El Servicio de Adolescencias del Hospital Perrando y distintas comisiones del Colegio de Psicólogas y Psicólogos del Chaco difundieron un pronunciamiento conjunto en el que expresaron su «profunda preocupación» por los discursos que, según señalaron, tienden a criminalizar a las adolescencias fuera de un contexto social más amplio.
El documento fue elaborado por el Servicio de Adolescencias del Hospital Perrando, la Comisión de Niñeces y Adolescencias, la Comisión Científica Ad Hoc y la Comisión Ejecutiva del Colegio de Psicólogas y Psicólogos del Chaco, en el marco de los recientes episodios de amenazas en instituciones escolares que generaron alarma en la provincia.
En el texto, las entidades sostuvieron que las problemáticas sociales «constituyen fenómenos complejos y multidimensionales», atravesados por factores históricos, culturales, subjetivos e institucionales, y remarcaron que no pueden ser abordados «desde explicaciones simplistas o respuestas unívocas».
Asimismo, señalaron que la escuela no puede cargar en soledad con la resolución de estas situaciones y consideraron necesario habilitar «espacios de reflexión crítica» para comprender los cambios que atraviesa la sociedad actual.
Transformaciones
sociales y crisis
de referencias
El pronunciamiento advierte que las transformaciones aceleradas de la contemporaneidad impactan profundamente en las formas de vinculación y en los sistemas de referencia simbólica de niños y adolescentes.
En ese sentido, remarcaron que instituciones históricamente organizadoras de la vida social, como la familia, la escuela y el trabajo, atraviesan cambios en sus sentidos tradicionales, lo que obliga a repensar sus prácticas y su función social.
«Las adolescencias buscan referencias, valores y modelos identificatorios en el espacio social», señalaron, al tiempo que describieron un contexto atravesado por la inmediatez, el individualismo, la exhibición constante y la fragilidad de los lazos sociales.
También advirtieron que las desigualdades y las expresiones de violencia forman parte de la vida cotidiana, tanto en ámbitos presenciales como virtuales, y cuestionaron cuáles son las herramientas simbólicas y afectivas que la sociedad ofrece hoy a los jóvenes.
Las etiquetas
estigmatizantes
producen marcas
Uno de los puntos centrales del documento está vinculado al modo en que se construyen los discursos públicos sobre las adolescencias.
Las entidades firmantes pidieron ser «especialmente cautelosos» respecto de las formas de nombrar y caracterizar a los jóvenes, y alertaron que las etiquetas estigmatizantes pueden dejar «marcas simbólicas persistentes» que condicionen futuros procesos de inserción social y construcción subjetiva.
Además, sostuvieron que los malestares psíquicos no responden a una única causa, sino que surgen de una compleja articulación entre factores sociales, familiares, culturales e históricos.
«Cada situación requiere ser comprendida desde la singularidad de una historia de vida y de un contexto social determinado», afirmaron.
Redes sociales
y nuevas formas
de vinculación
Otro de los ejes del pronunciamiento estuvo centrado en el impacto de los avances tecnológicos y los entornos digitales en la subjetividad de las adolescencias.
Según señalaron, las redes sociales ya no funcionan solamente como canales de comunicación, sino como espacios de producción de sentidos, reconocimiento y construcción de vínculos.
En ese marco, indicaron que los malestares propios de la época adquieren hoy una capacidad de circulación y amplificación «inédita», y remarcaron que muchas veces ciertos actos «circulan socialmente antes de volverse plenamente comprensibles».
Por ello, pidieron evitar tanto las posiciones ingenuas que consideran a las pantallas como herramientas neutras, como las miradas alarmistas que las convierten en un «demonio abstracto».
Abandonar la lógica del adolescente-problema
En el tramo final del documento, las organizaciones convocaron a reflexionar colectivamente sobre las respuestas sociales frente a las problemáticas juveniles.
«¿Cómo abordar estos episodios sin desestimarlos, evitando al mismo tiempo miradas culpabilizadoras y estigmatizantes?», plantearon.
También cuestionaron si la sociedad está en condiciones de generar espacios alternativos a lo digital donde los adolescentes puedan expresar sus malestares, construir vínculos significativos y sentirse escuchados.
Finalmente, sostuvieron que el desafío actual consiste en «abandonar la lógica del adolescente-problema» y avanzar hacia la construcción colectiva de espacios de cuidado, escucha y acompañamiento, con participación activa de las familias, las instituciones, la comunidad y el Estado.»

