El médico pediatra Luis Obeid cuestionó la capacidad de respuesta del Estado y de las instituciones educativas frente a situaciones de violencia escolar, en el marco del suicidio de Fernanda Almada, alumna de la Escuela de Educación Técnica (EET) 16 de Resistencia, un hecho que generó profunda conmoción en la comunidad.
Durante su participación en el programa radial La Mañana de Natagalá, el profesional sostuvo que los mecanismos existentes no logran dar contención efectiva a quienes atraviesan situaciones críticas de salud mental.
Obeid fue categórico al ser consultado sobre si el Estado cuenta con herramientas suficientes para intervenir en estos casos y afirmó: «En principio, y quizás alguien se ofenda, diría que no». Fundamentó su postura en los resultados observables y señaló que el eje central del problema es la salud mental, un campo que, según su visión, presenta múltiples falencias en su abordaje.
El especialista remarcó que el caso de la estudiante fallecida debe analizarse en el contexto de la violencia escolar, a la que definió sin ambigüedades: «Para mí, el bullying es un anglicismo. Esto es violencia. Esto es violencia, y hay que decirlo clarito: acoso escolar». En ese sentido, insistió en la necesidad de nombrar correctamente el fenómeno para dimensionar su gravedad.
Asimismo, indicó que existieron múltiples señales de alerta previas al desenlace fatal. «Acá hubo un montón de alarmas. Si vos querés calificar esto como semáforo rojo, verde o amarillo, acá hubo muchísimos amarillos y rojos. Y nadie tomó cartas en el asunto», expresó, subrayando la falta de intervención oportuna por parte de los actores institucionales.
En contraposición, destacó el rol de la familia de la joven, que, según relató, actuó dentro de sus posibilidades para acompañarla. «La familia hizo lo que puede hacer una familia», sostuvo y detalló que los padres incluso asistían al establecimiento para resguardar a su hija, quien, a pesar de tener 18 años, continuaba siendo objeto de agresiones dentro del ámbito escolar.
FALLAS EN LA DETECCIÓN Y APLICACIÓN DE PROTOCOLOS
El médico señaló que las situaciones de violencia no eran desconocidas dentro de la institución. «Esto era presencial. Lo sabían. Yo hablé con los padres, hablé con los tíos, estuve en la escuela. Parece que esto lo sabían todos», afirmó, al tiempo que descartó que se tratara de episodios aislados o recientes.
En esa línea, advirtió que el desenlace podía haberse anticipado si se hubieran aplicado criterios básicos de intervención. «Se podía prever un desenlace y, si vos tenés alguna noción de lo que implica la violencia o el acoso escolar, sabés que este puede ser el resultado final», sostuvo, enfatizando que este tipo de situaciones responde a dinámicas prolongadas de agresión sistemática.
Obeid también cuestionó la eficacia de los protocolos vigentes en el sistema educativo. Mencionó específicamente la normativa 1982/23 y afirmó: «Protocolo en los papeles, Eduardo. Está todo escrito».
Según explicó, muchos docentes no logran apropiarse de estos instrumentos debido a la sobrecarga laboral y la multiplicidad de disposiciones administrativas.
El profesional relató que, al consultar a educadores, obtuvo respuestas que evidencian una aplicación parcial o superficial de las herramientas disponibles. «Hacemos lo de convivencia», le indicaron, en referencia a instancias iniciales de diálogo con estudiantes, sin continuidad sistemática ni seguimiento de casos complejos.
Tras revisar el contenido del protocolo, que consta de 77 páginas, concluyó que no hubo una implementación efectiva en el caso analizado.
«Resultado: todas las alarmas estaban para que de alguna manera podamos hacer algo por Fernanda. No se hizo», afirmó, señalando una brecha entre la normativa y la práctica concreta.

