La prematura muerte de Mario Caparra, a los 44 años, provocó una profunda conmoción en la comunidad artística y cultural chaqueña, que desde el lunes comenzó a multiplicar en las redes sociales mensajes de despedida, recuerdos y homenajes al poeta, escritor, docente y gestor cultural.
Caparra falleció durante la madrugada del lunes en Resistencia. Durante más de dos décadas estuvo vinculado de manera activa con la literatura y la gestión cultural de la provincia, tanto desde organismos públicos como desde proyectos independientes, talleres, editoriales y experiencias colectivas.
Pero fueron fundamentalmente los testimonios personales los que, con el correr de las horas, comenzaron a dimensionar el vacío que dejó su partida. Compañeros de trabajo, escritores, músicos, actores, alumnos y amigos recuperaron pequeñas historias, encuentros, conversaciones, libros, brindis y proyectos compartidos.
Como el mensajedel músico chaqueño Coqui Ortiz, quien eligió despedirlo desde una escena cotidiana y entrañable: las últimas copas compartidas una noche de frío y lluvia en Macedonio.
Ortiz recordó aquella madrugada de canciones, poesía y conversaciones en la que Caparra protagonizó una caída que terminó convirtiéndose en motivo de carcajadas entre los presentes: cayó al piso pero consiguió mantener su copa en alto y cerrar la pirueta con una reverencia. “Queda un vino pendiente”, escribió el músico al despedirlo. Y agregó: “Con amigos como vos siempre quedará una copa y una charla más. Puro encontrarnos en canciones, poesía, abrazos y carcajadas”. Finalmente lo despidió con un “Hasta siempre Marito querido de mi corazón”.
Una ausencia en la cultura
También la artista plástica Jarumi Nishishinya expresó públicamente el dolor por la noticia y recordó especialmente la manera en que Caparra hablaba sobre la fragilidad de la vida, incluso apelando al humor negro para abordar su propia finitud.
“Hoy es un día muy gris y muy triste acá en la ciudad de Resistencia”, escribió, antes de definirlo como poeta y como “un hermoso ser humano”. En su despedida destacó la vitalidad que desplegaba en cada proyecto cultural y el lugar central que ocupaban en su vida su hija y su trabajo alrededor de las letras.
Nishishinya recuperó además una idea que consideró parte del legado de su amigo: la necesidad de “vivir en consciencia de finitud”. Y frente a la dificultad de encontrar palabras suficientes para despedirlo, volvió justamente a aquello que atravesó la vida de Caparra: “El Poder de la Palabra nos transforma”.
La noticia trascendió también las fronteras provinciales. El sociólogo, investigador y escritor Pablo Alabarces recordó que había conocido personalmente a Caparra quince años atrás, cuando el chaqueño lo invitó a brindar una charla en el Cecual. Desde entonces, contó, mantuvieron una amistad fundamentalmente virtual pero profundamente afectuosa.
Alabarces lo recordó como un “tipazo”, además de poeta, gestor, inventor y militante. “La noticia, simplemente, me destruye. No puede haber ocurrido”, escribió al conocer su muerte, antes de enviar un abrazo a quienes compartieron más estrechamente la vida con el escritor chaqueño.
una vida en la palabra
Caparra nació en Chaco en 1982 y desde muy joven construyó una voz propia dentro de la poesía contemporánea del Nordeste, caracterizada por el humor, la experimentación y el juego con el lenguaje.
Fue uno de los fundadores, junto con Luis Argañarás y Tony Zalazar, del taller y editorial Ananga Ranga , una experiencia que tuvo un lugar significativo en la renovación de la escena literaria chaqueña de comienzos de los años 2000. Entre sus publicaciones se encuentran Poemas de Tractores, Dios TV, Último tango en parir, Sobras Completas y Morir no es para cualquiera.
Su producción literaria integró antologías locales y nacionales y llegó a espacios como el Festival Internacional de Poesía de la Fundación El Libro y la Antología Federal de Poesía del Consejo Federal de Inversiones. A lo largo de su trayectoria recibió, entre otros reconocimientos, el Premio Nacional de Poesía del Centro Cultural Ricardo Carpani, el Premio Provincial de Poesía Alfredo Veiravé y el Premio Municipal Resistencia Poética.
Como trabajador del Instituto de Cultura del Chaco pasó por distintas áreas. Integró el Departamento de Letras y el equipo del Centro Cultural Alternativo (Cecual) y, en los últimos tiempos, se desempeñaba en el Departamento de Marketing Cultural. En el Cecual estuvo además al frente de PaLabrar, espacio dedicado a la escritura, la lectura y la creación colectiva.
El propio Cecual lo despidió desde sus redes sociales recuperando esa dimensión afectiva que apareció una y otra vez en los mensajes publicados tras conocerse su muerte: “Poeta y cecualero iluminaste esta casa y tantas otras pero sobre todo la vida de muchas personas”. El espacio agradeció “la risa, la poesía, la solidaridad, los brindis, los abrazos y el viaje compartido”.
“Se fue en el Día del Lector”
El actor y referente teatral Sergio Nicolás Chaparro encontró otra coincidencia para pensar la partida del poeta: Caparra murió el 24 de agosto, Día del Lector.
“Mario Caparra se fue en el Día del Lector. Y cuesta no detenerse en ese detalle”, escribió. Chaparro recordó a alguien que había hecho de la palabra “un lugar para habitar”, que leyó, escribió y compartió historias y defendió la literatura como una manera de encontrarse con otros.
La coincidencia le permitió construir una despedida alrededor de aquello que Caparra había elegido como territorio durante buena parte de su vida: los libros y las palabras.
“Mario se fue en el Día del Lector. Mientras alguien, en algún lugar, abría un libro. Mientras una historia comenzaba. Mientras una palabra encontraba nuevos ojos”, escribió Chaparro. Y concluyó: “Tal vez esa sea una de las formas más dignas y bellas de cerrar el círculo: irse mientras aquello que amaste sigue ocurriendo”.
Las numerosas despedidas públicas terminaron componiendo, así, un retrato que excede los libros publicados, los premios o los cargos ocupados. Durante más de veinte años, Caparra sostuvo talleres, coordinó espacios literarios, presentó libros, produjo espectáculos poético-musicales y participó de proyectos colectivos desde los que acompañó a escritores y artistas de la región.
Su muerte dejó una ausencia temprana en la cultura chaqueña. Y también una multitud de recuerdos que, desde el lunes, parecen repetirse alrededor de las mismas cosas: la poesía, el humor, las conversaciones, los proyectos compartidos, los abrazos y algún vino que quedó pendiente**.

