La probabilidad de que el fenómeno climático El Niño se desarrolle durante 2026 aumentó significativamente y el escenario meteorológico aparece hoy más consolidado que hace apenas un mes.
Sin embargo, investigadores de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Nordeste (Unne) y de la Universidade Federal de Santa María (Brasil) advirtieron que todavía existen incertidumbres respecto de la intensidad final del evento, la distribución de las lluvias y los impactos concretos que podrían registrarse en el Chaco.
La conclusión surge del segundo informe de seguimiento elaborado por especialistas de ambas instituciones académicas, quienes vienen trabajando en la conformación de un observatorio regional destinado a monitorear la evolución del fenómeno y aportar información científica para la toma de decisiones de gobiernos locales, organismos públicos y comunidades.
El documento fue difundido a mediados de junio y actualiza la información presentada en una primera nota técnica emitida en mayo.
Los investigadores destacaron que las nuevas observaciones y proyecciones internacionales fortalecen la hipótesis de una transición hacia una fase cálida del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (Enos), aunque insistieron en que la información debe interpretarse bajo criterios probabilísticos y no como una certeza de futuros eventos extremos.
Mayor consenso
Según el informe, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) indicó el 1 de junio que las condiciones del Enos continuaban siendo neutrales, aunque ya mostraban señales compatibles con una transición hacia El Niño.
Los especialistas señalaron que se registraron anomalías positivas en la temperatura superficial del mar en gran parte del Pacífico ecuatorial, además de un debilitamiento de los vientos alisios y un Índice de Oscilación del Sur negativo.
En ese contexto, el SMN estimó una probabilidad cercana al 90% de desarrollo de una fase cálida durante el trimestre junio-julio-agosto de 2026.
Por su parte, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) actualizó el 11 pasado el estado de vigilancia climática y emitió un «Aviso de El Niño» al considerar que las condiciones propias del fenómeno ya están presentes en el océano Pacífico.
Los investigadores explicaron que esta actualización representa uno de los cambios más relevantes desde la elaboración del primer informe.
«La consolidación del escenario climático es hoy más clara que hace algunas semanas», sostuvieron los autores del trabajo al analizar las coincidencias entre los principales centros internacionales de monitoreo.
Asimismo, remarcaron que la NOAA prevé un fortalecimiento gradual del fenómeno hacia fines de 2026 e inicios de 2027, con posibilidades de alcanzar una intensidad fuerte o incluso muy fuerte.
No obstante, los especialistas aclararon que la intensidad de un episodio de El Niño no garantiza automáticamente impactos extremos en todas las regiones.
«Mayor intensidad no implica necesariamente mayores impactos en cada territorio», indicaron en el informe, al tiempo que recordaron que cada evento presenta características particulares y que las respuestas regionales pueden variar considerablemente.
Incertidumbre sobre las lluvias
A pesar de la creciente certeza respecto de la ocurrencia del fenómeno, los investigadores insistieron en que todavía resulta imposible anticipar con precisión la magnitud de las precipitaciones o los posibles anegamientos que podrían producirse en el Chaco.
«La intensidad final del evento, la distribución espacial de las lluvias y los impactos concretos en el Chaco siguen siendo inciertos», señalaron.
Por ese motivo, recomendaron evitar mensajes alarmistas y promover una preparación gradual basada en evidencia científica.
Los especialistas sostuvieron que la principal estrategia debe centrarse en fortalecer los sistemas de monitoreo meteorológico e hidrológico, articulando la observación de las lluvias locales con el seguimiento de la Cuenca del Plata y, particularmente, del sistema Paraná-Paraguay.
Según explicaron, la gestión del riesgo no puede depender únicamente de la evolución del Pacífico ecuatorial, sino también de la respuesta de los grandes ríos que influyen sobre el territorio provincial.
Junio, un
momento clave
Uno de los aspectos destacados en la actualización técnica es que junio representa un punto de inflexión para la predictibilidad del fenómeno.
Los investigadores explicaron que entre marzo y mayo los modelos climáticos atraviesan lo que se conoce como «barrera de predictibilidad», una etapa durante la cual disminuye la capacidad para anticipar la evolución futura del Enos.
A partir de junio, en cambio, los modelos incorporan más información observada y mejoran sus niveles de precisión.
«Esto no significa que las previsiones sean certezas», aclararon los especialistas. «Significa que el seguimiento entra en una fase más informativa para la gestión», expresaron.
En consecuencia, consideraron que el contexto actual justifica reforzar las rutinas de seguimiento y preparación preventiva, manteniendo siempre un enfoque probabilístico.
Dos escalas para entender
El informe subraya que los posibles impactos de El Niño sobre la provincia deben analizarse en dos escalas simultáneas.
La primera está vinculada a las lluvias locales y regionales, que pueden afectar el drenaje urbano y rural, la transitabilidad de caminos, la producción agropecuaria, los humedales y la infraestructura de servicios.
La segunda escala corresponde a la respuesta integrada de la Cuenca del Plata, especialmente a través de los aportes de los ríos Paraná, Paraguay e Iguazú.
Los especialistas señalaron que ambos procesos pueden interactuar y potenciar situaciones de riesgo, por lo que resulta indispensable mantener una vigilancia permanente sobre la evolución hidrológica regional.
aumento en
los caudales
Como complemento del análisis climático, el equipo técnico incorporó información proveniente del sistema europeo Copernicus-GloFAS, una plataforma internacional de monitoreo y pronóstico hidrológico.
Las simulaciones mostraron una tendencia al aumento progresivo de los caudales hacia fines de 2026, especialmente en la estación hidrométrica de Corrientes.
Sin embargo, los investigadores aclararon que se trata de escenarios exploratorios y no de pronósticos operativos.
La trayectoria central de los modelos mantiene los niveles por debajo de los umbrales oficiales de alerta y evacuación, aunque algunos escenarios proyectan valores cercanos o superiores a esos límites.
Por ello, remarcaron la necesidad de continuar con el seguimiento permanente de la información oficial emitida por organismos especializados.
Preparación preventiva
Uno de los principales mensajes del informe está dirigido a los municipios chaqueños. Los especialistas sostuvieron que el actual contexto ofrece una ventana de tiempo valiosa para fortalecer tareas preventivas antes de una eventual intensificación del fenómeno.
Entre las acciones recomendadas mencionaron la limpieza de desagües urbanos y rurales, la revisión de alcantarillas y puentes, la actualización de mapas de zonas críticas, la identificación de recursos para emergencias y la verificación de refugios y centros de asistencia.
También sugirieron fortalecer los protocolos de comunicación pública para evitar mensajes contradictorios ante eventuales situaciones de riesgo.
«Las medidas de bajo arrepentimiento son útiles aun cuando el escenario más crítico no llegue a materializarse», afirmaron los investigadores.
Evitar el alarmismo
En las conclusiones del informe, los especialistas insistieron en la importancia de comunicar adecuadamente el riesgo climático. «La formulación recomendada es que El Niño aumenta probabilidades, pero no determina automáticamente impactos», indicaron.
Asimismo, remarcaron la necesidad de diferenciar entre los pronósticos estacionales, las alertas meteorológicas de corto plazo y las decisiones operativas que deben adoptar las autoridades.
Finalmente, señalaron que la consolidación del escenario El Niño obliga a mantener una vigilancia constante durante los próximos meses, aunque sin caer en interpretaciones catastróficas. »La preparación no debe esperar a que existan señales críticas de corto plazo», concluyeron.
«Muchas acciones de organización, mantenimiento, monitoreo y reducción de vulnerabilidades pueden iniciarse desde ahora y serán útiles independientemente de la intensidad final que alcance el fenómeno», aseveraron.

