El investigador del CONICET en el Centro de Ecología Aplicada del Litoral, Cecoal Unne-Conicet, Juan José Neiff, entrevistado en Radio UNNE analizó la evolución y las proyecciones del fenómeno El Niño para el período 2026-2027 y señaló la importancia del monitoreo de las condiciones del océano Pacífico ecuatorial para evaluar su intensidad.
Explicó que una de las principales variables utilizadas para determinar el comportamiento del fenómeno es la temperatura superficial del mar en el sector próximo a las costas de Perú y Ecuador.
Según los datos mencionados durante la conversación, «en abril esa temperatura se encontraba 1,7 grados por encima de los valores de referencia durante los últimos 40 de años de referencia, y tiempo después los valores acrecentaron a los 4,2 grados. Esto demuestra lo que ha crecido la temperatura en superficie, pero también la cantidad de calor acumulado que es lo que mide desde la superficie hasta 300 metros de profundidad».
Neiff explicó que el calor acumulado en los primeros cientos de metros del océano constituye una variable vinculada con la disponibilidad de energía para la evaporación y la posterior formación de precipitaciones. En ese marco, comparó los registros actuales con los correspondientes a los episodios de El Niño de 1982-1983 y 1997-1998, considerados entre los eventos de mayor intensidad registrados.
De acuerdo con sus estimaciones, «el calor acumulado hasta los 300 metros de profundidad sería hoy superior al observado durante aquellos episodios. La cantidad de calor actual acumulado en el Niño, en la zona próxima a Sudamérica, en el Pacífico, es el 99% más de lo que había en el 82-83», afirmó el investigador.
Al referirse específicamente a la comparación con el episodio de 1997-1998, Neiff señaló que los valores actuales también se encuentran por encima de aquellos registros. «Cuando lo comparamos con el niño de 1997-98, que fue el otro niño fuerte, en ese momento fue de 1,79, y nosotros hoy tenemos 3,21. Estos datos de alguna manera, vienen respaldando lo que dicen los medios internacionales, que va a ser un niño de características muy fuertes y va a traer bastante agua a nuestra zona», puntualizó.
«Según los datos la observamos que a diferencia de los otros fenómenos registrados este niño es bastante mayor a la que se está previendo en los sistemas internacionales y puede impactar fuertemente en febrero, en el verano», indicó.
El investigador señaló además que los efectos de El Niño no necesariamente se producen de la misma manera durante todas las etapas del fenómeno ni coinciden temporalmente entre el Pacífico y el territorio sudamericano. En relación con los antecedentes regionales, indicó que «en nuestra zona, el niño ha pegado diferente en distintas etapas del proceso.
Por ejemplo, en el verano ha pegado fuerte en lo que son las lluvias intensas que hemos tenido, precipitaciones que rondan los 100-200 milímetros en un día, pero las grandes inundaciones que hemos tenido, tanto la de 1982-83 como la de 1997-98, ocurrieron en abril a junio».
A partir de la cantidad de calor acumulado actualmente en el océano Pacífico, agregó que «con la cantidad de calor acumulado que hay en el océano pacífico en este momento, a 300 metros de profundidad, hay que pensar que -el fenómeno- va a llegar fácilmente hasta el invierno del año que viene».
Efectos diferenciados sobre la región
Neiff remarcó que para analizar las consecuencias de El Niño es necesario distinguir entre las condiciones registradas en el Pacífico ecuatorial y la forma en que esas condiciones atmosféricas terminan expresándose sobre Sudamérica. «Una cosa es la descripción del fenómeno del Niño a través de las temperaturas del mar en la zona del Pacífico Ecuatorial, y otra es cómo se traslada eso aquí», sostuvo.
Como antecedente, el investigador mencionó el episodio de El Niño correspondiente a 2015-2016 y señaló que los efectos sobre determinados sectores de la región se manifestaron posteriormente. En particular, recordó precipitaciones de elevada intensidad registradas en localidades correntinas durante pocos días. «En el Niño de 2015-2016, nosotros sentimos los impactos de ese Niño recién en marzo y abril de 2017, con lluvias en Verón de Estrada de 560 milímetros en tres días, con lluvias en Goya muy importantes de 300-350 milímetros. O sea, muy tardíamente llegó a nuestra zona», señaló.
En relación con las consecuencias del fenómeno, Neiff sostuvo que los efectos no son exclusivamente negativos y que deben diferenciarse las repercusiones sobre las poblaciones humanas de aquellas que pueden producirse sobre los ecosistemas. «No todas sus consecuencias son negativas», afirmó al referirse a la situación de los ambientes acuáticos y a la posibilidad de recuperación de determinadas poblaciones de peces luego de varios años de sequía.
«En nuestra zona trae inundaciones y anegamiento de los campos. A veces se conjugan las dos: inundaciones por desbordes de río y anegamiento, fundamentalmente, por lluvias torrenciales. Ahora, no todos los impactos del Niño son negativos», explicó Neiff.
Ante un escenario de mayor disponibilidad de agua, Neiff planteó la posibilidad de una recuperación de las poblaciones de peces debido a la ampliación de la superficie de los ambientes acuáticos. «Con el Niño vamos a tener una recuperación muy grande, muy importante de las poblaciones de peces, porque la superficie del río durante un período del Niño es más bien mayor de la que tenemos en un período de aguas muy bajas, como se vio en el 2019-2022», sostuvo.
» El drenaje y el nivel de los ríos
El investigador extendió su análisis a otros ecosistemas y recordó que durante el episodio de El Niño de 1997-1998 también se había registrado un incremento en la producción de determinadas poblaciones de mariscos, particularmente de mejillones. En paralelo, diferenció esos efectos ecológicos de las consecuencias que pueden producirse sobre las comunidades humanas. «Los que vamos a sufrir el impacto del Niño son siempre las poblaciones humanas porque no estamos generalmente adaptados a este tipo de eventos, que en realidad no son eventos, son fenómenos extraordinarios de la naturaleza», enfatizó.
Consultado sobre la manera en que el fenómeno podría manifestarse en la región, ya sea mediante lluvias torrenciales, precipitaciones más frecuentes o una combinación de ambas situaciones, Neiff lo definió como «un combo». El investigador volvió a señalar que la respuesta del territorio no necesariamente coincide en el tiempo con las condiciones observadas en el Pacífico y utilizó nuevamente el episodio de 2015-2016 como antecedente para explicar la posibilidad de que los efectos regionales aparezcan con posterioridad al desarrollo inicial del fenómeno.
Neiff sostuvo que la cantidad de calor acumulado en el océano puede contribuir a extender la duración del fenómeno y planteó la posibilidad de precipitaciones de elevada intensidad concentradas en períodos breves. «Con semejante cantidad de calor acumulado en el mar, esto viene a durar un tiempo más largo de lo que estamos viviendo», sostuvo. También señaló que entre las características que podrían presentarse se encuentra la posibilidad de que «llueva 300 milímetros en pocas horas y de seguido». En ese marco, explicó que el impacto de las precipitaciones en el Litoral también depende de su distribución temporal, de la capacidad de drenaje, de las condiciones previas del suelo y de los niveles de los principales cursos de agua.
El investigador destacó los avances registrados en materia de planificación hídrica en Corrientes, Misiones y el sur de Brasil, con trabajos vinculados con desagües, arroyos, rutas y puentes, además de herramientas destinadas a identificar diferentes niveles de vulnerabilidad. En ese contexto, señaló que las características geográficas de la región condicionan la capacidad de evacuación del agua. «Estamos más prevenidos. Ahora tengamos en cuenta que nosotros vivimos en una llanura. Acá las pendientes son en orden de un metro en dos kilómetros, un metro en tres kilómetros. Eso significa que no hay capacidad de evacuación. Entonces, una lluvia superior a 70, 80 milímetros, ya nos plantea el agua de cordón a cordón», advirtió.

