La especialista en plagas del algodón, que se encuentra a cargo de la Estación Experimental del Inta Sáenz Peña, Marita Simonella, mencionó que recientemente le impactó el caso de un productor de la zona de Coronel Du Graty que decidió destruir su cultivo ante el avance del insecto.
Para Simonella, este tipo de situaciones reflejan que muchas veces se pierde de vista que el picudo es una plaga que está presente en la región y que requiere un manejo permanente.
En diálogo con Agroperfiles Radio explicó que el control efectivo del picudo exige un monitoreo constante del cultivo. A diferencia de otras plagas, el seguimiento debe intensificarse especialmente cuando el algodón entra en período reproductivo.
Desde la aparición de los primeros pimpollos, los lotes deberían recorrerse al menos cada cuatro o cinco días para detectar señales tempranas de daño por alimentación u oviposición.
Las trampas
La especialista destacó además la importancia de las trampas de feromonas instaladas antes de la siembra, ya que permiten obtener información clave sobre la presencia del insecto en el lote y su movimiento dentro del campo.
Sin embargo, aclaró que una vez que aparecen los primeros pimpollos, el monitoreo directo en el cultivo se vuelve fundamental.
Simonella advirtió que cuando los productores detectan la presencia de picudos adultos muchas veces ya es tarde, porque eso indica que la plaga se multiplicó previamente en el cultivo.
En ese contexto, recordó que las condiciones de humedad registradas durante noviembre y diciembre favorecieron el desarrollo del insecto, lo que permitió su expansión en los lotes.
Se debe cuidar todo el año
Asimismo, remarcó que el manejo del picudo no debe interrumpirse durante el año productivo. Tras la cosecha y la destrucción del rastrojo, durante el período de vacío fitosanitario se produce una pausa relativa en las tareas, pero luego deben retomarse los monitoreos, ya sea mediante trampas o recorridas de campo, especialmente cuando el cultivo comienza nuevamente su etapa reproductiva.
La ingeniera subrayó que el trabajo conjunto entre productores vecinos resulta clave para enfrentar la plaga. «Si algunos realizan correctamente el monitoreo y las prácticas de manejo, pero los campos cercanos no aplican las mismas medidas, las consecuencias terminan afectando a todos», sostuvo.
Hace falta coordinar
la tarea
Simonella también advirtió que la falta de coordinación en las fechas de siembra puede favorecer la presencia del picudo en los lotes algodoneros. Según explicó, la ausencia de límites estrictos para la siembra hace aún más necesario que los productores de una misma zona se pongan de acuerdo.
En ese sentido, señaló que cuando algunos siembran en septiembre, otros en octubre o noviembre y otros recién en diciembre, se genera una disponibilidad escalonada de alimento para el insecto, lo que facilita su permanencia y multiplicación en el campo.
En este contexto, consideró que sería importante analizar los casos registrados durante la campaña para comprender qué ocurrió en cada situación y utilizar esa información como aprendizaje para los próximos ciclos productivos.
Asimismo, remarcó además que, en la actualidad, la presencia del picudo y los daños en los cultivos parecen estar bastante generalizados en distintas zonas productivas.
Las variables sanitarias deben ser monitoreadas
La profesional recordó que durante los primeros meses de la campaña también hubo preocupación por otras amenazas para el cultivo, como el ataque de palomas y cotorras, lo que llevó a que la atención estuviera puesta en esos problemas.
Sin embargo, advirtió que no se debe descuidar ninguna de las variables sanitarias del cultivo. En esa línea, insistió en la necesidad de asumir que el picudo es una plaga instalada en la región y que los productores deben convivir con ella. «Aunque no lo veamos, está», señaló, al remarcar que su presencia exige mantener un manejo permanente y organizado.
Simonella recordó, además, que desde hace muchos años los técnicos vienen capacitando sobre el manejo del picudo y que el sector ya cuenta con suficiente conocimiento para enfrentarlo. «No podemos decir que no sabemos cómo manejarlo», afirmó, al tiempo que subrayó que la clave sigue siendo la constancia en las prácticas de monitoreo y el trabajo coordinado entre productores.
Finalmente, la ingeniera indicó que cada situación productiva puede tener particularidades, por lo que evitó emitir juicios sobre casos específicos, como el de productores que debieron destruir sus cultivos.
En ese sentido, señaló que influyen múltiples factores, entre ellos los costos y los precios del mercado.
Desde el organismo técnico reiteraron, además, la importancia del diálogo permanente con productores, periodistas y todos los actores del sector, destacando que el intercambio de información y experiencias es fundamental para seguir mejorando el manejo de los cultivos en la región.

