Un poema no se explica: se escucha. Ulash Urakov parece haber decidido que con la piedra pasa lo mismo. Nacido en Kashkadarya, Uzbekistán, en 1961, llega a la Bienal del Chaco con una propuesta que se anima a lo más difícil en un certamen de martillos y cinceles: ser escuchada.
Detrás de esa apuesta hay décadas de oficio. Se graduó en 1987 del Departamento de Escultura del Instituto de Arte “Nikolai Ostrovsky” de Tashkent, es miembro de la Unión de Artistas de Uzbekistán y hoy enseña en la Escuela Republicana Especializada de Artes de esa misma ciudad. Todo ese recorrido para llegar a una conclusión sencilla y difícil: que la piedra ya tiene algo para decir, y que el trabajo del escultor es darle forma.
La obra que elaborará y luego dejará al Chaco se llama Poesía, y el nombre no es solo una metáfora. No hay en ella una narrativa ni una figura, sino algo más esquivo: el lenguaje silencioso de la piedra, la memoria incrustada en la materia, la interacción sutil entre la forma y el vacío. Urakov se propone transformar el travertino en un poema abstracto, hecho de curvas suaves, huecos apacibles y volúmenes lisos.
El ritmo que persigue no es el de la danza, aclara el propio artista, sino el de un verso susurrado: lento, meditativo, contemplativo. A través de un tallado sustractivo y paciente, Urakov busca descubrir el alma oculta del material —su edad, su geología, sus texturas naturales— y darle voz en la forma.
La obra, dice, invita al espectador a detenerse, a escuchar el silencio de la superficie, a percibir el tiempo y el peso. Y sobre todo lo convoca a algo íntimo: encontrar en la piedra sus propias reflexiones, sus recuerdos, sus emociones.
Su trayectoria lo respalda. Sus obras integran las colecciones del Museo Estatal de Arte, la Dirección de Exposiciones de Arte, la Galería de Bellas Artes de Tashkent y el Museo Estatal de Bujará, además de colecciones privadas en Turquía, Pakistán, Yugoslavia, Chipre, Israel e Inglaterra. Participó en exposiciones y simposios internacionales en Uzbekistán, Kazajistán, Kirguistán, Turquía y Rusia.
Solo en 2025 recorrió el Segundo Simposio Internacional de Arte en Acero de Bakú, en Azerbaiyán; la Segunda Exposición de Escultura Asiática en China; el Simposio Internacional de Escultores de Gurjaani, en Georgia; y el festival “Vladimir, la Capital de la Piedra Blanca”, en Rusia. Antes había pasado por los simposios de piedra de Tashkent (2023 y 2024), por Samarcanda (2022), por Maltepe, en Estambul (2021), y por Aspat, en Turquía (2015). En 2017 presentó su muestra individual “Sonidos de formas” en la Galería de Arte de Uzbekistán —otro título que insiste, en que la materia también suena.
Urakov llega a la Bienal Internacional de Escultura a proponer algo distinto: bajar el volumen, acercarse, escuchar.
Con propuestas como esta, la Bienal del Chaco se consolida como uno de los destinos culturales de la Argentina y vuelve a cumplir su cometido más profundo: hacer del arte un bien de todos.


