La nueva edición de la Bienal Internacional de Esculturas volvió a convertir a Resistencia en el centro del arte mundial.
Diez escultores provenientes de distintos continentes trabajan durante una semana frente al público, mientras la ciudad despliega una programación que combina arte, música, patrimonio, actividades académicas y propuestas para toda la familia.
En diálogo con LA VOZ DEL CHACO, el curador Gustavo Insaurralde explicó por qué esta edición busca profundizar el concepto de «arte vivo» y fortalecer el vínculo entre los artistas y la comunidad.
Por estos días, el sonido de las amoladoras, los cinceles y las herramientas volvió a instalarse en el predio de la Bienal Internacional de Esculturas del Chaco. Los grandes bloques de piedra, las estructuras metálicas y los distintos materiales comienzan lentamente a transformarse en obras de arte bajo la mirada permanente de miles de visitantes.
Es precisamente esa posibilidad de observar el proceso creativo lo que distingue a la Bienal chaqueña de muchos otros encuentros internacionales. Aquí el público no llega únicamente para contemplar esculturas terminadas: presencia cada etapa de su construcción, dialoga con los artistas y comprende el enorme trabajo que existe detrás de cada pieza.
Para Gustavo Insaurralde, esa cercanía entre el creador y la comunidad constituye la esencia del evento.
«Estamos en el predio donde van a estar los escultores trabajando a la vista del público. La jornada comienza temprano, desde las nueve de la mañana, y el público puede acercarse para observar cómo cada artista va construyendo su obra», explicó.
Un encuentro que reúne al mundo
La Bienal mantiene uno de sus rasgos distintivos: su marcado carácter internacional.
Este año fueron seleccionados diez escultores entre decenas de postulaciones recibidas desde distintos puntos del planeta, un proceso que, según explicó Insaurralde, vuelve cada vez más exigente la elección de los participantes.
«Fueron seleccionados diez escultores entre aproximadamente setenta postulaciones llegadas desde unos setenta países. Apenas se ingresa al predio pueden verse las banderas que representan a cada una de las delegaciones participantes. Esa imagen refleja claramente la dimensión internacional que alcanzó la Bienal», sostuvo.
En esta edición participan artistas provenientes de la Argentina, Bulgaria, Bielorrusia, China, España, Italia, Polonia, Uzbekistán y Ucrania, además de otros invitados especiales que enriquecen la programación. La diversidad de nacionalidades también implica una enorme variedad de escuelas, técnicas y concepciones estéticas.
Cada escultor llega con una formación distinta, con tradiciones culturales propias y con maneras particulares de entender la relación entre la materia y el espacio.
Esa convivencia artística constituye uno de los mayores valores del encuentro. Mientras algunos continúan trabajando bajo los principios clásicos de la talla directa sobre piedra, otros incorporan lenguajes contemporáneos, materiales industriales o tecnologías digitales que amplían los límites tradicionales de la escultura.
España llega con una propuesta inédita
Entre todas las delegaciones internacionales, Insaurralde destacó especialmente la participación española. No solo porque contará con un escultor dentro de la competencia oficial, sino porque además presentará un artista invitado cuya propuesta representa una de las principales novedades de esta edición.
«España tiene una participación muy importante. Hay un escultor compitiendo, pero además llega un artista invitado con una propuesta absolutamente innovadora que nunca se vio en la Bienal del Chaco», afirmó.
La novedad radica en el material elegido
En lugar de trabajar exclusivamente piedra o metal, el artista desarrollará una obra utilizando hormigón. «Va a mezclar arena con cemento para producir una escultura directamente en el predio. Es una técnica diferente, poco habitual dentro de este tipo de encuentros, y creemos que despertará muchísimo interés entre los visitantes», dijo.
presencia española trasciende lo artístico
La participación cuenta con el respaldo institucional del Museo de Arte Urbano y Contemporáneo NeoMudéjar de Madrid, fruto de un acuerdo de cooperación cultural establecido con la Fundación Urunday.
«Durante toda la semana también llegarán representantes del Gobierno de Castilla-La Mancha para conocer cómo funciona este modelo de escultores trabajando frente al público. Es una experiencia que muchos especialistas definen como ‘arte vivo’, porque el proceso creativo se convierte en parte de la obra», relató.
El público como protagonista
Uno de los aspectos que más valora la organización es la interacción permanente entre artistas y visitantes. A diferencia de una exposición tradicional, donde el espectador sólo observa el resultado final, en la Bienal el proceso adquiere tanto valor como la obra terminada.
Cada golpe de cincel, cada soldadura y cada decisión estética quedan expuestos frente al público. Los escultores responden preguntas, explican sus técnicas y comparten detalles de sus proyectos con estudiantes, turistas, artistas locales y familias que recorren diariamente el predio.
Esa experiencia genera un vínculo poco frecuente entre el creador y quienes observan su trabajo. Para muchos visitantes, especialmente niños y jóvenes, representa el primer contacto directo con el universo de la escultura.
La posibilidad de descubrir cómo un enorme bloque de granito comienza lentamente a adquirir movimiento, equilibrio y expresión constituye uno de los grandes atractivos del encuentro. Según Insaurralde, esa cercanía ha convertido a la Bienal chaqueña en un modelo seguido por numerosos festivales internacionales.
«La gente no solamente viene a mirar una escultura terminada. Quiere descubrir cómo nace una obra, cómo piensa el artista, cómo resuelve cada dificultad técnica y cómo va tomando decisiones a medida que avanza el trabajo», comentó.
El desafío del jurado internacional
Mientras el público observa el trabajo cotidiano de los escultores, un jurado internacional sigue atentamente la evolución de cada proyecto.
A diferencia de otras competencias artísticas, la evaluación no se limita únicamente al resultado final.
Los jurados también analizan el desarrollo de la obra, la resolución técnica de los problemas constructivos y la coherencia entre la idea inicial y la pieza terminada.
Insaurralde explicó que el jurado está integrado exclusivamente por escultores de reconocida trayectoria internacional. Lo conforman la letona Solveiga Basileva, ganadora del primer premio de la edición anterior; el argentino Fernando Pugliese Pinto, vencedor de la Bienal 2014; y el japonés Yoshin Ogata, ampliamente reconocido por su producción escultórica.
«Son artistas que conocen perfectamente las dificultades que implica realizar una obra en pocos días y frente al público. Por eso la evaluación tiene una mirada muy especializada», dijo.
Consultado sobre los criterios utilizados para definir a los ganadores, el curador explicó que intervienen múltiples factores: «Básicamente se observan las líneas estéticas, la calidad de terminación, el dominio técnico de los materiales y, especialmente, las propuestas innovadoras desde el punto de vista artístico».
La originalidad continúa siendo uno de los aspectos más valorados. No se trata solamente de ejecutar correctamente una escultura, sino de aportar una mirada personal capaz de enriquecer el lenguaje contemporáneo.
Una ciudad
y un escenario cultural
Aunque la competencia escultórica constituye el corazón de la Bienal, el evento se ha transformado con los años en un enorme festival cultural que involucra a toda la ciudad.
Insaurralde sostiene que esa transformación constituye uno de los mayores logros alcanzados durante las últimas ediciones: «Hoy la Bienal del Chaco es una verdadera plataforma cultural que reúne alrededor de diez programas diferentes. Ya no es solamente un concurso de escultores».
La programación incluye recitales, espectáculos de danza, ferias gastronómicas, talleres, actividades para niños, encuentros académicos, exposiciones, conferencias y presentaciones editoriales.
Uno de los espacios más convocantes será el programa Madre Canción, dedicado a reunir destacados músicos locales, regionales y nacionales. «Van a participar importantes referentes de la música del Chaco y también artistas invitados de otras provincias y países», explicó.
La propuesta busca integrar distintas disciplinas artísticas bajo una misma identidad cultural.
A ello se suman actividades impulsadas junto a instituciones brasileñas, experiencias compartidas con universidades y proyectos desarrollados en conjunto con organizaciones culturales de otras provincias. También tendrán un lugar destacado los programas dedicados a los pueblos originarios y a los maestros artesanos, dos componentes esenciales del patrimonio cultural chaqueño.
Un espacio para aprender
Otro de los ejes fundamentales será el programa académico.
Especialistas nacionales e internacionales ofrecerán conferencias, clases abiertas, debates y presentaciones de libros relacionados con el arte contemporáneo, la escultura, el patrimonio y la gestión cultural. «Una persona puede venir para observar cómo trabaja un escultor, pero también puede quedarse a escuchar una conferencia o participar en la presentación de un libro. Esa diversidad forma parte del crecimiento de la Bienal», relató.
La propuesta busca consolidar al encuentro como un espacio de formación permanente para estudiantes, docentes, artistas y público general. Cada edición incorpora nuevas instancias de intercambio entre creadores, investigadores y gestores culturales, fortaleciendo la proyección internacional del evento.
Materiales tradicionales
y nuevas tecnologías
La competencia oficial mantiene la utilización de materiales clásicos como granito, mármol travertino y acero inoxidable.
Sin embargo, la programación artística amplía considerablemente esas posibilidades mediante el trabajo de los escultores invitados.
El objetivo consiste en mostrar la enorme diversidad que hoy presenta la escultura contemporánea.
El público podrá observar desde procesos tradicionales de talla directa hasta propuestas realizadas con objetos reciclados, instalaciones, superficies espejadas, cerámica, iluminación e incluso impresión tridimensional.
«Queremos que quienes recorran la Bienal descubran que la escultura actual trabaja con muchísimos lenguajes diferentes. No existe una única manera de hacer arte; cada artista encuentra su propio camino para expresarse», explicó.
Ese recorrido por distintas materialidades constituye, según los organizadores, una verdadera clase abierta sobre la evolución de la escultura contemporánea.
Mientras algunos artistas mantienen una fuerte relación con los materiales nobles de la tradición clásica, otros exploran nuevas tecnologías y procedimientos que amplían el concepto mismo de obra escultórica.
Esculturas que dialogan
con el presente
Además de la competencia internacional, la Bienal vuelve a apostar por un amplio programa de artistas invitados que amplían el horizonte creativo del encuentro y permiten al público conocer nuevas formas de entender la escultura contemporánea.
Para Gustavo Insaurralde, este espacio resulta fundamental porque rompe con la idea tradicional de la escultura como una disciplina limitada exclusivamente a la piedra o al bronce.
«Además del granito, del mármol travertino y del acero inoxidable que utilizan los escultores en competencia, el público podrá ver una enorme variedad de materiales y técnicas que muestran hacia dónde está evolucionando el arte escultórico», comentó.
Entre esas propuestas se encuentra la del artista Lucas Carinato, quien desarrollará una obra construida a partir de objetos encontrados y materiales reutilizados.
Lejos de la monumentalidad característica de muchas esculturas tradicionales, su trabajo propone una mirada lúdica sobre los objetos cotidianos, resignificando elementos descartados para convertirlos en piezas artísticas: «Lucas va a trabajar con objetos encontrados y construirá una escultura muy lúdica. Además ofrecerá talleres destinados a niños, para que puedan experimentar directamente con los materiales y desarrollar su propia creatividad».
La propuesta busca incorporar a los más pequeños al universo de la escultura mediante actividades participativas, reforzando uno de los objetivos históricos de la Fundación Urunday: formar nuevos públicos y acercar el arte desde edades tempranas.
Otra de las intervenciones destacadas será la de Carola Seck, quien utilizará chapas pintadas y superficies espejadas para producir una instalación de fuerte impacto visual.
«Carola trabaja con espejos y chapas de colores. Son materiales que modifican permanentemente la percepción de la obra porque incorporan el movimiento, la luz y el reflejo del propio visitante», dijo.
La interacción con el espectador se convierte así en parte esencial de la propuesta artística.
El ritual del fuego
Entre las experiencias más esperadas figura la intervención de la escultora Silvia Leiva, una de las referentes latinoamericanas de la cerámica escultórica.
Su obra comenzará con una gran estructura realizada íntegramente en barro, modelada durante toda la semana frente al público.
La figura representará un yaguareté erguido, símbolo de la biodiversidad regional y de la identidad del nordeste argentino.
Sin embargo, el momento culminante llegará el viernes por la noche.
«El viernes, a las 19, realizaremos un ritual del fuego para transformar esa pieza de barro en cerámica. Será un momento muy especial porque el público podrá observar el proceso completo de cocción.»
Según explicó Insaurralde, el barro utilizado fue extraído especialmente de la ribera del río Paraná, reforzando el vínculo entre la obra y el territorio chaqueño.
La ceremonia de cocción, además de cumplir una función técnica indispensable para consolidar la pieza, recupera antiguos procedimientos utilizados por pueblos originarios y artesanos ceramistas de distintas culturas.
«El fuego también forma parte de la obra. No solamente cocina el barro: completa el proceso creativo», aseveró.
La Bienal como motor turístico
Más allá de su impacto artístico, la Bienal genera un importante movimiento turístico y económico para Resistencia.
Hoteles, restaurantes, comercios y servicios reciben durante esos días a miles de visitantes provenientes de distintas provincias argentinas y del exterior.
Para Insaurralde, esa creciente convocatoria constituye uno de los indicadores más claros del prestigio alcanzado por el encuentro: «Ya comenzaron a llegar visitantes desde distintos puntos del país. Tenemos una delegación de artistas provenientes de Neuquén, además de muchísimas personas que organizaron sus vacaciones para coincidir con la Bienal».
El curador recordó una experiencia reciente que resume el alcance nacional del evento: «Ayer conversé con dos visitantes que llegaron desde Rosario exclusivamente para conocer la Bienal.
Me contaban que hacía tiempo habían marcado esta fecha en el calendario porque querían vivir la experiencia de ver cómo se produce una escultura frente al público».
Ese tipo de testimonios confirma que la Bienal ha dejado de ser únicamente un acontecimiento regional para convertirse en uno de los principales eventos culturales del país.
«Cada año comprobamos que mucha gente no viene solamente a ver esculturas. Viene a vivir una experiencia artística completa. Ese es probablemente el mayor patrimonio que ha construido la Bienal a lo largo de todos estos años», aseveró.
Escultores del Mundo: una muestra que amplía la experiencia
La Bienal Internacional de Esculturas no se limita al trabajo que diariamente desarrollan los artistas en el predio.
Paralelamente, el Museo de Esculturas ofrece una propuesta que permite conocer el universo creativo de quienes participan en el encuentro y ampliar la mirada sobre la producción escultórica contemporánea. Bajo el nombre Escultores del Mundo, la exposición reúne obras de los artistas que intervienen en la Bienal, tanto los competidores como los invitados especiales.
Para Gustavo Insaurralde, la muestra cumple una función complementaria indispensable. «En cada edición presentamos la exposición Escultores del Mundo, donde el público puede conocer el universo creativo de los artistas que participan en la Bienal.
Allí encuentran obras terminadas que ayudan a comprender el recorrido artístico de cada escultor.» La exposición permanecerá abierta durante toda la semana de la Bienal y podrá visitarse diariamente entre las 10 y las 20.
A diferencia del predio, donde las obras se encuentran en pleno proceso de ejecución, el museo permite apreciar piezas ya concluidas, facilitando una lectura más completa del trabajo de cada artista.
«La idea es que el visitante pueda recorrer primero la sala y luego salir al parque para observar cómo esos mismos artistas desarrollan una nueva obra frente al público. Son dos experiencias que se complementan.
Del mármol a la impresión 3D
Uno de los aspectos más destacados de la muestra es la extraordinaria diversidad de materiales y recursos técnicos presentes en las obras exhibidas. Conviven esculturas realizadas en mármol, madera, bronce y acero con otras producidas mediante tecnologías digitales, impresión 3D e incluso sistemas de iluminación incorporados. «Hay obras realizadas en materiales tradicionales y otras que incorporan nuevas tecnologías.
Esa convivencia demuestra que la escultura sigue evolucionando permanentemente y que hoy dialoga con múltiples lenguajes», indicó.
Para Insaurralde, la escultura ya no puede entenderse únicamente como el trabajo sobre piedra o metal. Hoy incorpora procedimientos industriales, tecnologías digitales, materiales reciclados, recursos lumínicos e incluso experiencias inmersivas que amplían las posibilidades expresivas de los artistas. La Bienal busca reflejar precisamente esa diversidad.
Un museo abierto al diálogo
La muestra no fue concebida únicamente como una exposición tradicional. Durante toda la semana también se desarrollan recorridos guiados, encuentros con artistas, actividades educativas y espacios de intercambio destinados a estudiantes, docentes y visitantes.
El propósito es que cada obra funcione como punto de partida para conversar sobre arte, historia, materiales y procesos creativos. «La Bienal siempre intentó que el museo fuera un espacio vivo. Queremos que la gente pregunte, dialogue, descubra y se anime a interpretar las obras desde su propia mirada», dijo.

