Colaboración de Gustavo Adolfo Ojeda
Para LA VOZ DEL CHACO
En memoria de mis tíos Amalio, Genoveva y Nina.
La mayor comunidad de descendientes checos en nuestro país se encuentra en Sáenz Peña (Chaco). Según investigaciones, sus orígenes se remontan a 1913, con la llegada de los inmigrantes Juan Novotny y Pedro Šašvata a la ciudad. Con el correr de las décadas, la colectividad checa fundó una cooperativa, dos clubes deportivos y otras asociaciones en las que aún se puede aprender checo y danzas típicas.
Así comentaba con cierta nostalgia mi tío Amalio Báez y su esposa Genoveva, quienes trabajaron durante toda su vida en la Cooperativa La Unión.
Ellos habían escrito, bajo el título de «Juan y Pedro», un interesante trabajo que sería bueno rescatar, pues habla de muchas anécdotas e historias vividas.
En su casa de Sáenz Peña había una gran foto de Praga y otros lugares bellos de Checoslovaquia. Su hijo Mario, quien fue marino de la Armada Nacional, supo conocer muchos puertos del mundo, siendo siempre enriquecedoras las charlas en Sáenz Peña.
Mi otra tía, por parte de madre, Secundina Domínguez, la querida tía Nina, fue colaboradora del señor Gustavo Plaza, gerente del desaparecido Banco Hipotecario, sucursal Sáenz Peña, y pudo aportar también a la historia familiar vivencias en esa progresista ciudad del interior del Chaco.
Hoy, en este 2027, enriquecen esas historias de laboriosidad checa mi primo Pedro Marinich, casado con Ana Lucía Domínguez, hija de mi tío Carlos.
En estos días, por ejemplo, tomé conocimiento de que el bisabuelo de la ex reina de los inmigrantes checos y después reina de todas las colectividades, Paola Adriana Gómez Baklyk, tiene sangre correntina y checa. Su bisabuelo fue el bellavistense correntino Raimundo Gómez, trabajador rural de la Colonia La Chiquita Norte. Allí conoció a la checa María Baklyk, con quien contrajo enlace.
También tía Nina vivió en Misiones y comentaba la majestuosidad de la fiesta de los colonos checos en Oberá, donde el Banco Hipotecario tenía fuerte presencia. Allí, en Oberá, se celebra la Fiesta Nacional del Inmigrante.
Su pueblo de origen es Bohemia; sus idiomas son el español rioplatense, el checo y el alemán. La religión predominante es el cristianismo, históricamente de mayoría católica, con minorías judías e irreligiosas.
Se consigna entonces que sus principales asentamientos son Oberá (Misiones), Sáenz Peña (Chaco), el Gran Buenos Aires, el Gran La Plata y la provincia de Santa Fe.
La inmigración checa en Argentina comenzó antes de la Primera Guerra Mundial y se dividió en cuatro períodos. Se calcula que en total arribaron cerca de 40 mil checos y eslovacos hasta la década de 1950.
La Argentina posee la mayor comunidad de checos en América Latina y la tercera en el continente americano, después de Estados Unidos y Canadá. Se establecieron sobre todo en la ciudad de Buenos Aires, el Gran La Plata, Rosario (Santa Fe) y el Chaco.
Oleadas migratorias
Se registran cuatro períodos de inmigración checa en la Argentina. El primero es ligeramente anterior a la Primera Guerra Mundial; el segundo, durante las décadas de 1920 y 1930; el tercero, durante la Segunda Guerra Mundial; y el cuarto, de mucho menor magnitud, durante la década de 1990.
Durante las dos primeras etapas, el grupo migratorio estuvo mayoritariamente integrado por obreros y campesinos que llegaron motivados por cuestiones económicas. En la tercera etapa arribaron también inmigrantes checos en carácter de exiliados políticos. Huían, sobre todo, de la creciente presencia nazi en Europa Central.
Asimismo, después de 1945 llegaron algunos alemanes étnicos checoslovacos, víctimas de la expulsión de alemanes de Checoslovaquia, principalmente de la región de los Sudetes.
La pequeña oleada de la década de 1990 estuvo integrada por diversos sectores sociales, y las razones de la inmigración obedecieron a cuestiones económicas, pero también a intereses personales de los recién llegados.
Se estima que la mayoría de los inmigrantes checos que llegaron al país lo hicieron desde el puerto alemán de Bremen (aquellos checos que por entonces vivían bajo áreas anexadas por Alemania) y desde el puerto italiano de Trieste (aquellos que vivían bajo la órbita del Imperio austrohúngaro).
La mayor comunidad de descendientes de checos en la Argentina se encuentra en Sáenz Peña (Chaco). Según investigaciones, sus orígenes se remontan a 1913, con la llegada de los inmigrantes Juan Novotny y Pedro Šašvata a la ciudad.
Con el correr de las décadas, la colectividad checa fundó una cooperativa, dos clubes deportivos y otras asociaciones en las que aún se puede aprender checo y danzas típicas. Existen pequeñas comunidades en ciudades como Buenos Aires, Rosario, Oberá (provincia de Misiones), Villa Carlos Paz (Córdoba) y Mendoza.
El pasado 16 de abril se cumplieron 100 años de la llegada de los primeros pobladores checos a la ciudad argentina de Presidencia Sáenz Peña. Con motivo del aniversario, la comunidad de descendientes de checos celebró una semana de festividades que contó con la presencia de conjuntos musicales de su Moravia ancestral.
La ciudad de Presidencia Roque Sáenz Peña, en la provincia argentina del Chaco, fue fundada en 1912 y, un año más tarde, el 16 de abril de 1913, se asentaron en la población sus primeros colonos checos: Pedro Šašvata y Juan Novotný. Estos supusieron la punta de lanza para el establecimiento de una importante comunidad checa en la ciudad, procedente en su mayor parte del pueblo moravo de Velké Bílovice.
El detonante fue el reparto de tierras que empezó a realizarse en la recién fundada población y que atrajo a Pedro Šašvata, quien tenía la intención de iniciar en Argentina el cultivo del algodón.
Hubo en Sáenz Peña toda una «sucursal de Velké Bílovice en el extranjero», como bromeaban los colonos. Contaban con la Sociedad de Socorro Mutuo Slavia, que hacía de hotel, caballeriza, hospital y centro de la vida social; con su propia escuela (actual sede de la Unión Checoslovaca), una cooperativa y dos clubes deportivos: Sokol y Morava. De las tierras checas no llegaron solo agricultores, sino también artesanos, periodistas e incluso fotógrafos.
«Tuvieron que talar el monte y desmalezar para poder comenzar con la siembra del algodón. En un principio, todos los emigrantes tuvieron el mismo problema con las herramientas porque no se conseguían. Por tal razón estaban obligados a fabricarlas. Los inmigrantes tuvieron que afrontar tiempos difíciles: cavar pozos a profundidades extremas, a veces sin conseguir agua; vivir en ranchos enchorizados (es decir, hechos con barro y paja); luchar con las terribles mangas de langostas que asolaban los cultivos y diezmaban las plantaciones; la lagarta rosada, una oruga que destruía los capullos verdes; los años de sequía y el viento norte abrasador…». Hoy, en este 2027, existe un museo: es el primer museo checoslovaco de América del Sur. Se reconstruyó el escenario; antes tenían uno pequeño y ahora cuentan con uno muy lindo y muy grande.

