Luego de un diciembre marcado por precipitaciones extraordinarias que provocaron inundaciones en distintos puntos del noreste argentino, el ingeniero Hugo Rohrmann, especialista en recursos hídricos, explicó qué factores incidieron en este comportamiento atípico, por qué se produjeron desbordes urbanos y rurales y cuáles son las perspectivas climáticas para el verano de 2026.
En diálogo con Radio Facundo Quiroga, el profesional señaló que, tras el exceso hídrico registrado en la región, los pronósticos indican precipitaciones normales para los próximos meses, aunque subrayó que la variabilidad sigue siendo una característica estructural del clima chaqueño.
Durante la entrevista, Rohrmann analizó el contraste entre los últimos años de sequía y bajante histórica del río Paraná y el escenario actual de lluvias intensas. Al respecto, remarcó que diciembre presentó un comportamiento fuera de lo previsto por los modelos estacionales. “Durante diciembre está claro que prácticamente quince días llovió demasiado, demasiado mucho, en general sobre el Gran Resistencia, Gran Corrientes, el sector este y sur de la provincia, cosa que no estaba dentro de las perspectivas trimestrales”, afirmó.
Por encima del promedio
El ingeniero explicó que, a comienzos de diciembre, el Servicio Meteorológico Nacional había anticipado precipitaciones por debajo de lo normal para la Mesopotamia y el este del Chaco. Sin embargo, el balance mensual arrojó registros muy superiores al promedio histórico. “Lo normal para diciembre es entre 150 y 170 milímetros, y cuando uno hace el balance a fin de mes llovió dos o tres veces más que ese promedio”, sostuvo. En ese sentido, consideró que la herramienta de perspectiva trimestral “evidentemente para nuestra región no tuvo ninguna precisión”.
Rohrmann aclaró que el error no se dio en los pronósticos de corto plazo, sino en las estimaciones estacionales que orientan decisiones productivas. “Son dos herramientas distintas: una es el pronóstico a pocas horas o pocos días, que sí acertó cuando avisó que iba a llover mucho tal día o tal otro; y la otra es la perspectiva trimestral, que sigue especialmente el sector agropecuario para decidir inversiones”, explicó. Según indicó, fue esta segunda herramienta la que falló en diciembre.
El especialista detalló que las intensas precipitaciones, concentradas en cortos períodos de tiempo, generaron inundaciones inevitables en áreas urbanas. “Cuando suceden hechos de más de 100 o 200 milímetros en pocas horas, en ciudades como el Gran Resistencia o Corrientes, aparecen inundaciones porque el sistema de canalización no está diseñado para esas grandes precipitaciones”, señaló.
A ello se sumó la persistencia de lluvias diarias, que saturaron los suelos y agravaron la situación.
En ese contexto, Rohrmann explicó el comportamiento del suelo urbano frente a lluvias continuas. “El suelo, que en líneas generales ayuda a infiltrar agua y poner menos agua en la calle, ya se comporta igual que un techo o un pavimento. Por lo tanto, todo lo que llueve cae en la ciudad y aparecen los problemas lógicos del drenaje urbano”, indicó. Como ejemplo, mencionó que una lluvia de apenas 40 milímetros, luego de varios días de precipitaciones, bastó para que la ciudad volviera a inundarse.
El ingeniero subrayó que estos eventos no son inéditos en la historia climática de la región. “Si uno mira la estadística de precipitaciones en Resistencia, aparecen valores de 400 o 500 milímetros en un mes que no son raros”, recordó, y citó antecedentes recientes como enero de 2019 y noviembre de 2009, cuando se registraron situaciones similares. “Cuando suceden, aparecen estos problemas que vimos claramente”, añadió.
Lluvias y producción
En cuanto al impacto en el sector productivo, Rohrmann diferenció los efectos sobre la ganadería y la agricultura. “A las áreas ganaderas les gusta que llueva y que llueva bastante, porque genera aguadas y pasturas, lo que ayuda mucho al sector”, explicó. No obstante, aclaró que cuando se producen grandes inundaciones, también surgen complicaciones.
Para la agricultura, en cambio, el exceso hídrico suele ser más problemático. “El desarrollo de cada cultivo necesita que las lluvias sean justas y acompañen el requerimiento, especialmente en esta época de altas temperaturas”, afirmó. Según explicó, precipitaciones por encima de los 100 o 200 milímetros en un mes generan condiciones negativas para los cultivos, en particular en zonas llanas como el sudoeste del Chaco.
Rohrmann describió las limitaciones naturales de esa región. “No tenemos ríos ni arroyos que drenen rápidamente el exceso de agua. Entonces, la inundación se mantiene hasta que aparece el sol y se produce la evaporación necesaria para restablecer el equilibrio”, señaló. En ese marco, advirtió que, si bien la temporada de lluvias comenzó de manera favorable para algunos cultivos, los excesos pueden derivar en pérdidas.“El período lluvioso, que arranca en octubre y termina en abril, empezó bien en septiembre y octubre, con precipitaciones que dieron pie a buenas cosechas de trigo o al desarrollo del girasol”, explicó. Sin embargo, advirtió que “si hay demasiada lluvia cuando el cultivo está listo para cosechar, no se puede entrar al lote y eso también genera pérdidas”.
El ingeniero definió el comportamiento climático del noreste argentino como una “lotería”, marcada por una alta variabilidad. “En la Pampa Húmeda, el clima acompaña bastante bien los requerimientos de la mayoría de los cultivos. En cambio, en nuestra zona es cincuenta y cincuenta: puede caer para un lado o para el otro, y eso no es positivo”, analizó.
De cara a los próximos meses, Rohrmann llevó tranquilidad al señalar que las perspectivas indican un retorno a valores normales de precipitación. “Los servicios meteorológicos de Argentina y Brasil coinciden en que, para el noreste del país y el sur de Brasil, las precipitaciones van a ser normales”, afirmó. Detalló que esto implica registros cercanos a los promedios históricos: unos 170 milímetros en enero y febrero, y valores algo mayores en marzo.
No obstante, aclaró que la normalidad no excluye la posibilidad de eventos intensos y aislados. “Eso no quiere decir que no pueda haber algún evento muy localizado”, advirtió. En ese sentido, recordó que la región suele experimentar lluvias intensas en cortos períodos, lo que puede generar anegamientos temporarios aun dentro de un escenario general normal.
No es la niña
Al analizar las causas del exceso de lluvias de diciembre, Rohrmann explicó que no se trató de un fenómeno asociado a El Niño, sino a otros factores atmosféricos. “Hay una Niña débil en el océano Pacífico, que no aporta gran cantidad de humedad”, señaló. En cambio, indicó que el principal aporte provino del océano Atlántico, un factor menos visible en el discurso climático habitual. “El mayor aportante de humedad fue el Atlántico, que no tiene tanta prensa como El Niño o La Niña”, explicó. Según detalló, un sistema de baja presión instalado en el sur de Brasil durante la última quincena de diciembre favoreció el ingreso de masas de aire cálidas y húmedas, lo que derivó en precipitaciones de entre 300 y 400 milímetros en la región.
El ingeniero indicó que ese sistema ya se retiró y que, por ese motivo, se espera una normalización de las condiciones climáticas. “Ahora es estimable que el tiempo se normalice a lo que uno podría llamar el promedio histórico de lluvia del noreste argentino”, sostuvo.
Finalmente, Rohrmann remarcó la importancia de comprender la dinám ica climática regional y de fortalecer la planificación urbana y productiva frente a escenarios extremos. Si bien destacó que las lluvias recientes trajeron alivio tras años de sequía, advirtió que la recurrencia de eventos intensos exige repensar los sistemas de drenaje y las estrategias de manejo del agua. Así, tras un diciembre excepcional por su volumen de precipi taciones, el panorama hacia el verano de 2026 aparece signado por una mayor estabilidad, aunque con la advertencia de siempre: en el noreste argentino, la variabilidad climática continúa siendo la regla y no la excepción.

