En los primeros tres meses de 2026, al menos 66 mujeres y personas de identidades feminizadas fueron asesinadas por razones de género en la Argentina, según el relevamiento de la organización Ahora Que Sí Nos Ven. El dato, construido a partir del monitoreo de medios entre el 1 de enero y el 29 de marzo, evidenció una frecuencia alarmante: un femicidio cada 33 horas.
No obstante, otro informe difundido en paralelo por el Observatorio Nacional MuMaLá elevó esa cifra a 73 casos en el mismo período, que más allá de las diferencias metodológicas que engrosan las cifras, ambos informes coincidieron en señalar la gravedad de la situación.
Desde Ahora Que Sí Nos Ven indicaron que del total de 66 víctimas, 57 correspondieron a femicidios directos, 6 a femicidios vinculados, 2 a instigaciones al suicidio y 1 a un caso de travesticidio/transfemicidio. Además, advirtieron que se registraron 92 intentos de femicidio, lo que implicó un caso cada 25 horas.
Por su parte, el relevamiento de MuMaLá —también basado en el análisis de medios, portales especializados y seguimiento territorial— incluyó una clasificación más amplia de las violencias extremas. En su informe, contabilizó 73 femicidios, desglosados en 56 directos, 3 vinculados de niños o varones, 1 vinculado de mujer, 2 trans/travesticidios, 9 feminicidios en contexto de narcotráfico y crimen organizado y 2 suicidios feminicidas .
la brecha
La disparidad entre 66 y 73 casos no respondió a errores, sino a enfoques distintos. Desde MuMaLá explicaron que su registro incorporó categorías que excedieron la tipificación penal clásica del femicidio, como los suicidios feminicidas muertes autoinfligidas en contextos de violencia de género y los asesinatos vinculados a economías delictivas o narcotráfico .
También incluyeron muertes violentas en investigación y situaciones donde el componente de género aún no estaba judicialmente confirmado, pero sí era considerado probable desde una perspectiva sociológica. “La muerte violenta de mujeres cuya causa principal es la desigualdad de poder por razones de género” fue el criterio conceptual adoptado, en línea con recomenaciones internacionales.
En cambio, el informe de Ahora Que Sí Nos Ven se concentró los casos confirmados o con evidencia clara de violencia de género, lo que redujo el universo analizado. Esa diferencia metodológica explicó por qué una organización reportó menos casos que la otra.
Lejos de contradecirse, ambos informes ofrecieron lecturas complementarias: uno más restrictivo y centrado en la tipificación directa, otro más amplio y orientado a visibilizar todas las formas extremas de violencia patriarcal.
Un fenómeno estructural
Las dos organizaciones coincidieron en que los femicidios no constituyeron hechos aislados. Desde Ahora Que Sí Nos Ven sostuvieron que “forman parte de una trama estructural sostenida por la desidia y la impunidad estatal”, al tiempo que remarcaron el impacto de los recortes en políticas públicas y los discursos negacionistas. Los datos respaldaron esa afirmación. Según ese relevamiento, el 68% de los agresores eran parejas o exparejas, mientras que el 47,6% de los crímenes ocurrió en la vivienda de la víctima y el 20,6% en un domicilio compartido. Es decir, el hogar —históricamente considerado un espacio de resguardo— volvió a aparecer como el principal escenario de riesgo.
MuMaLá llegó a conclusiones similares: el 64% de los femicidios se cometió en viviendas, y más de la mitad de los agresores mantenía un vínculo afectivo con la víctima . Además, detalló que la edad promedio de las víctimas fue de 35 años y que un 36% tenía hijos o hijas.
Ambos informes también alertaron sobre la baja incidencia de denuncias previas. En el caso de Ahora Que Sí Nos Ven, solo el 18% de las víctimas había denunciado a su agresor. MuMaLá, en tanto, registró un porcentaje aún menor: 9,5% . Esta diferencia también respondió a criterios de registro, pero en ambos casos dejó en evidencia fallas en los mecanismos de prevención.
El impacto en
las infancias
Uno de los datos más sensibles fue la cantidad de niñas, niños y adolescentes que quedaron sin madre. Ahora Que Sí Nos Ven reportó al menos 56 casos en lo que va del año, mientras que MuMaLá contabilizó 46 hasta el 30 de marzo .La diferencia volvió a estar vinculada al recorte temporal y metodológico, pero ambas cifras reflejaron una consecuencia directa y profunda de la violencia de género: su impacto intergeneracional.
La situación
en Chaco
En este contexto nacional, la provincia del Chaco apareció en ambos informes como un territorio afectado, aunque con cifras relativamente bajas en términos absolutos. Según MuMaLá, se registraron 2 femicidios en el período analizado, uno directo y uno vinculado . La tasa provincial se ubicó en 0,3 cada 100.000 mujeres, en línea con el promedio nacional .
Sin embargo, detrás de los números se destacaron casos de extrema violencia que conmocionaron a la comunidad. Uno de ellos fue el doble femicidio ocurrido en Quitilipi, donde una mujer y su hija adolescente fueron asesinadas por la expareja de la mujer. El hecho fue citado por las organizaciones como ejemplo de la gravedad de la problemática y de la necesidad de intervención estatal temprana.
Desde las organizaciones señalaron que incluso en provincias con menor cantidad de casos, la violencia de género mantuvo características estructurales similares: vínculos cercanos entre víctima y agresor, reiteración de antecedentes de violencia y fallas en los dispositivos de protección.
nuevas formas
de violencia
Un aspecto distintivo del informe de MuMaLá fue la inclusión de los feminicidios en contexto de narcotráfico y crimen organizado. Según el relevamiento, se registraron 9 casos en el país, lo que representó el 12% del total.
Este tipo de violencia, señalaron, se vinculó con economías delictivas y territorios atravesados por disputas criminales, donde mujeres y diversidades quedaron expuestas por vínculos familiares o por su mera presencia en zonas de conflicto. Este enfoque amplió la comprensión del fenómeno y puso sobre la mesa la necesidad de políticas integrales que contemplen no solo la violencia doméstica, sino también otras formas de violencia estructural.
Intentos: la antesala
Otro punto en común entre los informes fue la magnitud de los intentos de femicidio. Ahora Que Sí Nos Ven registró 92, mientras que MuMaLá contabilizó 263 .
La diferencia volvió a responder a criterios de registro, pero ambas cifras coincidieron en algo clave: por cada femicidio consumado, existieron múltiples situaciones previas que podrían haber sido detectadas e intervenidas.
Desde MuMaLá indicaron que se produjeron 3,6 intentos por cada femicidio , lo que evidenció la importancia de fortalecer los sistemas de alerta temprana.
Menor visibilidad mediática
Las organizaciones también cuestionaron el rol de los medios de comunicación. Desde Ahora Que Sí Nos Ven advirtieron una caída en la cobertura de temas vinculados a la violencia de género, incluso en fechas emblemáticas como el Día Internacional de la Mujer.
Según señalaron, el silenciamiento mediático también constituyó una forma de violencia, al reducir la visibilidad de los casos y limitar el debate público.
Reclamos y advertencias
En sus conclusiones, ambas organizaciones coincidieron en la necesidad de fortalecer las políticas públicas. Desde MuMaLá reclamaron la declaración de la emergencia nacional en violencias de género, con el objetivo de restituir recursos para la prevención y asistencia .
“Ahora Que Sí Nos Ven, en tanto, advirtió que el contexto de ajuste impactó directamente en la capacidad de respuesta del Estado y sostuvo que “sin prevención, la violencia escala”.
Un problema persistente
Más allá de las diferencias metodológicas, los informes coincidieron en un punto central: la violencia de género continúa siendo un problema estructural en la Argentina.““Las cifras —66 o 73, según el enfoque— no solo reflejaron la magnitud del fenómeno, sino también la complejidad de medirlo. Cada número representó una vida perdida y una red de consecuencias que se extendió a familias, comunidades y territorios.
En provincias como Chaco, donde los casos resonaron con fuerza en la agenda pública, el desafío siguió siendo el mismo que a nivel nacional: prevenir antes de que la violencia escale. Porque detrás de cada estadística, como señalaron las organizaciones, hubo historias que podrían haberse evitado.

