El Pontífice enfrenta la enfermedad con confianza en sus médicos, por los antecedentes oncológicos de su familia y su formación religiosa. Mientras espera los estudios clínicos, en Roma continúan las conversaciones sobre la visita. El factor Don Orione.
El papa León XIV conoce los límites que impone una enfermedad grave y decidió ponerse en manos de los médicos. Lo hizo con una naturalidad que llamó la atención dentro del Vaticano y que marca una diferencia con la relación tirante que mantuvo Francisco con los profesionales que lo atendieron durante sus últimos años. Robert Francis Prevost, de 71 años, tiene una historia familiar atravesada por el cáncer, una formación espiritual que encuentra en san Agustín una explicación sobre la fragilidad humana y una disposición personal que lo llevó a aceptar sin demoras la intervención quirúrgica. Ahora, mientras se recupera de la operación en el hospital Gemelli de Roma, esa misma actitud puede resultar determinante para definir el futuro de su viaje a la Argentina, previsto entre el 8 y el 11 de noviembre, cuya realización permanece sujeta a la evolución médica.
La situación presenta una particularidad. Mientras el Papa atraviesa una enfermedad que obliga a revisar los tiempos de su pontificado, dentro de la Iglesia continúan las conversaciones sobre los discursos que pronunciaría en la Argentina, las actividades pastorales y la relación con el gobierno de Javier Milei. El programa anunciado por la Santa Sede permanece formalmente vigente, aunque su realización depende de los estudios pendientes. En paralelo, distintos sectores eclesiásticos trabajan sobre el contenido de una visita que podría convertirse en uno de los acontecimientos religiosos y políticos más importantes de los últimos años en el país.
En Roma conviven así dos procesos. Uno transcurre en el hospital Gemelli, donde los médicos siguen la recuperación de un paciente al que le extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho después de detectar un adenocarcinoma. El otro se desarrolla en los ámbitos de la Curia, entre religiosos argentinos y en los equipos encargados de organizar la visita. Allí se discuten cuestiones que abarcan desde el tono de los discursos papales hasta la presencia de funcionarios en determinadas actividades. También aparecen diferentes sensibilidades dentro de la Iglesia y la preocupación de sectores vinculados con Francisco por el contenido social que debería preservar el nuevo pontificado.
La primera cuestión tiene, sin embargo, una prioridad evidente. León XIV enfrenta una enfermedad cuyo alcance definitivo todavía debe determinarse. Los resultados iniciales de la operación fueron favorables, pero resta conocer información clínica necesaria para establecer si deberá recibir tratamientos adicionales. Los médicos tendrán una intervención decisiva sobre la agenda de un hombre que, desde su elección en mayo de 2025, había desarrollado una intensa actividad y proyectaba una gira de doce días por Uruguay, Argentina y Perú. Son trece vuelos los previstos por Sudamérica, una exigencia física y mental que deberá tener una autorización médica rigurosa.
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La salud de León XIV y el viaje a la Argentina: la batalla contra el cáncer y las discusiones secretas por una visita que sigue en duda
El Pontífice enfrenta la enfermedad con confianza en sus médicos, por los antecedentes oncológicos de su familia y su formación religiosa. Mientras espera los estudios clínicos, en Roma continúan las conversaciones sobre la visita. El factor Don Orione
PorFacundo ChavesSeguirEscucharPuntos claveResumenEl papa León XIV sigue en recuperación en el Policlínico Gemelli, tras su operación por un cáncer de pulmón
15 Oct, 2026 09:31 a. m. AR
El papa León XIV conoce los límites que impone una enfermedad grave y decidió ponerse en manos de los médicos. Lo hizo con una naturalidad que llamó la atención dentro del Vaticano y que marca una diferencia con la relación tirante que mantuvo Francisco con los profesionales que lo atendieron durante sus últimos años. Robert Francis Prevost, de 71 años, tiene una historia familiar atravesada por el cáncer, una formación espiritual que encuentra en san Agustín una explicación sobre la fragilidad humana y una disposición personal que lo llevó a aceptar sin demoras la intervención quirúrgica. Ahora, mientras se recupera de la operación en el hospital Gemelli de Roma, esa misma actitud puede resultar determinante para definir el futuro de su viaje a la Argentina, previsto entre el 8 y el 11 de noviembre, cuya realización permanece sujeta a la evolución médica.
La situación presenta una particularidad. Mientras el Papa atraviesa una enfermedad que obliga a revisar los tiempos de su pontificado, dentro de la Iglesia continúan las conversaciones sobre los discursos que pronunciaría en la Argentina, las actividades pastorales y la relación con el gobierno de Javier Milei. El programa anunciado por la Santa Sede permanece formalmente vigente, aunque su realización depende de los estudios pendientes. En paralelo, distintos sectores eclesiásticos trabajan sobre el contenido de una visita que podría convertirse en uno de los acontecimientos religiosos y políticos más importantes de los últimos años en el país.
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En Roma conviven así dos procesos. Uno transcurre en el hospital Gemelli, donde los médicos siguen la recuperación de un paciente al que le extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho después de detectar un adenocarcinoma. El otro se desarrolla en los ámbitos de la Curia, entre religiosos argentinos y en los equipos encargados de organizar la visita. Allí se discuten cuestiones que abarcan desde el tono de los discursos papales hasta la presencia de funcionarios en determinadas actividades. También aparecen diferentes sensibilidades dentro de la Iglesia y la preocupación de sectores vinculados con Francisco por el contenido social que debería preservar el nuevo pontificado.
El papa León XIV se reunió con el presidente de Argentina, Javier Milei, y su hermana, la secretaria general de la presidencia, Karina milei, en el Vaticano, el 7 de junio de 2025
La primera cuestión tiene, sin embargo, una prioridad evidente. León XIV enfrenta una enfermedad cuyo alcance definitivo todavía debe determinarse. Los resultados iniciales de la operación fueron favorables, pero resta conocer información clínica necesaria para establecer si deberá recibir tratamientos adicionales. Los médicos tendrán una intervención decisiva sobre la agenda de un hombre que, desde su elección en mayo de 2025, había desarrollado una intensa actividad y proyectaba una gira de doce días por Uruguay, Argentina y Perú. Son trece vuelos los previstos por Sudamérica, una exigencia física y mental que deberá tener una autorización médica rigurosa.
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La decisión de someterse a la cirugía ofrece una aproximación a su manera de afrontar la enfermedad. El domingo 11 de octubre, durante el Ángelus en la plaza de San Pedro, el propio León XIV informó que los médicos habían detectado un nódulo pulmonar en una etapa temprana. Explicó que los especialistas consideraban conveniente intervenir y que había aceptado esa recomendación. “Por eso, siguiendo sus consejos, he decidido operarme para removerlo”, afirmó ante los fieles.
La disposición de León XIV ante la enfermedad y el contraste con Francisco
La expresión contiene un rasgo que sus interlocutores destacan especialmente: la disposición a reconocer los conocimientos de los profesionales y aceptar las decisiones que corresponden al tratamiento de su salud. Prevost es definido en esas conversaciones como un paciente disciplinado, previsor y consciente de las experiencias familiares que atravesaron su vida. Su confianza en la medicina convive con su fe religiosa y con una percepción de la vida en la que la enfermedad y la muerte forman parte de la condición humana. Para quienes siguen de cerca su recuperación, esa disciplina constituye una característica que puede resultar determinante a la hora de decidir si está en condiciones de viajar a Sudamérica.
La diferencia con Francisco surgió en la prensa italiana después de la internación. Durante los últimos años de Jorge Bergoglio, sus médicos debieron negociar en numerosas oportunidades las recomendaciones de reposo y las limitaciones que imponían sus problemas respiratorios. El Pontífice argentino mantenía una relación exigente con los profesionales y procuraba conservar, dentro de sus posibilidades, la actividad pastoral. Esa disposición formaba parte de su personalidad y había generado dificultades incluso cuando los especialistas consideraban necesario reducir sus compromisos públicos.
El propio Francisco había reconocido esa característica en conversaciones con el periodista y médico argentino Nelson Castro, autor de un libro sobre la salud de los papas. Bergoglio relató algunas experiencias médicas y las dificultades que había tenido para aceptar determinadas indicaciones. La relación entre sus convicciones personales, su voluntad de mantener la actividad y las recomendaciones de los profesionales apareció en distintas etapas de su pontificado.
En otras oportunidades, sus médicos debieron insistir para que aceptara períodos prolongados de recuperación. Durante su última internación en el Gemelli, entre febrero y marzo de 2025, el equipo encabezado por Sergio Alfieri enfrentó episodios respiratorios de extrema gravedad. Francisco aceptó los tratamientos y las intervenciones necesarias, aunque su deseo de retomar las actividades continuó presente hasta los últimos días de su vida.
La comparación entre ambos pontífices refleja dos estilos personales. Bergoglio solía discutir los límites que le imponían los médicos y evaluar las recomendaciones en función de sus obligaciones pastorales. Prevost, por lo que mostró hasta ahora, parece inclinarse por una relación más disciplinada con los especialistas. Esa diferencia adquiere importancia ante una cirugía que exige rehabilitación respiratoria y controles posteriores.
En el caso de León XIV existe, además, una historia familiar que ayuda a comprender su familiaridad con las enfermedades oncológicas, aunque resulta imposible establecer hasta qué punto esos antecedentes influyeron personalmente en su decisión de operarse.
Su madre, Mildred Agnes Martínez, falleció en 1990, a los 78 años, después de atravesar un cáncer que la obligó a someterse a distintos tratamientos. Según reconstrucciones biográficas publicadas en los últimos días, recibió terapias experimentales que le permitieron prolongar su vida varios años más de lo que inicialmente habían estimado los profesionales. Robert Prevost, que entonces desarrollaba su misión religiosa en Perú, viajaba para acompañarla durante la enfermedad.
Su padre, Louis Marius Prevost, murió en 1997, a los 77 años, después de padecer cáncer de colon y problemas cardíacos. Para entonces, el futuro Pontífice ya había conocido de cerca las consecuencias de las enfermedades graves en ambos padres: los tratamientos, la incertidumbre sobre la evolución y el acompañamiento familiar.
Esa experiencia continúa presente en la vida de su hermano mayor, Louis Prevost, que enfrenta un mieloma múltiple diagnosticado en 2017. La enfermedad afecta a las células plasmáticas de la médula ósea y requirió tratamientos especializados. En 2019 recibió un tratamiento con células madre y participó de un ensayo clínico. Después de atravesar un período de remisión, sufrió una recaída durante los últimos meses, según informó su esposa, Deborah.
Las enfermedades de los integrantes de la familia presentan características diferentes y esos antecedentes, por sí solos, no permiten establecer ninguna causa genética específica del cáncer pulmonar del Pontífice. Pero conforman una trayectoria personal en la que Robert Prevost convivió durante décadas con el sufrimiento, los tratamientos y la incertidumbre que acompaña a un diagnóstico oncológico.
Cuando llegó su propio turno, eligió seguir las indicaciones médicas. La operación del martes 13 de octubre estuvo a cargo de un equipo encabezado por el cirujano torácico Stefano Margaritora, con la participación de Luigi Carbone, médico personal del Papa. La intervención duró aproximadamente una hora y media y permitió extirpar el lóbulo inferior del pulmón derecho mediante una técnica asistida por video.
Los estudios realizados durante el procedimiento confirmaron que el nódulo correspondía a un adenocarcinoma pulmonar. Los médicos informaron que la operación se había desarrollado sin complicaciones y que el tejido afectado había sido extirpado.
La recuperación inicial siguió los parámetros previstos. Ayer, los análisis de sangre y una radiografía de tórax mostraron una evolución posoperatoria normal. León XIV comenzó a caminar, retomó su alimentación y realizó ejercicios de fisioterapia respiratoria. Hoy, el Vaticano informó que había pasado bien la noche, se había levantado y había desayunado.
Esas señales permiten describir una evolución favorable, aunque todavía quedan interrogantes sobre el alcance completo del diagnóstico. La información oficial difundida hasta ahora resulta insuficiente para establecer con precisión el estadio del cáncer, el eventual compromiso de ganglios y la necesidad de tratamientos complementarios.
Los resultados definitivos de los estudios anatomopatológicos serán fundamentales para orientar las próximas decisiones. También permitirán evaluar las condiciones en que León XIV podría afrontar una actividad internacional intensa, con desplazamientos prolongados, ceremonias multitudinarias y numerosas intervenciones públicas.
La situación clínica tiene una dimensión que excede las cuestiones médicas. El hombre que dirige la Iglesia Católica y ejerce una de las mayores autoridades religiosas del mundo atraviesa ahora una experiencia que lo coloca frente a los límites de su propia condición humana. Y es precisamente allí donde su formación agustiniana adquiere un significado particular.
Robert Prevost pertenece y condujo la Orden de San Agustín y ha reivindicado en numerosas oportunidades esa identidad. Su formación religiosa e intelectual se encuentra profundamente vinculada con la obra del filósofo y teólogo del siglo IV, especialmente con su reflexión sobre la vida, la temporalidad y la relación entre la existencia humana y la eternidad.
En conversaciones desarrolladas dentro del Vaticano, la serenidad del Pontífice frente a su enfermedad es interpretada a partir de una referencia al concepto de distentio animi, que San Agustín desarrolló en el libro XI de sus Confesiones.
El concepto constituye una de las reflexiones más importantes de la filosofía occidental sobre la naturaleza del tiempo. Agustín se pregunta cómo puede existir el pasado, que ya ocurrió, y cómo puede hablarse del futuro, que todavía no llegó. También se interroga sobre el presente, cuya duración parece desaparecer en el mismo instante en que se intenta comprenderla.
Su respuesta consiste en trasladar la experiencia del tiempo a la conciencia humana. El pasado permanece mediante la memoria; el presente se experimenta a través de la atención; y el futuro existe para el ser humano como expectativa. Las tres dimensiones forman parte de una experiencia interior en la que la conciencia recuerda, atiende y espera.
En el capítulo 28 de las Confesiones, Agustín explica que la mente humana conserva lo vivido, permanece atenta a lo que sucede y proyecta aquello que todavía desconoce. La expresión distentio animi describe esa extensión o distensión del alma a través del tiempo.
La reflexión ofrece una perspectiva para comprender las circunstancias de León XIV. Su pasado contiene la experiencia de sus padres y la enfermedad de su hermano. Su presente está marcado por la operación, la recuperación y las indicaciones médicas. Su futuro reúne interrogantes sobre la evolución del cáncer, las posibilidades de continuar con la agenda prevista y las decisiones que deberá adoptar durante los próximos meses.
Desde la tradición agustiniana, la incertidumbre sobre lo que vendrá forma parte de la vida humana. El futuro permanece abierto y ninguna persona puede dominarlo por completo. La confianza religiosa introduce frente a esa condición una actitud de aceptación y esperanza, que encuentra su fundamento en la relación con Dios.
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