Una reflexión sobre la dignidad humana, el bien común y la Doctrina Social de la Iglesia. La necesidad de recuperar la solidaridad, la justicia social y el compromiso con los más pobres, siguiendo el legado del papa Francisco y construyendo una cultura del encuentro, la paz y el cuidado de nuestra casa común.
Por Jorge M. Capitanich
La Doctrina Social de la Iglesia Católica nos propone un estilo de vida con una identificación precisa con el Evangelio mediante una práctica activa de nuestra conciencia para lograr tener “una vida buena y en abundancia” (Juan 10.10). En un mundo global donde se viola sistemáticamente la dignidad humana, proliferan las guerras, las crisis de desplazados e inmigrantes, que alcanzan a 130 millones de personas en el mundo, y un cambio climático que afecta especialmente a los más pobres. A esto se suman el avance de la trata de personas, la violencia sistemática contra las mujeres, los abusos sexuales, la cultura del descarte y profundas desigualdades que llevan a muchas personas al borde de la desesperación por el hambre y las múltiples privaciones. Frente a esta realidad, su voz aparece como una expresión colectiva de la verdad de Dios. La dignidad humana se manifiesta en cuatro dimensiones: una dimensión ontológica, que reconoce el valor de toda persona por el solo hecho de existir y ser hija de Dios; una dimensión moral, que nos compromete a actuar con amor, libertad y responsabilidad, orientando nuestras acciones hacia el bien común; una dimensión social, vinculada a las condiciones económicas y sociales necesarias para una vida digna; y una dimensión existencial, relacionada con la posibilidad de vivir en paz, alegría y esperanza. Hoy el bien común nos convoca a la opción preferencial por los pobres, por los excluidos, por los explotados de nuestra tierra. El Papa León XIV, como Sumo Pontífice y máximo líder de nuestra Santa Iglesia Católica nos invita a caminar juntos, propiciando la unidad en la diversidad, alentando la libertad con responsabilidad y resaltando las virtudes teologales cristianas de fe, esperanza y caridad. El cristianismo como expresa Emilce Cuda, es una teología: un discurso sobre Dios que excede a un culto o una religión. No es una ideología, o sea un discurso sobre una idea que se transforma en una idolatría. La teología cuida y la ideología descuida. La teología consiste en caminar junto al pueblo, con el pueblo, escuchando con fraternidad y cercanía las demandas de quienes están excluidos socialmente, demandas populares insatisfechas que afectan la dignidad humana. Hoy más que nunca nuestro pueblo necesita tierra, techo, trabajo, tecnología y sustentabilidad de la mano de la unidad espiritual que predique la paz y no la guerra. Saludamos al Santo Padre, que reivindica el legado de nuestro amado papa Francisco, quien, a través de Evangelii Gaudium, Laudato Si’ y Fratelli Tutti, nos señaló un camino sinodal y pastoral desde las periferias existenciales. Un camino para construir una cultura del encuentro, cuidar nuestra casa común y anunciar la alegría del Evangelio en el mundo actual. Magnifica Humanitas, 135 años después de Rerum Novarum, pone de manifiesto un mensaje prístino de la dignidad humana en el mundo de la inteligencia artificial con la reivindicación de los principios esenciales de la Doctrina Social de la Iglesia Católica: bien común, destino universal de los bienes, subsidiariedad, solidaridad y justicia social. El pueblo argentino lo recibe con la esperanza de que no defrauda y con los brazos abiertos para construir la paz que el mundo necesita y merece. Bienvenido a nuestra tierra!

