ubicado en villa Tomasa. Allí, los peritos procedieron al secuestro de sábanas y mantas con manchas similares a sangre para las pericias de rigor. La causa fue caratulada preventivamente como abandono de persona.
«Lo dejaron en la
puerta de mi casa»
El párroco relató que el hallazgo se produjo mientras realizaba tareas habituales en la casa parroquial. «Cuando vengo porque escuché golpear la puerta, me encuentro un bebé ahí en la puerta de mi casa, envuelto en una toallita», expresó.
El sacerdote interpretó: «Fue una experiencia hermosa, más allá de que muchos ven crueldad. Alguien, en su miedo, en su angustia, en su duda, confió en la casa del sacerdote para dejar a su hijito».
En ese sentido, remarcó que la decisión de la madre no debe analizarse de manera simplista. «No sé si está abandonado el bebé, porque tampoco lo tiró. Lo dejó en un lugar seguro, dentro de la mentalidad de una persona angustiada», afirmó.
El sacerdote también cuestionó las reacciones en redes sociales y el tratamiento del caso. «La gente es muy cruel y muy agresiva con las expresiones que hace. No quisiera que un católico esté juzgando», señaló y agregó: «Si usted va a opinar, por lo menos asegúrese de tener compasión en su corazón, porque si no es muy cruel su opinión».
Además, aclaró que el bebé no fue dejado en la vía pública ni frente al templo, sino específicamente en la casa parroquial. «No era frente al templo, era frente a mi casa. Y mi casa es un lugar seguro porque lo protege Dios», indicó.
El religioso insistió en la necesidad de comprender el contexto personal detrás de este tipo de situaciones. «Quizás usted tiene una vida ya hecha, pero no sabe lo que está viviendo esa mujer. A veces señalamos demasiado rápido», reflexionó.
En su mensaje, también evitó justificar el hecho, pero reafirmó su postura de no condena: «No me interesa ponerme del lado de los que acusan sin conocer la vida de las personas».

