La psicóloga y magíster en Salud Mental, María Florencia Reparaz, aportó una mirada integral que invita a salir de las respuestas simplistas y a pensar soluciones estructurales.
En declaraciones a La Radio, la especialista planteó la necesidad de abordar estas problemáticas desde la complejidad, poniendo en el centro el sufrimiento humano y las condiciones en que este se produce.
«Cada vez que estas situaciones se visibilizan, se abre la posibilidad de hablar de manera adecuada y respetuosa sobre temas como la violencia y el consumo de sustancias», sostuvo Reparaz al inicio de la entrevista.
Lejos de reducir el fenómeno a una cuestión individual o moral, la profesional insistió en que se trata de problemáticas profundamente atravesadas por contextos sociales, laborales e institucionales.
El consumo problemático:
más allá de la sustancia
Uno de los ejes centrales de la conversación fue el impacto generado por recientes casos de consumo de sustancias en profesionales de la salud, particularmente en ámbitos hospitalarios.
Frente a este escenario, Reparaz fue contundente: «El problema no es la sustancia. Hay que mirar de maneras mucho más complejas que esas».
En esa línea, explicó que limitar la intervención a sanciones o procesos judiciales implica reducir el campo de acción y, en muchos casos, agravar la situación. «Responder solamente con denuncias o castigos es insuficiente. Estas problemáticas requieren múltiples abordajes porque están ligadas a condiciones de sufrimiento que no siempre son visibles», señaló.
Para la especialista, uno de los principales desafíos actuales es revisar los espacios donde transcurre la vida cotidiana de las personas, como el trabajo o la escuela. «Antes se pensaba que alguien que estudiaba o tenía un empleo estaba ‘encauzado’.
Hoy eso ya no alcanza. Tenemos que preguntarnos qué ocurre dentro de esos espacios», advirtió.
El trabajo como escenario
de sufrimiento
Reparaz puso especial énfasis en las condiciones laborales, particularmente en el ámbito de la salud. «Los espacios de trabajo muchas veces son escenarios de mucho sufrimiento.
La organización del trabajo, las exigencias y las dinámicas internas pueden generar respuestas de padecimiento, incluso conductas autodestructivas», explicó.
En este contexto, el acceso a determinadas sustancias -como anestésicos o fármacos de uso hospitalario- se convierte en un factor de riesgo adicional.
Sin embargo, insistió en que el foco no debe estar puesto exclusivamente en la disponibilidad de estos insumos, sino en las condiciones subjetivas y estructurales que llevan a su consumo indebido.
«El asombro que generan estos casos es entendible, pero no podemos quedarnos en la sorpresa. Esto atraviesa todos los estratos sociales y todos los ámbitos laborales», remarcó.
Violencias invisibles
Otro de los puntos destacados de la entrevista fue la necesidad de reconocer que la violencia está presente incluso en instituciones que, en teoría, deberían garantizar cuidado y bienestar.
«En las escuelas, en los hospitales, en los espacios de formación, ocurren situaciones de violencia. El primer paso es reconocerlo sin estigmatizar», afirmó Reparaz.
En ese sentido, advirtió sobre el riesgo de caer en estereotipos que reducen el problema a determinados sectores o profesiones. «Decir ‘esto pasa con los anestesistas’ o ‘esto pasa con los profesionales de Salud’ es simplificar. Estas situaciones son mucho más amplias y complejas», agregó.
Formación y prevención
Desde su rol como jefa de docencia e investigación en una residencia de salud mental comunitaria en el Chaco, Reparaz compartió experiencias concretas de trabajo territorial. El programa se desarrolla en centros de atención primaria ubicados en Barranqueras, el barrio Toba y Juan Bautista Alberdi.
«Allí trabajamos con residentes en formación y nos preguntamos constantemente por la salud de quienes se están formando. Hemos detectado consumos problemáticos, conductas suicidas, depresiones y ausencias laborales», detalló.
A partir de estas observaciones, se encuentra en elaboración un protocolo de abordaje de violencias en espacios de salud, así como otro específico para el tratamiento de consumos problemáticos en profesionales en formación.
«El primer paso fue reconocer que esto está pasando. Ahora estamos construyendo herramientas para intervenir de manera adecuada», explicó.
Modernización del Estado
En otro tramo de la conversación, se vinculó la problemática con el concepto de modernización del Estado. Para Reparaz, este proceso debe implicar una transformación en la manera de abordar los conflictos internos de las instituciones.
«Modernizar el Estado es también generar equipos interdisciplinarios que puedan detectar y acompañar a las personas que están atravesando situaciones problemáticas, sin juzgarlas», señaló.
En esa línea, cuestionó las respuestas exclusivamente punitivas. «La sanción por sí sola es una respuesta reduccionista. Puede incluso aumentar el sufrimiento y reproducir la violencia», afirmó.
Violencia escolar
La especialista también se refirió a propuestas legislativas que plantean sanciones económicas para padres de estudiantes involucrados en situaciones de violencia escolar.
«No puedo sostener ninguna respuesta reduccionista desde mi posicionamiento ético. Pensar que los padres pueden controlar completamente a sus hijos o que la pérdida económica es la solución es una mirada tutelar que no funciona», expresó.
En cambio, propuso un abordaje más amplio que incluya a toda la comunidad educativa. «Hay que trabajar con los estudiantes, con los docentes, con quienes observan y no intervienen. La violencia es un fenómeno colectivo», explicó.
Una mirada ética y política
Hacia el final, Reparaz insistió en la necesidad de construir respuestas «éticamente sostenidas y políticamente adecuadas». Para la especialista, esto implica abandonar soluciones simplistas y apostar por estrategias integrales y sostenibles en el tiempo.
«Si la única respuesta es la sanción, la violencia se reproduce. Necesitamos intervenciones que contemplen la complejidad de estas problemáticas», concluyó.
Protocolos: entre la teoría y la práctica
Durante la entrevista, surgió un debate clave sobre la efectividad de los protocolos institucionales. Si bien Reparaz destacó su importancia, coincidió en que su implementación real es el principal desafío.
«Es fundamental que estos protocolos bajen al territorio. Si no, quedan como letra muerta», advirtió uno de los entrevistadores, en referencia a casos recientes donde, pese a existir alertas, no se logró evitar desenlaces trágicos.
Reparaz recogió el planteo y subrayó la necesidad de garantizar recursos y para su aplicación efectiva. «No alcanza con diseñar políticas. Hay que asegurar que puedan implementarse», sostuvo.
CLAVES
·Abordaje integral
El consumo problemático y las violencias no pueden reducirse a lo individual: requieren miradas que contemplen factores sociales, laborales e institucionales.
·Límites de lo punitivo
Las respuestas basadas únicamente en sanciones o castigos resultan insuficientes y pueden agravar el sufrimiento.
·Trabajo y escuela bajo la lupa
Los espacios cotidianos, como hospitales y escuelas, también pueden ser escenarios de violencia y padecimiento.
·Prevención desde la formación
Detectar a tiempo consumos, depresión y otras problemáticas en ámbitos de formación es clave para intervenir de manera temprana.

