En una nueva reunión de la Comisión de Asuntos Constitucionales, la diputada provincial Pía Cavana (presidenta) acusó a su par Iván Gyoker de «armar causas» y romper acuerdos legislativos, lo que encendió fuertes alarmas políticas e institucionales.
Todo comenzó cuando Pía Cavana, presidenta , desmintió al oficialismo por difundir como aprobado un supuesto dictamen para suspender las PASO 2027 que nunca había sido tratado formalmente.
Pero lejos de bajar el tono, la discusión escaló a un nivel extremadamente grave. Gyoker pasó del desacuerdo político a las acusaciones personales y amenazas veladas: habló de “armar causas” contra la diputada y lanzó, en tono irónico, que Cavana “iba a necesitar suerte” para conseguir acuerdos legislativos y hacer avanzar la agenda parlamentaria.
Sonó a apriete político explícito dentro de una comisión legislativa. Porque cuando un diputado amenaza con operaciones, causas o bloqueo parlamentario contra quien piensa distinto, la democracia entra en una zona peligrosa.
Y el episodio no parece aislado. En los últimos meses el oficialismo fue acusado de paralizar interpelaciones, bloquear debates incómodos, vaciar comisiones y utilizar la falta de quórum como mecanismo de presión política.
Gyoker, además, ya había quedado envuelto en otra fuerte polémica días atrás, cuando respondió con un “Fuiste Gilda jaja” al juez Sergio Bosch, luego de que el magistrado escuchara el reclamo de trabajadores que denunciaron pérdidas salariales de hasta el 80%.
Otra vez el mismo patrón: provocación, soberbia y mensajes intimidatorios desde lugares de poder.
Y eso ya no parece una discusión partidaria. Empieza a convertirse en un problema institucional serio para la convivencia democrática del Chaco.

