Los precios al consumidor subieron 4,8% en marzo, lo que constituye la inflación mensual más alta de la gestión de Alberto Fernández.
El Presidente había cuestionado en la campaña electoral las políticas de su antecesor, Mauricio Macri, y prometió medidas más eficaces para aliviar la situación de los argentinos.
Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) acaban de mostrar el fracaso de los planes oficiales. La inflación subió 13% en el primer trimestre del año y pone en jaque la estimación del Presupuesto 2021, de no pasar el 29%.
Para alcanzar ese objetivo, el índice mensual no debería superar el 1,5% de aquí en más. Las consultoras privadas ya proyectan que en abril el alza rondaría el 3,5%; para el año, prevén una suba de entre 45% y 50%.
Una inflación incontrolable genera un problema de gobernabilidad, por lo que los funcionarios de Alberto Fernández anunciaron de inmediato una serie de medidas, que podrían resumirse en la búsqueda de acuerdos sectoriales, mayores controles y fiscalizaciones, además de un virtual cierre de las exportaciones de carne.
El conjunto de acciones fueron coordinadas por el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, con la participación virtual del ministro de Economía, Martín Guzmán.
El esbozo de las medidas oficiales para bajar los precios no hace ninguna referencia al comportamiento del gasto público, que es el núcleo del fenómeno inflacionario.
Con gastos por encima de los ingresos, el Estado nacional acudió a diversas recetas, como el endeudamiento externo e interno, el congelamiento de la moneda, la privatización de empresas y actividades públicas, todas las cuales fracasaron.
Las acciones que se plantean ahora suponen un mayor control de precios por inspectores y organismos oficiales, además de las exportaciones de carne en cuentagotas, que ya demostraron ser ineficaces.
Sobre la limitación de las ventas de cortes de carne al exterior, basta recordar que en la década siguiente a 2006, cuando se aplicó una restricción similar, el stock ganadero se redujo en 12 millones de cabezas.
Lo mismo acontece con los controles de precios, una modalidad que remite a la década de 1950 y se repitió sin resultados favorables en gobiernos sucesivos.
El bloqueo parcial a las importaciones, para preservar las reservas del Banco Central, también favorece la suba de precios, ante la imposibilidad inmediata de una competencia con los bienes que se producen en el país.
Los desaciertos e inconsistencias de la gestión nacional debieran obligar a una revisión profunda de las multicausalidades que alientan la inflación. Entre ellas, y como núcleo central, está el uso racional de los recursos del Estado para evitar los gastos excesivos y la emisión para conjurar el déficit.
Los controles y los vetos a las exportaciones pueden traer alivio temporal, pero no contribuirán a una solución sustentable. Más temprano que tarde, los precios seguirán su derrotero alcista.
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