El senador presentó el documento Un mundo en alerta, un país en alerta, donde analiza la creciente tensión internacional, cuestiona el alineamiento automático del gobierno nacional con Estados Unidos e Israel y sostiene que la Argentina debe recuperar una política exterior autónoma, basada en la paz y la soberanía.
Frente a un escenario internacional atravesado por guerras, tensiones geopolíticas y una creciente disputa por el liderazgo tecnológico, el senador Jorge Capitanich sostuvo que la Argentina debe preservar una política exterior autónoma y soberana. Lo hizo al presentar el documento Un mundo en alerta, un país en alerta, donde analiza los desafíos globales y cuestiona el rumbo diplomático del gobierno de Javier Milei.
El documento establece la existencia de un escenario mundial de gran inestabilidad, producto de “la sustitución de un orden basado en reglas por un nuevo orden impuesto por la fuerza” que “reduce el margen de negociaciones internacionales y aumenta el riesgo de expansión territorial de conflictos con límites cada vez más porosos”. Se trata de un sentimiento de incertidumbre reflejado en la opinión pública, principal sentimiento de las poblaciones de América Latina, que observan un contexto marcado por guerras y conflictos, y no confían en las reglas internacionales como herramientas para la solución de las disputas. Además, ven amenazadas la paz, la seguridad, la soberanía y la economía de los pueblos de la región.
Capitanich establece tres indicadores que dan cuenta de la incertidumbre:
-El primero es el “Reloj del Juicio Final (Doomsday Clock)”, que demuestra que “la humanidad está a solo 85 segundos del punto de mayor riesgo global desde su creación”, como consecuencia de conflictos bélicos, el cambio climático, las amenazas biológicas y el desarrollo de la IA sin regulación”.
-Como segundo indicador, Capitanich analiza las “tecnologías críticas”, a partir de un informe del Australian Strategic Policy Institute (ASPI). Sostiene que la competencia por el liderazgo en inteligencia artificial se transformó en un nuevo frente de la disputa geopolítica y plantea la necesidad una intervención y que Argentina defina una estrategia propia.
-Como tercer indicador, Capitanich analiza la política exterior argentina a partir del comportamiento del país en las votaciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Allí sostiene que el alineamiento automático con Estados Unidos e Israel alcanzó “niveles históricos”, incluso por encima de la etapa de las “relaciones carnales” durante el gobierno de Carlos Menem. En ese contexto, plantea que la Argentina necesita una política exterior autónoma, soberana y coherente con su tradición histórica. Además, cuestiona el giro ideológico del gobierno nacional respecto de la agenda climática y los derechos humanos ambientales, y calificó de “vergonzosos” algunos votos del país, como el rechazo a la iniciativa de Ghana para declarar a la esclavitud como crimen de lesa humanidad.
Escalada de los conflictos
El senador Capitanich estudia el escenario de incertidumbre mundial con los ejemplos de los conflictos de medio oriente, y la guerra entre Rusia y Ucrania, que afectan el desempeño de variables como el acceso a la energía y el desempeño del comercio internacional.
Ante este panorama, trae una reflexión: ”Argentina no puede adoptar un alineamiento automático en su política exterior. Debe ejercer una política exterior autónoma y soberana que permita construir acuerdos estratégicos e integrales pero sin resignar el ejercicio pleno de su voluntad ni los principios esenciales que históricamente guiaron su inserción internacional: neutralidad, paz y equidad entre los países del mundo”.
Capitanich fue crítico del presidente Milei: “ha violado, mediante declaraciones públicas, el artículo 75 inciso 25 y 28 de la Constitución Nacional, al decir que estábamos en una guerra y permitiendo el desembarco de buques extranjeros en aguas soberanas, sin la debida intervención del Congreso.”
En ese marco, sostuvo que las decisiones estratégicas sobre la política exterior y la defensa nacional no pueden quedar libradas a decisiones unilaterales del Poder Ejecutivo, sino que deben respetar las atribuciones que la Constitución reserva al Congreso.
Por último, afirmó que la Argentina es tierra de paz y un país soberano, por lo cual no puede depender de la injerencia de potencias extranjeras ni del poder económico concentrado.
“Todo tiene un límite y las señales ya son visibles. Son señales de alerta. Un mundo en alerta. Un país en alerta”.

