El consumo de carne vacuna en Argentina volvió a marcar un récord negativo y confirma un cambio profundo en los hábitos alimenticios del país. En febrero de 2026, el consumo per cápita se ubicó en apenas 47,3 kilos anuales, el nivel más bajo desde que existen registros, con una caída interanual del 2,5%.
De acuerdo al último informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina, durante el primer bimestre del año el consumo aparente alcanzó 332,7 mil toneladas, lo que representa una fuerte contracción del 13,8% respecto al mismo período de 2025.
El desplome responde principalmente al fuerte incremento de precios. En febrero, la carne registró subas superiores al 7% mensual y acumuló un alza interanual del 72%, duplicando ampliamente la inflación general y alcanzando los valores más altos de los últimos quince años. Este escenario impactó directamente en el bolsillo de los consumidores, reduciendo la demanda interna.
Pero el fenómeno no se explica solo por la caída del consumo. También hay factores estructurales en juego. Por un lado, la producción de carne vacuna descendió un 9,1% interanual en los primeros meses del año, afectada por la menor faena de animales. Sequías e inundaciones recientes deterioraron el stock ganadero y limitaron la disponibilidad de hacienda.
En paralelo, las exportaciones mostraron un comportamiento opuesto: crecieron un 6,6% interanual, lo que implica que una mayor proporción de la producción se destinó a mercados externos. Esta combinación —menos producción y más exportaciones— redujo significativamente la oferta disponible en el mercado interno.
Históricamente, Argentina fue uno de los países con mayor consumo de carne vacuna del mundo, con niveles superiores a los 60 kilos por habitante. Sin embargo, la tendencia de los últimos años evidencia un cambio sostenido. El actual registro no solo profundiza la caída frente a 2025 (48,5 kilos), sino que también queda muy por debajo de los valores de décadas anteriores.

