Con una puesta coreográfica integrada por diez artistas en escena y una historia atravesada por el amor, la enfermedad, la memoria y la música, el bailarín y coreógrafo Hernán Piquín regresará al Nordeste Argentino con «Me verás volver», el espectáculo inspirado en las canciones de Soda Stéreo que viene recorriendo el país con gran repercusión.
El reciente ganador del Martín Fierro a la Trayectoria Artística en la Danza, llegará el próximo viernes 22 al Complejo Cultural Guido Miranda de Resistencia y el sábado 23 al Teatro Oficial Juan de Vera de Corrientes, ambas funciones desde las 21.
En diálogo con LA VOZ DEL CHACO, Piquín explicó que escribió personalmente de esta historia de amor atravesada por la música de Soda Stéreo.
Además, repasó distintos momentos de su carrera -desde sus inicios en el Teatro Colón hasta su paso por la televisión- y reflexionó sobre la importancia de popularizar la danza y acercarla a nuevos públicos.
amor narrado desde la danza
Piquín explicó cómo surgió el próximo proyecto artístico: «Estábamos volviendo de una gira y en el autobús veníamos hablando de qué espectáculo hacer para el año siguiente. Tirando nombres apareció Soda Stéreo».
En este punto el bailarín profundizó sobre el vínculo emocional que mantiene desde hace décadas con la música de Soda y explicó que la obra tiene una conexión muy personal con distintos momentos de su vida. «Soda Stéreo es mi adolescencia. Es la música que yo escuchaba cuando iba al Teatro Colón a estudiar. Yo viajaba de madrugada escuchando esas canciones y por eso tienen un significado muy fuerte para mí», recordó.
En ese sentido, señaló que trabajar sobre ese universo musical implicó también una carga emocional especial, porque muchas de esas canciones lo acompañaron durante etapas importantes de formación y crecimiento artístico. «Cuando apareció el nombre de Soda en aquella charla durante la gira, inmediatamente me atravesó algo emocional. No fue solamente pensar en una banda exitosa, sino pensar en una parte muy importante de mi vida», sostuvo.
El bailarín explicó además que el espectáculo no busca reproducir literalmente la estética de la banda ni transformarse en un recital coreografiado, sino construir una narrativa propia atravesada por las canciones. «Yo no quería hacer imitaciones ni copiar movimientos o imágenes que ya existen. Me interesaba que las canciones funcionaran como una emoción que acompañara una historia», afirmó.
Según contó, el proceso de selección musical fue uno de los trabajos más complejos durante el armado de la obra. «Fue difícil elegir porque Soda tiene canciones hermosas. Muchas quedaron afuera y me dolió dejarlas, pero había que elegir las que realmente acompañaban lo que les estaba pasando a los personajes», explicó.
Piquín señaló que cada escena fue pensada casi cinematográficamente y que las canciones ayudan a marcar distintos estados emocionales de los protagonistas. «Hay momentos de enamoramiento, momentos de enojo, de miedo, de esperanza. Y cada canción tenía que ayudar a contar eso», dijo.
El hilo conductor
El bailarín contó que él mismo escribió el relato que estructura la obra y que la historia nació a partir de imaginar a dos personas comunes que se conocen casualmente durante un recital de Soda Stéreo.
«Son dos personas comunes y corrientes, seguramente como mucha gente que alguna vez fue a un recital de Soda. Ellos se conocen por un choque de cuerpos mientras bailaban. Después empiezan a verse, se enamoran y atraviesan distintas situaciones», explicó.
La trama se desarrolla a través de diferentes escenas acompañadas por clásicos de Soda Stéreo y narra la evolución del vínculo entre los protagonistas, desde el enamoramiento hasta el momento en que la enfermedad aparece en la vida de Ana.
«Ella tiene una enfermedad, después recae, pero decide no contarle nada a él porque quiere seguir viviendo feliz. Finalmente queda embarazada y, cuando fallece, deja una hija como continuidad de ese amor», describió.
Piquín señaló que la música funciona como una guía narrativa para el público: «Cada canción tiene que ver con lo que está pasando en escena. Si no entendés algo desde el movimiento, lo entendés desde la letra de la canción».
«No es imitar
a Soda Stéreo»
Otro de los conceptos sobre los que insistió el artista fue la capacidad narrativa de la danza y la posibilidad de transmitir emociones complejas sin necesidad de utilizar palabras. «Mucha gente piensa que la danza es solamente algo lindo para ver, pero la danza puede contar historias muy profundas», sostuvo.
En ese sentido, explicó que «Me verás volver» apuesta a construir una experiencia emocional completa, donde el público pueda identificarse con situaciones humanas universales. «Todos alguna vez atravesamos el amor, la pérdida, el miedo o la esperanza. Entonces la gente conecta desde ahí», expresó.
Piquín indicó que uno de los mayores desafíos del espectáculo fue lograr que cada movimiento tuviera una intención dramática concreta. «No alcanza con bailar bien técnicamente. Tenés que actuar con el cuerpo. Tenés que lograr que el público entienda qué siente el personaje sin decir una sola palabra», explicó.
La obra cuenta con diez artistas en escena, ocho de ellos provenientes de Córdoba, y tiene como primera bailarina a Sol Menescaldi, encargada de interpretar a Ana. «Ella interpreta el personaje preciosamente, con unas líneas divinas y una sensibilidad hermosa», destacó.
Además, destacó el trabajo del resto del elenco para sostener esa carga emocional durante toda la función. «Son bailarines con muchísimo compromiso. No solo ejecutan coreografías, sino que entienden perfectamente qué están contando», afirmó.
El impacto
del público
Tras más de cincuenta funciones, el bailarín aseguró que una de las mayores satisfacciones del espectáculo es la respuesta emocional del público.
«Ayer hicimos la función número 51 y la verdad es que casi todos terminan emocionados», contó. Según indicó, muchas personas se acercan después de las funciones o le escriben a través de sus redes sociales para compartir experiencias personales vinculadas con la historia. «La gente me escribe una semana después y me dice que todavía sigue pensando en la obra. Una mujer me contó que era exactamente su historia, solo que en su caso el que había fallecido era el marido», relató.
Para Piquín, esa identificación confirma que el espectáculo logró conectar con emociones universales: «Eso me pone muy contento porque la gente lo toma como yo quería que lo tomara: con emoción y con amor».
Una vocación desde la infancia
En otro tramo de la conversación, el artista repasó sus inicios y recordó cómo descubrió desde muy pequeño su pasión por la danza.
«Yo a los 4 años les dije a mis padres que quería bailar», contó. Según recordó, en aquel entonces veía por televisión transmisiones del Teatro Colón y quedaba fascinado observando a los bailarines. «Yo les decía: ‘Quiero hacer eso’. No sabía ni cómo se llamaba, pero quería hacerlo», rememoró.
Pese a que sus padres intentaron orientarlo hacia otras actividades, la decisión terminó consolidándose. «Me mandaron a natación, tenis, patín, gimnasia y hasta al psicólogo», recordó entre risas.
Finalmente, fue un profesional quien les sugirió a sus padres acompañar esa vocación artística: «El psicólogo les dijo que yo estaba muy enfocado en eso y que lo mejor era apoyarme».
Poco tiempo después ingresó al Instituto Superior de Arte del Teatro Colón tras superar una exigente selección: «Éramos 2500 inscriptos y después de siete exámenes quedamos 17».
Del Colón
al mundo
La carrera de Piquín se desarrolló rápidamente en escenarios internacionales. A los 16 años viajó a Londres y luego a París. Más tarde regresó al país para integrar el Ballet Estable del Teatro Colón.
«A los dos años me llamó Julio Bocca para integrar el Ballet Argentino», contó.
El bailarín recordó con admiración aquella etapa y destacó el nivel de exigencia profesional que implicaba trabajar junto a una de las máximas figuras de la danza nacional y describió el ritmo intenso de trabajo que atravesaban durante las giras nacionales e internacionales.
«Hacíamos clase a la mañana, ensayos hasta las dos de la tarde, descansábamos un poco y después volvíamos al teatro para hacer nuevamente clase antes de la función. Y eso era todos los días», recordó.
Durante la entrevista, Piquín reconoció la enorme influencia que tuvo en su carrera artística. «Julio fue una persona muy importante en mi vida profesional», afirmó.
Según explicó, trabajar junto al ex primer bailarín del American Ballet Theatre implicó una experiencia de enorme aprendizaje tanto en lo artístico como en lo humano. «Con Julio aprendí muchísimo sobre disciplina, responsabilidad y profesionalismo», sostuvo.
También destacó la generosidad de Bocca al convocarlo nuevamente años después, cuando ambos coincidieron en Europa. «Después de reencontrarnos me propuso volver a trabajar juntos y fueron años muy importantes para mí», recordó.
El bailarín contó además que, tras el retiro de Bocca, el propio artista pensó en dejarle la conducción de la compañía. «Él quería dejarme la compañía a cargo y eso para mí fue un reconocimiento enorme», expresó.
La disciplina
de la carrera
Piquín profundizó sobre las exigencias físicas y mentales que implica sostener una carrera artística de alto nivel durante tantos años y remarcó que detrás de cada espectáculo existe una preparación cotidiana que muchas veces el público no llega a ver.
«Es una carrera muy exigente porque trabajás con el cuerpo todo el tiempo. El cuerpo es nuestra herramienta y hay que cuidarlo muchísimo», sostuvo.
Sin embargo, aclaró que nunca vivió esa exigencia desde un lugar negativo y rechazó definir su carrera como una sucesión de sacrificios. «No me gusta hablar de sacrificio porque tuve la suerte de dedicarme a lo que amo. Hay gente que trabaja en lugares donde no quiere estar. Nosotros hacemos lo que soñamos», afirmó.
En ese sentido, consideró que la vocación ocupa un lugar central en la vida de cualquier artista y remarcó la importancia de sostener el deseo incluso en los momentos más difíciles. «Hay momentos duros, momentos donde uno piensa si vale la pena seguir, pero cuando realmente sentís que esto es tu vocación, seguís adelante», expresó.
Piquín también destacó la importancia de la perseverancia dentro del mundo de la danza y reveló que muchos bailarines atraviesan años de audiciones y frustraciones antes de encontrar una oportunidad laboral.
«Tenemos una bailarina en la compañía que se presentó en más de tres audiciones y había decidido dejar de bailar si no quedaba en la última que participó. Y quedó. Por eso siempre digo que hay que insistir», relató.
la popularidad
Otro de los aspectos que amplió durante la charla fue el impacto que tuvo la televisión en su carrera y cómo esa experiencia le permitió acercar la danza a sectores que históricamente se sentían alejados de ese lenguaje artístico. «La televisión hizo que mucha gente que jamás había ido al teatro quisiera ir a verme bailar», dijo.
Piquín reconoció que sobre su paso por ShowMatch le permitieron llegar a un público que antes no conocía su trabajo. «La popularidad que me dio la tele quizás el Teatro Colón no me la daba», admitió.
Sin embargo destacó que si bien «puede abrirte puertas, pero después hay que sostenerse trabajando», opinó.
En ese sentido, sostuvo que nunca dejó de sentirse un bailarín formado en el Teatro Colón, incluso durante sus años de mayor exposición televisiva. «Yo siempre seguí siendo el mismo que estudiaba ballet desde chico», dijo.
El artista explicó que muchas veces dentro de la televisión debió encontrar un equilibrio entre el espectáculo mediático y su propia manera de entender la profesión. «Había cosas del show televisivo que yo entendía, pero nunca quise perder cierta seriedad con mi trabajo», señaló.
El bailarín recordó especialmente su participación junto a Noelia Pompa y explicó que ambos buscaron evitar que el espectáculo se construyera desde la burla o el golpe mediático. «Yo le dije que quería que fuera algo profesional y que nadie se riera de nosotros ni de su estatura», recordó.
Según indicó, el éxito de aquella dupla tuvo que ver precisamente con ese enfoque. «La gente entendió eso y por eso nos acompañó», afirmó y expresó: «Después de la televisión empecé a ver familias enteras yendo al teatro a ver danza. Y eso fue muy lindo».
El bailarín aseguró: «Estoy súper agradecido de haber trabajado ahí, de haber pasado por ahí. Y de que la gente que no me conocía me conociera y es gracias al programa. Por supuesto no reniego de haber pasado por el programa, al contrario.
Siempre que hablo con Marcelo le digo y sabe que yo estoy dispuesto a volver a hacerlo, lo que él necesite yo estoy, yo se lo digo siempre. Así que si se repite y me llaman seguramente estaré ahí, por supuesto».
La televisión
como puente
Según sostuvo, uno de los principales prejuicios que todavía existen alrededor de la danza clásica tiene que ver con la idea de que se trata de una disciplina elitista o inaccesible. «Hay personas que dicen ‘yo no entiendo nada de ballet’ o ‘no tengo ropa para ir al teatro’. Y la verdad es que la danza no debería generar esa distancia», opinó.
En ese sentido, consideró que su presencia en televisión ayudó a acercar la danza a sectores más amplios: «No sé si logré cambiar eso, pero sí traté de mostrar el baile desde un lugar profesional y cercano».
Para el artista, el desafío sigue siendo generar nuevos espectadores y demostrar que la danza puede emocionar a cualquier persona.
Por eso explicó que siempre intentó abordar sus participaciones televisivas con seriedad profesional, incluso dentro de formatos de entretenimiento masivo. «Yo me tomaba cada presentación como si estuviera bailando en el Teatro Colón. No importaba si era un cuarteto o una coreografía más popular. Siempre lo encaré con la misma responsabilidad», afirmó.
Finalmente, valoró la posibilidad de haber transitado escenarios tan distintos a lo largo de su carrera y consideró que todas esas experiencias terminaron construyendo su identidad artística. «De todo aprendí algo. De las cosas buenas y también de las malas. Lo importante es quedarse con lo que sirve y seguir creciendo», concluyó
«me emociona
salir a escena»
Pese a la extensa trayectoria que acumula, el bailarín aseguró que mantiene intacta la emoción cada vez que sube a un escenario. «Todavía me sigue pasando eso de sentir nervios antes de una función», confesó. Según explicó, esa sensación tiene que ver con el respeto que siente por el público y por el trabajo artístico.
Uno nunca tiene que perder el respeto por el escenario. El día que eso pase, creo que hay algo que deja de funcionar», reflexionó.
Piquín señaló que actualmente disfruta especialmente de compartir escena con nuevas generaciones de bailarines y acompañarlos en sus primeras experiencias profesionales. «Me gusta mucho ver crecer a los más jóvenes, ver cómo se transforman función tras función», sostuvo.
También afirmó que las giras siguen siendo una de las partes más gratificantes de su trabajo porque le permiten encontrarse con públicos muy diversos en distintos puntos del país. «A mí me encanta recorrer la Argentina. Cada lugar tiene una energía distinta y eso hace que cada función sea diferente», expresó.
Finalmente, remarcó que «Me verás volver» representa uno de los proyectos más personales de toda su carrera. «Es una obra muy especial para mí porque nació desde un lugar muy íntimo y muy emocional», concluyó.

