Las panaderías chaqueñas atraviesan uno de los momentos más difíciles de los últimos años. A la sostenida caída del consumo, el aumento de los costos y la presión impositiva se sumó en los últimos días un fenómeno estacional inesperado: las altas temperaturas registradas en plena temporada invernal, que provocaron una abrupta disminución en la demanda de productos panificados.
Según el presidente del Centro Industriales Panaderos del Chaco, Alejandro López, durante la última semana las ventas descendieron entre un 30% y un 40%, un golpe que agravó una situación que el sector ya venía calificando como delicada.
En diálogo con Radio Natagalá, el dirigente también analizó el nuevo sistema de habilitaciones comerciales implementado por la Municipalidad de Resistencia, iniciativa de la que participó el Centro de Industriales Panaderos durante las reuniones de consulta convocadas por la comuna.
Si bien destacó que el mecanismo permitirá agilizar los trámites administrativos para los comercios, insistió en que el principal desafío continúa siendo la competencia desleal generada por establecimientos que operan fuera de la formalidad.
nuevas habilitaciones
López sostuvo que la entidad acompañó el proceso de elaboración del nuevo esquema de habilitaciones con el objetivo de mantenerse informada y trasladar esa información a los socios.
«Fuimos participando de todas las convocatorias que hizo el municipio de Resistencia, más que nada para informarnos y para poder informar a los socios cuando tengan algún tipo de duda», explicó.
El dirigente consideró que la reforma representa un avance frente al sistema anterior, caracterizado por trámites extensos y burocráticos. «Creemos que va a ser para mejor porque poder tener una habilitación a nivel municipal en Resistencia era muy complicado, muy complejo. Se hacía muy larga la gestión, con muchas idas y vueltas, entonces creemos que con este sistema nuevo va a ser más ágil», opinó.
En ese sentido, aclaró que las exigencias específicas para las panaderías no se modifican, ya que responden a cuestiones vinculadas con la seguridad y la elaboración de alimentos.
«Las exigencias que tiene nuestro sector son las mismas de siempre porque manejamos combustible con los hornos, sistemas eléctricos por las máquinas trifásicas y después todo el sistema bromatológico que corresponde a cualquier actividad donde se elaboran alimentos», señaló.
El costo del gas
Otro de los factores que inciden sobre la rentabilidad de las panaderías es el elevado costo energético. López explicó que la enorme mayoría de los establecimientos continúa utilizando gas envasado debido a la escasa cobertura de la red de gas natural. «Tenemos solamente un par de asociados que cuentan con gas natural y realmente es un costo menor que ayuda a sostener la rentabilidad», afirmó.
El titular de la entidad indicó que, pese a las conversaciones mantenidas con la empresa distribuidora, la expansión de la infraestructura requiere inversiones muy importantes.
«Hemos hablado con la empresa proveedora, pero tienen que invertir muchísimo para extender las instalaciones y las cañerías en el Gran Resistencia. Hoy son muy pocos los que tienen ese beneficio», sostuvo.
Una temporada alta golpeada
Tradicionalmente, el invierno constituye el período de mayor consumo para las panaderías. Sin embargo, este año la situación fue diferente.
López explicó que la combinación de las vacaciones escolares con jornadas inusualmente cálidas provocó una brusca retracción de las ventas. «La situación cada vez empeora más. Si bien estábamos en nuestra temporada alta y con el frío veníamos bien, estamos en vacaciones de invierno y apareció un veranillo que hizo bajar rotundamente las ventas. El calor no nos ayuda a sostener el consumo», afirmó.
Según explicó, el cambio climático registrado durante la última semana alteró los hábitos cotidianos de las familias y redujo especialmente las ventas del desayuno.
«Los chicos no se levantan temprano durante las vacaciones, entonces ya no desayunan como en época de clases. Eso también representa una baja importante para nosotros», comentó.
Consultado sobre el impacto de la Bienal Internacional de Escultura en la actividad comercial, López consideró que el principal factor continúa siendo el clima.
«Estamos en plena temporada alta y sentir este golpe de calor, sumado a las vacaciones, hizo que bajara muchísimo la producción. Te diría que el consumo cayó entre un 30% y un 40% durante esta semana», aseguró.
Adaptarse a una
nueva realidad
Más allá de la coyuntura climática, el dirigente reconoció que el sector viene atravesando un cambio estructural vinculado con la pérdida del poder adquisitivo de los consumidores.
Frente a ese escenario, explicó que las panaderías formales buscan sostener a sus clientes mediante la calidad de los productos y la atención. «Nuestra idea es tratar de mantener la clientela, brindar un buen servicio y que la gente nos siga acompañando. Tenemos que acostumbrarnos a que ya no son las ventas de antes», sostuvo.
López admitió que la competencia es cada vez mayor y que la estrategia pasa por diferenciarse antes que competir exclusivamente por precio. «La competencia desleal cada vez se hace más fuerte y nosotros más débiles. No la vamos a poder combatir desde ese lugar.
Tenemos que lograr que el cliente nos elija por el servicio, por la atención y por la calidad», manifestó.
informalidad, el
principal reclamo
El crecimiento de las panaderías que funcionan sin habilitación constituye desde hace años una de las mayores preocupaciones del Centro Industriales Panaderos del Chaco.
Para López, el fenómeno no solo afecta económicamente a los establecimientos formales sino que también representa un riesgo para la salud pública al no existir controles bromatológicos.
«Es algo histórico y parece que nunca se va a terminar. Cada vez hay más informales que formales», lamentó.
El dirigente explicó que quienes trabajan fuera del sistema tienen ventajas competitivas imposibles de igualar para una empresa que cumple con todas las obligaciones legales.
«Es mucho más fácil abrir un negocio sin controles, sin pagar impuestos y sin tener empleados registrados. Además compran materia prima que muchas veces tampoco está registrada. Mientras siga pasando eso, nosotros cada vez nos hacemos más débiles», sostuvo.
No obstante, expresó expectativas respecto del nuevo esquema de habilitaciones impulsado por el Municipio de Resistencia. «Nos dijeron que con este sistema van a poder controlar mejor porque habrá una base de datos donde sabrán cuántas panaderías están habilitadas y, a partir de ahí, podrán avanzar con las inspecciones», indicó.
En ese sentido, pidió que los controles no recaigan únicamente sobre quienes ya trabajan dentro de la legalidad: «Esperemos que no sea siempre cazar en la pecera. Queremos que salgan a controlar esas panaderías y locales que trabajan en la irregularidad».
Igualdad de condiciones
López insistió en que el reclamo del sector no apunta a impedir que otras personas trabajen sino a garantizar que todos lo hagan bajo las mismas reglas. «Nosotros siempre decimos que todos tienen derecho a trabajar, pero en igualdad de condiciones», remarcó.
En esa línea agregó: «Si yo estoy habilitado, el otro también tiene que estar habilitado; si tengo empleados registrados, el otro también debe registrarlos; y si compro materia prima en blanco, el resto también debería hacerlo». El dirigente consideró que una mayor fiscalización permitiría transparentar el mercado y equilibrar los costos.
«Cuando eso ocurra, van a tener que aumentar sus precios porque los costos reales aparecen cuando se cumplen todas las obligaciones. Hoy la competencia desleal empieza por el precio», dijo.
Además, llamó a los consumidores a reflexionar sobre el origen de los alimentos que adquieren. «Siempre pedimos que el cliente entienda lo que está comprando. Para vender un producto nosotros debemos pasar por muchos controles.
Cuando alguien vende muy por debajo del precio normal, probablemente esos controles no existieron y no sabemos qué está consumiendo la gente», advirtió.
Impuestos, costos y márgen mínimo
Finalmente, López volvió a poner el foco sobre la presión impositiva y el incremento permanente de los costos de producción. «Siempre la carga impositiva fue una de las partes más altas de nuestros costos», sostuvo.
Sin embargo, aclaró que el verdadero problema surge cuando esa carga convive con competidores que no cumplen ninguna obligación tributaria. «Nosotros tenemos cada vez más impuestos, los salarios aumentan y todo eso hay que pagarlo.
Pero al mismo tiempo tenemos cada vez menos margen de ganancia porque debemos competir con quienes no pagan nada de eso», explicó.
El presidente del Centro Industriales Panaderos afirmó que muchas empresas trabajan prácticamente al límite de su rentabilidad. «Para competir con esos precios tenemos que achicar nuestros márgenes. Si se rompe una máquina ya tenemos pérdidas; si una producción sale mal o no se vende, también perdemos.
Todos esos riesgos los asumimos nosotros mientras los gastos fijos siguen aumentando», concluyó.

