En el marco de las jornadas «La ciudad que habitamos», organizadas por el Colegio de la Arquitectura y urbanismo del Chaco, la arquitecta Sandra Fogar, magíster en Gestión Ambiental, especialista en Docencia Universitaria, docente e investigadora de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), sostuvo que los problemas ambientales y urbanos no pueden comprenderse sin considerar las dimensiones políticas, económicas e históricas que los atraviesan.
La profesional formuló estas reflexiones durante una disertación en la que abordó la relación entre ambiente, arquitectura y urbanismo, un vínculo que definió como complejo y atravesado por múltiples factores que exceden los aspectos estrictamente técnicos.
Al iniciar su exposición, Fogar reconoció que el debate ambiental suele generar tensiones porque obliga a revisar conductas, modelos de desarrollo y decisiones institucionales.
«El discurso ambiental es un discurso que incomoda porque interpela la conducta humana, interpela la realidad y pone en evidencia cuestiones que en otros campos no son tan visibles», afirmó.
La especialista explicó que el denominado «saber ambiental» constituye un campo de conocimiento interdisciplinario que trabaja sobre una realidad compleja, dinámica y cambiante.
«El saber ambiental aglutina múltiples dimensiones y múltiples disciplinas. Trabaja sobre cuestiones que se dan en el mundo real y, por lo tanto, está atravesado indefectiblemente por cuestiones políticas y económicas», señaló.
Política y ambiente,
una relación inseparable
Uno de los ejes centrales de su exposición fue la necesidad de reconocer la incidencia de la política en las problemáticas ambientales.
En ese sentido, cuestionó las posturas que buscan separar ambos planos.
«Basta ya con esa idea de no querer hablar de cuestiones políticas. Las cuestiones políticas, aun cuando no se las nombre, siempre están presentes», expresó.
Para Fogar, la política forma parte constitutiva de la cuestión ambiental porque interviene en todos los procesos de transformación del territorio.
«La política atraviesa la cuestión ambiental porque es constitutiva de ella. Está presente en todas las transformaciones y en todas las dimensiones que intervienen en esas transformaciones», remarcó.
Asimismo, sostuvo que los conflictos ambientales también deben analizarse desde la perspectiva de la soberanía territorial y la gestión de los recursos naturales.
«La cuestión ambiental se dirime en una trama de disputas. Son disputas económicas, políticas y también de soberanía», manifestó.
Una mirada histórica
sobre los recursos naturales
La arquitecta destacó además la importancia de comprender los procesos ambientales desde una perspectiva histórica.
Según explicó, los recursos naturales poseen temporalidades mucho más extensas que las escalas humanas y requieren ser analizados considerando procesos de larga duración.
«La cuestión ambiental está atravesada por una historia. Cuando hablamos de recursos naturales estamos hablando de procesos que exceden varias generaciones humanas», indicó.
A ello sumó una dimensión ética vinculada con la responsabilidad intergeneracional.
«Cuando pensamos en clave ambiental no pensamos solamente en nosotros, sino también en los otros y en las generaciones futuras. Ese es uno de los grandes dilemas morales de nuestro tiempo», sostuvo.
Urbanismo y ambiente: problemas compartidos
Fogar señaló que urbanismo y ambiente son campos que nacieron históricamente vinculados a la necesidad de responder a problemas concretos
«Lo que une al urbanismo y al ambiente son los problemas. Ambos surgen como respuesta a conflictos reales que afectan a las sociedades», afirmó.
En ese contexto identificó tres desafíos urbanos globales que también atraviesan a Resistencia: la expansión urbana, la consolidación de áreas ocupadas y la densificación.
Según explicó, estos procesos suelen estar condicionados por tres lógicas predominantes: la lógica del mercado, la lógica del Estado y la lógica de la necesidad.
Advirtió que ninguna de ellas, por sí sola, garantiza condiciones adecuadas para la sostenibilidad ambiental.
«Las lógicas del mercado no garantizan por sí mismas condiciones compatibles con el ambiente», afirmó.
Críticas al modelo
urbano de Resistencia
Uno de los momentos más contundentes de la exposición estuvo dedicado al análisis histórico de la capital chaqueña.
Fogar sostuvo que el modelo urbano de Resistencia responde a una lógica política vinculada al proceso inmigratorio impulsado por el Estado nacional durante el siglo XIX.
«El modelo urbano aplicado en Resistencia surge de una estrategia geopolítica vinculada a la Ley de Inmigración de 1871, conocida como Ley Avellaneda», explicó.
En este sentido rechazó interpretaciones que atribuyen exclusivamente el trazado de la ciudad a las Leyes de Indias.
«Resistencia no surge de las Leyes de Indias. Surge de una política inmigratoria que respondía a una lógica liberal propia de la Argentina del siglo XIX», afirmó.
La arquitecta consideró que ese modelo urbano no guarda una relación adecuada con las características naturales del territorio donde se asentó la ciudad.
«Existe una ruptura entre el modelo urbano adoptado y las condiciones ambientales del sitio donde se implantó la ciudad», sostuvo.
Riesgo hídrico y ocupación del territorio
Apoyándose en registros fotográficos aportados por el especialista Hugo Rohrmann, Fogar mostró distintos sectores de Resistencia afectados por inundaciones y anegamientos.
Las imágenes incluyeron áreas como Laguna Prosperidad, Villa Los Lirios, Villa Chica, La Rubita, Laguna Argüello, el Río Negro y la Laguna Ávalos.
Según explicó, estos registros evidencian la persistencia de un modelo urbano vulnerable frente al comportamiento natural del agua.
«Las fotografías muestran condiciones de un modelo urbano subordinado a un riesgo permanente de inundaciones», advirtió.
Para la investigadora, los problemas actuales son el resultado de decisiones acumuladas durante décadas y de la reproducción de un modelo territorial que no incorporó adecuadamente las características ambientales del área metropolitana.
Los planes urbanos
que quedaron inconclusos
Durante su exposición, Fogar realizó además un repaso de los principales planes de planificación desarrollados para Resistencia desde mediados del siglo XX.
Mencionó el Plan de Saneamiento Integral de 1956, el denominado Plan Cota de 1966, el Plan de Desarrollo Físico de Resistencia, el Plan Estratégico de 2000, el Plan Maestro Ciudad Río y diversas iniciativas formuladas en 2017.
Sin embargo, sostuvo que ninguno de estos proyectos logró implementarse de manera integral.
«Hubo muchos planes, pero ninguno se llevó adelante completamente. Se ejecutaron intervenciones puntuales, pero nunca se desarrolló de manera integral una estrategia de planificación urbana», afirmó.
También destacó que la incorporación de los humedales como elemento central de planificación recién aparece de manera explícita en el Plan Maestro Ciudad Río.
Como cierre de esta parte de su exposición, Fogar llamó a recuperar una mirada territorial que vuelva a incorporar al agua como elemento estructurante del desarrollo urbano.
Resistencia y los servicios ecosistémicos
El investigador en Ecología del Paisaje, Emilio Spartaro, planteó la necesidad de incorporar los servicios ecosistémicos en el ordenamiento territorial de Resistencia y el Área Metropolitana. Durante una jornada sobre la ciudad que queremos vivir, sostuvo que humedales, lagunas, riberas y espacios verdes deben ser considerados infraestructura estratégica para enfrentar inundaciones, olas de calor y los efectos del cambio climático.
Una ciudad inmersa
en el Chaco Húmedo
El investigador en Ecología del Paisaje, Emilio Spartaro, expuso una serie de reflexiones sobre la relación entre la ciudad de Resistencia y su entorno natural, poniendo el foco en los llamados servicios ecosistémicos, es decir, los beneficios que la naturaleza brinda a las personas y que resultan fundamentales para la calidad de vida urbana.
Durante su presentación, Spartaro explicó que su trabajo de investigación, desarrollado junto a la doctora Selmira Rey, parte de una preocupación central: determinar hasta qué punto esos servicios ecosistémicos son reconocidos por las normativas vigentes y valorados por la sociedad.
«Una de las preguntas principales que nos hacemos es en qué medida los servicios ecosistémicos que existen en nuestra región están siendo reconocidos por la normativa y en qué medida los vecinos los valoran», señaló.
El investigador indicó que la hipótesis surge de la propia experiencia de habitar el territorio y de las conversaciones cotidianas que se producen entre los ciudadanos frente a fenómenos cada vez más frecuentes, como inundaciones, anegamientos y olas de calor.
«Todos escuchamos frases como que antes no hacía tanto calor, que determinadas zonas no se inundaban o que cerca de los parques y los cursos de agua la temperatura es más agradable. Esas percepciones tienen relación con procesos ambientales concretos», afirmó.
Una ciudad inmersa en el Chaco Húmedo
Spartaro remarcó que uno de los principales desafíos consiste en comprender que la ciudad no está separada de su contexto natural.
«El Chaco Húmedo y el valle de inundación del río Paraná no dejan de existir cuando ingresamos al área urbana. Seguimos inmersos en ese contexto ambiental y en sus procesos», sostuvo.
En ese sentido, recordó que Resistencia forma parte de un sistema de humedales reconocido internacionalmente y que la región posee características hidrológicas particulares determinadas por el río Paraná, el río Negro y una extensa red de lagunas y cursos de agua.
Según explicó, muchas de las discusiones actuales sobre desarrollo urbano ya estaban presentes hace más de cuatro décadas.
«Desde los años setenta y noventa existía conciencia sobre las problemáticas que el crecimiento urbano podía generar sobre el entorno natural y la necesidad de establecer criterios para un desarrollo ordenado», indicó.
Los beneficios invisibles
de la naturaleza
El especialista explicó que los servicios ecosistémicos incluyen funciones esenciales que muchas veces pasan desapercibidas.
Entre ellos mencionó los servicios de provisión, como materias primas, y especialmente los servicios de regulación, vinculados a la capacidad de los humedales y espacios verdes para amortiguar inundaciones, regular temperaturas y mejorar las condiciones ambientales.
«Los humedales cumplen un rol fundamental frente a lluvias extraordinarias e inundaciones, mientras que las áreas verdes ayudan a moderar las temperaturas urbanas y generan refugios frente a las olas de calor», explicó.
Declaración de interes municipal
En el marco de las jornadas organizadas por el Colegio de Arquitectos del Chaco, la presidenta de la institución, la arquitecta Daniela Petrucci, invitó al arquitecto Guillermo Monzón a hacer entrega de la declaración de Interés Municipal otorgada por el Concejo Municipal de Resistencia al ciclo de conferencias. Al referirse al reconocimiento, Monzón destacó que la iniciativa fue presentada ante el cuerpo legislativo local debido a la importancia de la temática abordada y a las actividades previstas.
«El proyecto fue presentado en el Concejo Municipal y, obviamente, por la temática y por los momentos que se van a adicionar, que se vienen, creemos que era importante destacar este ciclo de charlas con una declaración de Interés Municipa», expresó.
Asimismo, señaló que la distinción fue aprobada por unanimidad. «Fue aprobada por los once concejales del Concejo Municipal de la ciudad de Resistencia», remarcó.
Durante el acto, Monzón hizo entrega de la declaración al Colegio de Arquitectos y al Consejo Profesional, al tiempo que reconoció el trabajo de quienes formaron parte de la organización y de las jornadas.
«Se entrega, por parte del Concejo, al Colegio y al Consejo, y a todos los profesionales que participaron. También quiero agradecer la participación de todos los profesionales que se encuentran aquí presentes, como así también de los vecinos y vecinas de la ciudad», concluyó.
Cambio climático, riesgo y territorio: «No alcanza con mirar el cielo», advirtió el especialista Luis Romero
En el marco de una jornada académica sobre la ciudad y los desafíos del desarrollo urbano, el licenciado en Geografía y especialista en gestión del riesgo climático, Luis María Rafael Romero, sostuvo que los problemas vinculados a inundaciones, olas de calor y eventos meteorológicos extremos no pueden analizarse únicamente desde la variable climática, sino que deben entenderse desde una perspectiva territorial, urbana y social.
Durante su exposición, Romero planteó que el debate sobre el cambio climático y sus consecuencias requiere una mirada local que permita traducir el conocimiento técnico en herramientas útiles para la comunidad y para la toma de decisiones de los gobiernos.
«No alcanza con mirar el cielo. También tenemos que mirar qué está pasando en la superficie terrestre. Muchas veces ponemos toda la atención en la lluvia y descuidamos los aspectos territoriales que tienen incluso más peso que la propia amenaza climática», afirmó.
El riesgo climático como construcción territorial
Al iniciar su disertación, el especialista propuso reflexionar sobre cuatro interrogantes fundamentales: cómo influye el territorio en la construcción del riesgo climático; qué hace que un fenómeno natural se convierta en desastre; por qué Resistencia es particularmente vulnerable frente a lluvias intensas; y si la problemática actual responde a una crisis climática o a un problema de planificación territorial.
Según explicó, la magnitud de los impactos asociados a fenómenos meteorológicos extremos depende tanto de la intensidad de los eventos como de las características del territorio y de la capacidad de respuesta institucional.
«Podemos tener el mejor pronóstico meteorológico y los mejores profesionales, pero si eso no viene acompañado de gestión del territorio, planificación y capacidad de respuesta, el riesgo sigue existiendo», señaló.
Romero remarcó que la provincia del Chaco y particularmente Resistencia conviven con múltiples amenazas climáticas, entre ellas olas de calor, lluvias intensas, tormentas severas, sequías y extremos térmicos.
Además, advirtió sobre la creciente presencia de los denominados «eventos complejos» o «eventos combinados», concepto utilizado por la Organización Meteorológica Mundial para describir la interacción simultánea de varios fenómenos extremos.
«Una sequía combinada con una ola de calor puede potenciar significativamente el riesgo de incendios. Son fenómenos que no deben analizarse por separado», explicó.
La vulnerabilidad
de Resistencia
Uno de los puntos centrales de la exposición estuvo vinculado a la situación de Resistencia frente a las lluvias intensas.
Romero sostuvo que la capital chaqueña presenta una vulnerabilidad estructural asociada a su ubicación geográfica, su geomorfología y el crecimiento urbano acelerado registrado durante las últimas décadas.
«Estamos hablando de una ciudad asentada sobre un valle de inundación, atravesada por lagunas y humedales, donde además se produjeron rellenos, modificaciones del terreno y transformaciones del suelo urbano que alteran el funcionamiento natural del sistema hídrico», indicó.
En ese sentido, señaló que muchas veces la sociedad interpreta las inundaciones exclusivamente como consecuencia de las precipitaciones, cuando en realidad intervienen numerosos factores relacionados con el uso del suelo y la planificación urbana.
«Ya no nos preguntan si va a llover, sino si se van a inundar. Eso muestra que todavía nos falta desarrollar una cultura social del riesgo», afirmó.
El fenómeno
de El Niño y las perspectivas para la región
Romero también analizó la evolución reciente del fenómeno climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), considerado uno de los principales moduladores del clima a escala planetaria.
Explicó que actualmente se observa un marcado calentamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial, con anomalías térmicas superiores a los tres grados centígrados en algunas áreas monitoreadas.
«Estamos observando un fuerte calentamiento del océano Pacífico en la región ecuatorial. Sin embargo, es importante entender que un solo dato no alcanza. Estos fenómenos requieren monitoreo constante y análisis permanente», explicó.
El especialista aclaró que la presencia de El Niño no implica automáticamente inundaciones ni lluvias extraordinarias, ya que su comportamiento depende de múltiples variables atmosféricas y oceánicas.
«Muchas veces se escucha decir que viene El Niño y entonces automáticamente nos vamos a inundar. No funciona así. Depende de la intensidad del fenómeno, de la época del año y de la interacción con otros procesos de variabilidad climática», sostuvo.
No obstante, indicó que los escenarios elaborados por organismos especializados muestran una mayor probabilidad de precipitaciones intensas y tormentas durante la primavera y el inicio del verano en gran parte del noreste argentino.

