La actividad económica de las pequeñas y medianas empresas del Chaco continúa atravesando un escenario de retracción, marcado por la pérdida del poder adquisitivo de las familias, el incremento de los costos operativos y las dificultades para sostener las ventas.
Según el último Índice Pyme de Actividad Económica (IPAE), elaborado por la Federación Económica del Chaco (Fechaco), septiembre cerró con una caída interanual del 5,1%, mientras que el retroceso acumulado en los primeros nueve meses de 2026 alcanzó el 6,7%.
Aunque el relevamiento registró una mejora del 1,4% respecto de agosto, en términos desestacionalizados, el resultado no alcanza para revertir una tendencia que lleva 17 meses consecutivos de variaciones interanuales negativas.
La recuperación parcial de algunos sectores vinculados con la actividad agropecuaria, la construcción y las promociones comerciales contrasta con las dificultades que atraviesan rubros directamente relacionados con el consumo cotidiano de los hogares.
En declaraciones a Radio Libertad, el presidente de Fechaco, Alfredo González, analizó los resultados del informe y sostuvo que el principal problema continúa siendo la contracción del consumo, agravada por la pérdida de capacidad de compra de los trabajadores y una estructura de costos que reduce cada vez más los márgenes de rentabilidad de las empresas.
González señaló que los rubros más sensibles son aquellos vinculados con los consumos habituales de las familias, especialmente alimentos y bebidas, donde la reducción de los ingresos disponibles tiene consecuencias directas sobre las ventas.
El informe muestra que la caída interanual de septiembre fue tres puntos porcentuales menor que la registrada en agosto, cuando había alcanzado el 8,1%. Sin embargo, de los siete sectores relevados, cuatro continuaron mostrando resultados negativos respecto del mismo mes del año anterior.
El deterioro
del consumo
Uno de los aspectos más preocupantes del relevamiento es la persistencia de dificultades en sectores que dependen de la demanda cotidiana. Alimentos y Bebidas registró una caída interanual del 12,9%, mientras que Servicios Personales y Profesionales retrocedió un 16,5%, convirtiéndose en el rubro de peor desempeño.
También se verificaron resultados negativos en Farmacia y Perfumería, con una baja del 4,6%, y en la Industria Manufacturera, que cayó un 3%.
Al ser consultado sobre si el escenario económico demuestra que las familias tienen cada vez más problemas para llegar a fin de mes, su respuesta fue tajante: «Sí, es esa, poca venta, poca posibilidad del empleado de poder adquirir algún tipo de producto o servicio», y vinculó esta situación con el deterioro del poder adquisitivo.
El titular de Fechaco estimó que la pérdida de capacidad de compra de los trabajadores se ubica entre el 30% y el 40%, según se trate del sector público o privado.
El relevamiento también recoge las advertencias de los comerciantes sobre la falta de actualización salarial, especialmente entre los empleados estatales, y el creciente endeudamiento de las familias.
En numerosos negocios, las ventas dependen cada vez más de las promociones, los descuentos, los combos y la financiación mediante tarjetas de crédito.
Sin embargo, esa estrategia comienza a encontrar sus propios límites. Los empresarios consultados señalaron que muchos consumidores tienen sus tarjetas prácticamente al máximo de utilización, lo que reduce las posibilidades de continuar financiando compras.
De esta manera, los comercios intentan sostener el movimiento de mercadería mediante ofertas y facilidades de pago, pero resignan parte de sus márgenes de ganancia.
La preocupación ya no se limita a cuánto venden, sino también a cuánto dinero queda disponible después de afrontar los costos de funcionamiento.
Presión tributaria
Otro de los ejes centrales del análisis de González fue la presión impositiva sobre las pequeñas y medianas empresas, a la que identificó como uno de los principales obstáculos para la continuidad de la actividad formal.
«Hay prácticamente un ataque con respecto a los tributos nacionales hacia los sectores más pequeños de la economía de nuestro país», afirmó.
Asimismo, González sostuvo que la rigidez del sistema tributario, sumada a la caída del consumo, está llevando a algunas microempresas a abandonar la formalidad. Aunque aclaró que no justifica esa decisión, advirtió que el fenómeno representa una amenaza adicional para quienes continúan cumpliendo con sus obligaciones fiscales y previsionales.
Según su análisis, una empresa que deja de tributar obtiene una ventaja competitiva considerable frente a los comercios establecidos, que deben incorporar esos costos a sus precios.
El presidente de Fechaco aseguró que la carga tributaria puede representar entre el 50% y el 56% del valor de determinados productos, dependiendo de su origen, y señaló que buena parte de la recaudación se concentra en impuestos nacionales.
A esta situación sumó la competencia de productos importados que ingresan al país mediante mecanismos habilitados para compras particulares, pero que, según denunció, posteriormente son comercializados por canales digitales sin cumplir con las mismas obligaciones que los negocios formales.
González cuestionó la política de apertura comercial del gobierno nacional y consideró que genera condiciones desiguales de competencia para las pymes argentinas.
En este punto, diferenció las posibilidades de los grandes importadores de las pequeñas empresas del interior. Explicó que, aunque existen mayores facilidades para adquirir mercadería del exterior, los pequeños comerciantes siguen enfrentando dificultades financieras y logísticas para acceder directamente a esos mercados.
En muchos casos, indicó, deben continuar abasteciéndose a través de grandes distribuidores, que conservan una posición dominante en la formación de precios.
márgenes cada
vez más reducidos
El titular de Fechaco también puso el acento en el incremento de los costos de producción, comercialización y mantenimiento de los establecimientos.
Señaló que, pese a la desaceleración de la inflación medida en pesos, las empresas continúan enfrentando aumentos en sus costos de reposición, particularmente en productos y equipamientos cuyos precios están vinculados con el dólar.
A esto se suman las tarifas de servicios públicos, las obligaciones previsionales, los costos financieros y los gastos operativos que deben afrontar los establecimientos independientemente de su nivel de ventas.
Frente a este panorama, González cuestionó los planteos que reducen la solución de los problemas de competitividad a una disminución de las ganancias empresariales. «Competir es algo por lo cual nosotros creamos una empresa para competir y ganar dinero», expresó, aunque advirtió que las diferencias de carga tributaria colocan a los negocios formales en una situación de desventaja frente a otros operadores.
El problema, según explicó, es que las empresas deben absorber costos cada vez mayores mientras sus clientes disponen de menos recursos para consumir.
Menos optimismo
El relevamiento también muestra un cambio en las expectativas empresariales. Aunque disminuyó el porcentaje de firmas que consideran que su situación económica empeoró durante el último año, también se redujo considerablemente el optimismo sobre una recuperación futura.
Actualmente, el 31,6% de las empresas consultadas espera una mejora durante los próximos doce meses, frente al 50% que mantenía esa expectativa en agosto. En cambio, el 59,7% considera que la situación continuará sin grandes modificaciones.
Las perspectivas de inversión tampoco muestran señales firmes de recuperación. Apenas el 17,9% de los empresarios cree que es un buen momento para invertir, mientras que el 38,8% opina lo contrario y un 43,4% todavía no tiene una posición definida.
} La construcción y el agro se sostienen
A pesar del panorama general negativo, el informe identifica algunos segmentos que consiguieron mejorar su desempeño durante septiembre.
Calzado, Indumentaria y Textiles encabezó el crecimiento interanual, con una suba del 9,3%, impulsada principalmente por descuentos, promociones y operaciones financiadas.
El despacho de combustibles registró un incremento del 6,4%, asociado fundamentalmente al movimiento agropecuario y a la demanda de gasoil.
Por su parte, Ferretería, Construcción, Bazar, Hogar y Muebles mostró una mejora del 2,4% interanual, acompañada por un crecimiento mensual del 4,4%, el más importante entre los sectores analizados.
González vinculó parte de estos resultados con la actividad del campo y con las herramientas de financiación disponibles para la construcción.
En particular, mencionó el programa Chaco Construye, desarrollado junto con el Nuevo Banco del Chaco (NBCH), como una alternativa para incentivar las operaciones comerciales.
El dirigente destacó la importancia del trabajo conjunto entre los sectores público y privado para sostener las ventas en un contexto de demanda restringida.
Sin embargo, los resultados positivos se concentran en actividades específicas y no alcanzan para compensar la caída de los sectores más dependientes del consumo familiar.

