En medio de crecientes diferencias internas, impulsadas por el sector del PJ que se referencia en Cristina y Ottavis, el gobernador bonaerense prefirió abstraerse de la pelea en el justicialismo local que no da visos de aplacarse.
Ello no impidió que se reuniera con algunos dirigentes que llegaron hasta la Perla del Paraná, donde estuvo el Intendente local y referentes de distintas localidades que no ocultaron su entusiasmo por el desembarco de Kicillof, aunque lamentaron que no haya habido un encuentro amplio en la sede partidaria, ubicada a pocos metros de la Casa de Gobierno, a la que el mandatario de Buenos Aires concurrió para reunirse con Juan Pablo Valdés.
Aunque en el PJ correntino primó la decepción por no poder expresarse ante quien, hasta hoy, es el único presidenciable en carrera, y fundamentalmente saber de su propia boca el alcance de la propuesta que permita convocar a todos los sectores del peronismo nacional, que sienten la falta de una conducción que los englobe, su paso por Empedrado permitió que llegaran algunos de los pocos intendentes que aún conserva el partido en Corrientes, luego de años de desmanejos partidarios y referentes del interior que no ocultaron su satisfacción por la presencia del gobernador bonaerense que, con el correr de los días, sigue ganando terreno en un escenario que lo sigue mostrando como el más probable exponente de un peronismo que apunta a recuperar el favor de la gente.
En el horizonte asoma otro aspirante, el ex gobernador de San Juan, Sergio Uñac, a quien el prematuro apoyo de la expresidenta le quitó vuelo porque, si algo pareciera quedar en claro, es que quien vaya a representar al partido sólo tendrá posibilidades si lograse amalgamar a las distintas vertientes internas de las cuales no se excluye al «cristino-camporismo», aunque sí se acota su participación a ser una más de las expresiones partidarias.
En este marco, visto como el candidato puesto en carrera por la expresidenta, el lanzamiento del sanjuanino quedó herido de muerte.
No pocos apuntan a que fue una jugada para condicionar a Kicillof y obligarlo a bajar a una negociación que vuelve a poner sobre el tapete la idea de volver al viejo esquema de los acuerdos, entre cuatro paredes, donde se privilegia el dedo y se soslaya la aplicación de las normas que resultan de las Primarias, Abiertas y Obligatorias (PASO).
Es por ello que, puertas adentro del peronismo, se reclaman compromisos públicos de quienes aspiren a jugar la Presidencia para que respeten no solo la normativa de las PASO, sino, particularmente, para que den a todas las listas de legisladores nacionales el mismo derecho de ser parte de la boleta presidencial, algo obvio en términos de democracia interna y del logro de la unidad como que ello representa la posibilidad de que la competencia interna movilice el partido y permita engrosar la candidatura mayor del partido.
Por aquello de que «el que se quemó con leche ve la vaca y llora», en el peronismo se castiga a Cristina por experiencias pasadas en que antepuso sus intereses personales para digitar candidatos imponiendo a los no favorecidos el castigo de la boleta corta.
Axel pareciera tener en claro que, para ganar, hay que abrir la jugada, crear las condiciones para que la unidad sea la resultante del respeto de las reglas de participación igualitaria y no ser visto como una versión 2027 de la fallida experiencia de Alberto.
De ahí que no se allane a «ir al pie» de San José 1111, o a salir a militar con el slogan «Cristina libre». Sabe que, en una elección que podría definirse en un balotaje, cualquier acción que le quite brillo propio podría tornarlo no competitivo.
Dos especulaciones quedaron planteadas respecto a este desembarco en Corrientes ¿Adónde apuntó Kicillof? ¿A la hermandad con los Valdés para una posible entente futura que reedite la fórmula Perón-Quijano? ¿O se trató de avanzar sobre la estructura que en su momento manejó La Cámpora que sufrió el portazo de su dirigente más importante? El caso del senador Pitín Aragón, quizás, hoy, el dirigente con más llegada al gobernador que fue absorbido inteligentemente por el Cuervo Larroque, una de las principales espadas de Kicillof.
Lo cierto es que, de la vieja estructura montada en Corrientes sólo sobrevive Ana Almirón con unos pocos dirigentes a los que patrocina, con poco crédito electoral, José Ottavis.
Lo que parece claro es que Kicillof prefiere optar por una táctica, no de confrontación directa por los que quieren esmerilar sus aspiraciones, sino de construcción paciente que lo termine dejando, por peso propio y la falta de opciones, como candidato único.
Una variante que no deja de ser inteligente en la que el gobernador conserva una cuota de respeto hacia su ex mentora, más allá de que ella, por estos días, pareciera decidida a redoblar acciones en su contra.

